¡Habemus Presidenta!

Con la novedad de que tenemos Presidenta. Al menos en la ficción una mujer ya salió al balcón presidencial enfundada en la banda tricolor. Así nos lo hizo saber “La Candidata” en su desenlace de dominguito sagrado.
Cómo andaremos que hasta en la ficción política “la caballada está flaca”, pues poco le importó a la producción de Giselle González y a sus escritores de cabecera que Regina Bárcenas (Sylvia Navarro), se auto declarara “estúpida” por no ver más allá de sus devaneos amorosos con Gerardo Martínez (Víctor González) ni que fuera tan “estúpidamente correcta”, como le llamó el mafioso Escalante (Arturo Ríos, otro que sacó la melcocha hacia la candidata manifestándole su gran amor), a tal grado que no se percató de dónde provenían los fondos para su campaña presidencial.
Y si bien la gran apuesta de Televisa ya sentó precedentes (adiós a  las bodas y a los rellenos, asesinan al enamorado de la protagonista e incluyen por vez primera en la historia en la telera nuestra de cada día, un final feliz con gemido de por medio en una relación homosexual), “La Candidata” también mostró sus carencias en las secuencias de acción, los clichés y estereotipos que provocaron la caída paulatina del rating de la novela estelar en Las Estrellas.
“Cumplí mi promesa amor, llegué. Dame fuerzas para seguir”, clama desde su interior la virtual y empoderada Presidenta antes de asomarse al balcón presidencial, recordando a su amado asesinado por “narcos” que todo lo dominan, en un México de caricatura novelada, tan lejos de la realidad virtual que priva y se avecina en 2018.
Porque los paterfamilias en la política, al menos en “La Candidata”, son los villanos reventones, los “padrotes” que todo lo pueden, desde tener amantes, hijos regados (la pobre de Cecilia –Susana González, de las actrices mejor libradas- es reconocida con el apellido paterno de Aguilar hasta que su padre queda cuadrapléjico, sólo para cortarse las venas en la bañera y morir lánguidamente; ser los dictadores que ponen las reglas del juego en sus “hogares” y llenarse las manos de poder para castigar a quien se les pone enfrente.
Los tres dictadorzuelos paternos (Alonso –Rafael Sánchez Navarro-, Mario –Juan Carlos Barreto- y Omar –Patricio Castillo- reciben su merecido. El primero queda eliminado de la contienda, sólo para viajar en jet de su narco de cabecera y con féminas que lo acompañan, pero con la promesa de que “regresará” lo que augura una secuela; el segundo fue tan tonto que no se suicidó bien y quedó como un “vegetal”, a decir de sus enemigos, mientras que el último fue muriendo poco a poco, pero sin sufrir por todo el daño que repartió a diestra y siniestra, en especial a su esposa (Helena Rojo, quien de plano se encamó con su guarura 30 años menor que ella) y de su amante Mirna (Michelle González), otra de las jóvenes actrices que se la rifó en escenas complicadas, en especial de una violación tumultuaria, que resultó fuera de lugar para el horario.
Y es que no queda duda que hoy más que nunca el Dios Rating presiona en el tiempo aire a las y los productores en la telera. Eso le ocurrió a esta candidata que en las dos últimas semanas tuvo su rosario de Amozoc donde todo, absolutamente todo, le debía pasar: su madre alcohólica y maltratada (Luz María Jerez) es golpeada, su hijo Emiliano le sale con su domingo siete embarazando a la hija de su amado, y su marido amenaza con exhibir un video sexual con su amante y rival político de su consorte.
Destacaron las actuaciones de Susana González, Adalberto Parra (Mauro Olvera), Arturo Ríos, Aleyda Gallardo (Nieves), Verónica Langer (Magda) y la misma Sylvia Navarro; en contraste quedaron a deber Ari Telch, Fernanda Borches, Federico Ayón, Karla Farfán y Nailea Norvind, encasillada una y otra vez.
Ver para creer. Telévoros: ¡Uníos!

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