2 Deseos para Año Nuevo 2

Amanece en el último día del 2016, pero ni la transición de la obscuridad a la luz es capaz de cambiar la imagen que percibo hasta con los ojos cerrados.

El domingo planeo acompañar a dos jóvenes toreros a una nueva cita con la ilusión en una plaza de toros, pero hoy está conmigo una imagen nítida que encuentro mil y más veces sin buscarla y que, en un solo cuadro de mi pretendido pensar, integra la tragedia de la desesperanza y la obligación de transformar lo necesario para recobrar el ánimo o la espera optimista del mañana.

Algunos nos decimos “taurinos” por el solo hecho de compartir la afición al ritual de la tauromaquia, etiqueta tan superficial como la de decirse “mexicanos” únicamente por haber nacido en el territorio nacional.

Taurino de verdad es quien contribuye con sus acciones a preservar y mejorar la liturgia en torno al toro de lidia.

Mexicano de verdad es quien aporta hechos para defender a su Patria y regenerar el sistema que la lesiona.

Por supuesto que de ninguna manera pretendo equiparar lo taurino con lo patriótico.

Amo el mundo del toro, pero sobre todo venero a mi Patria, sagrado concepto que integra la diversidad de quienes somos sus hijos, en la unidad de un territorio, una historia, una cultura, una enseña, un anhelo de bienestar.

Abordo, sí, ambas entidades a propósito de los tiempos de retos que viven.

Y es que cerrando los ojos o volteando la cabeza en sentido contrario al curso de ellas, me persigue la imagen de una juventud con esperanzas decrecientes, producto de un medio en el cual la mezquindad de algunos amenaza el futuro de todos.

La ausencia de una política de renovación y refresco en la fiesta brava, demostrada al menos en acontecimientos como la primera mitad de la temporada grande en la Plaza México, al igual que en hechos como la falta de visión de futuro en algunas empresas, que parecen más pasatiempos que organizaciones en búsqueda de crecimiento, son algunos de los factores que bloquean el camino hacia la legítima búsqueda de ilusiones en nuestros jóvenes en el medio del toro.

Así, esta madrugada observo, por ejemplo, que en el México agraviado por la simulación y el lucro de particulares con la propiedad colectiva, la fiesta de toros presentó en el año a punto de concluir menos festejos y mantuvo la gravísima tendencia de dar más corridas de toros que novilladas.

Evidentemente, ambos casos traen consigo la reducción de oportunidades para los jóvenes toreros y el aumento de desconfianza en el futuro que les aguarda.

Por ello, este último día del año, justo cuando ni la realidad de las culpas propias, ni los deseos de congelar el tiempo para evitar expiarlas, detienen la expectativa de un nuevo amanecer, cabe externar un par de deseos fundamentales para continuar el viaje alrededor del sol.

Uno, es siempre actuar pensando que existe una juventud que transita atrás de nosotros, en un camino donde también aspira encontrar oportunidades, vivir placeres, disfrutar sentires y alcanzar logros.

Otro, es acompañar esa ineludible responsabilidad con acciones comprometidas con el cambio que garantice a los jóvenes su derecho a recorrer con esperanza la vereda de la vida.

Recordemos que las esperanzas nutren, los sueños motivan, las frustraciones duelen, los amores impulsan, los triunfos elevan y los fracasos enseñan. Pero los compromisos, ¿existen?

La esperada llegada de tiempos mejores da vida a los seres humanos, aun antes que el oxígeno.

Los más grandes anhelos no aseguran el arribo de las más grandes realidades, pero permiten buscarlas en grande.

Los desengaños parten un alma y los amores unen a dos.

Las victorias crean la ilusión de ser distinto, mientras que las derrotas confirman la realidad de ser igual.

Sin embargo, los compromisos producen transformaciones.

Por quienes acompañaré mañana a la reunión que celebrarán en el ruedo con sus sueños de grandeza, ansias de amar y encuentros con los claroscuros de la vida, van por delante esos deseos de Año Nuevo.

Sin duda vivimos, dentro y fuera del ruedo, tiempos de renovar compromisos y decidir acciones de las que dependerá renunciar al alimento principal de la vida o asegurar éste.

Es momento, claro, de luchar por el derecho a la esperanza.

riverayasociados@hotmail.com

 

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