Cornadas de la vida

La pantalla en blanco de la computadora y la mente en negro del seudoescritor. Combinación poco recomendable para fines estéticos, pero efectiva para ilustrar los de este espacio.

El continuo diálogo de la conciencia que de vez en cuando lo visita y sus afanes taurinos, presentes.

– El fondo de este documento lo conoces bien, mas permíteme dejarlo para siempre. Así, tal vez, en mil años más empecemos a entendernos.

– ¿Qué te pasa?, me preguntas y pregunto una y otra vez, aunque sea en silencio, por tu reiterada petición para vedar los cuestionamientos.

Pues, va de nuevo esta oportunidad para confirmar que la excepcionalidad de los toros y la cotidianidad de la vida humana van de la mano.

Para los lidiadores de toros y otros sueños hay algo mucho más doloroso que una herida en el cuerpo. Esas son las cornadas que llegan al alma.

¿Existen situaciones que más lastimen al espíritu que los extremos del desprecio a la entrega total de uno o el abandono de la lucha, por miedo o comodidad, del otro al que se quiso dar?

– Bueno, déjame tratar de explicármelo primero a mí:

Sobre la fiesta brava hay quienes dicen que es anacrónica o está en vías de desaparición.

Sin embargo, pocas cosas existen tan vigentes y vivas como lo atávico inherente al ser humano. La fiesta de toros podrá estar amenazada por la descomposición del medio que la envuelve, mas su fondo resulta inseparable en muchos hombres.

Y es que ser torero es mucho más que enfrentarse al toro. Es, fundamentalmente, plantarse ante lo impredecible de la existencia para citar los retos de frente, entregar en ello el alma, hacer de este ejercicio una comunión permanente de sentimientos y entender que es la intensidad de la vida, no la duración de ésta, la que finalmente imprime la huella del hombre en su paso por la tierra.

A la existencia también se le lidia y a ella hay que pararle, templarle y mandarle siendo como se es y con pasión eterna de enamorado, parafraseando al Pasmo de Triana.

Pretender ser figura del toreo o humano que deja huella, de inicio y sobre cualquier otra cosa, exige decidir si se está dispuesto a abandonar el cuerpo, citar con el espíritu y optar por el ascenso a la gloria antes que por la existencia terrena.

Sin pasión no hay ni vida ni faena inolvidable.

En las mujeres y hombres conscientes de su naturaleza finita, la presencia intangible y continua de la muerte como tal o disfrazada de fracaso, personaje en cualquiera de esas manifestaciones siempre presente en la fiesta brava, da mayor valor a su tangible y efímera vida cuando son capaces de desafiar retos, aunque mueran o fracasen en ese intento.

La suerte es circunstancia de la existencia, mientras que disfrutar las oportunidades que ésta presenta es resultado de la voluntad y valor propios.

A propósito de estos desvaríos, cito nuevamente las letras que intenté ordenar durante 15 días seguidos, previos al reto taurino de uno de mis corazones, pero que podrían aplicarse a otras faenas de la vida.

– Sin duda, admítelo, son 15 medicinas para desafiar y soportar las cornadas en el alma.

I
La ilusión y el miedo van de la mano. Son compañeros de los más grandes y valientes, porque soñar puedes volar implica admitir puedes caer.

II
Entregarse a lo que se ama es suprema muestra de valor, pues abre el pecho para que vuele el alma que quizá no encuentre cuerpo al retornar.

III
La esperanza que ignora razón y temor, en unos es “locura”; en otros, los predestinados, es “ilusión”. Esperar certezas para actuar u obedecer al miedo, aleja sueños; mantener anhelos aun cuando las circunstancias quieren hacerlos huir, permite alcanzarlos.

IV
Valiente es quien deja de buscar conductores ajenos de su destino y asume la responsabilidad de trazar su propia ruta de placer o dolor.

V
A toro y mujer ve a los ojos, para atender sólo su invitación a la gloria e ignorar sus armas que amenazan con el infierno.

VI
Hasta que por tus venas corra sólo ilusión, tus pulmones se hinchen sólo de esperanza y tus ojos vean sólo luz de retos, sabrás que vives.

VII
Ver tras la lucha por el ideal a las heridas como medallas, nunca como huellas de dolor, distingue al guerrero inmortal del cobarde anónimo.

VIII
“Tú no tienes miedo; lo que pasa es que estás profundamente emocionado”, en cuadrillas con Pedro Vega, amigo y aficionado práctico, siempre.

IX
Vive intensamente, que nada será el dolor de la partida, contra el dolor causado por la entrega retenida.

X
Bendice al miedo que oprime tu corazón, pues es la maravillosa oportunidad de imponerle a tu cuerpo la decisión de tu alma.

XI
Entregarse a lo que ama es lo que más hace parecido al hombre con Dios, pues le lleva a vivir en los demás y hasta alcanzar la inmortalidad.

XII
La vida adquiere pleno sentido cuando más que cuidarla el hombre decide disfrutarla.

XIII
Ni el mayor conocimiento ni la más vasta experiencia podrán suplir al corazón que ante el reto crece y al alma que ante el desafío goza.

XIV
El camino hacia la victoria empieza cuando el hombre acepta desafiarse. El primer paso para triunfar es creerse capaz de hacerlo.

XV
Placer reservado para seres superiores, es disfrutar y vencer el bendito miedo que dimensiona su triunfo sobre ellos mismos y sus retos.

– ¿Te sientes mejor?

– No, pero ya quiero reaparecer.

riverayasociados@hotmail.com

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