FINAL CON PASE AUTOMÁTICO…
Extraordinaria bendición la de acceder a la gran final con pase automático sin haber pisado terrenos de semifinales…
Esto lo menciono por la Máquina Cementera que caminando, trotando y ¡bueno! casi de rodillas, logró colarse hasta la gran final del futbol mexicano “sin hacer el mínimo esfuerzo”; ¿qué Santos le habrán hecho el milagrito?
Dicen que el fin justifica los medios y el triunfo no necesita de explicación alguna; quizá esa sea la mejor cara de presentación de los celestes después de eliminar a los del norte y aunque fue un resultado favorecido por varios factores como: un autogol, la “mano de Dios” de Javier Orozco, travesaños a favor, lesiones de Juan Pablo Rodríguez, ausencia de Oribe Peralta, inoperancia e inexperiencia del técnico santista, locura de Felipe Baloy, expulsiones, etc., sabemos que el futbol en su interior es la combinación de aciertos y errores. En ese sentido y dejando a un lado los pretextos y excusas, los de La Noria aprovecharon la displicencia del rival.
Este resultado genera entre directiva, cuerpo técnico, jugadores y afición azul la esperanza de ahora sí romper ese maleficio de más de 15 años de no levantar un título de a de veras.
No pretendo devaluar, demeritar y depreciar el gran trabajo de los hombres de Guillermo Vázquez en los últimos 37 días, por el contrario, pretendo encontrar a alguien y que me explique dónde carajos se encontraban los “Guerreros de la Comarca” entre el 16 y 19 de mayo, pues jamás aparecieron. Ese: apretar, aflojar, consentir, fallar y poco exigir, te digo Juan para que entiendas Pedro, dejaron más vivo que nunca al Cruz Azul. Y ¡claro!, el tiempo se encargará de juzgar por mucho al portugués Caixinha, por no haber evitado ese penoso y ridículo desempeño de casi todos sus elementos durante los 186 minutos que duró esa pantomima, esa imitación, ese remedo, parodia, mímica y caricatura del verdadero Torreón, campeón en 5 ocasiones del futbol azteca.
Pero no todo es malo, esa mimesis color sepia escenificada en ambos duelos (ida y vuelta) en la eliminatoria conocida también como antesala de la gran gala, dio paso a un suceso casi glorioso e insigne, pues gracias a los Santos sucedió el portento y ahora, los amantes del juego del hombre, como lo dijera mil y una veces Don Ángel Fernández (Q.E.P.D), nos estamos relamiendo los bigotes, comiendo las uñas y aguardando con ansias un colofón de alto calibre, de mucha pólvora y dinamita, casi de ensueño y de incalculable tamaño como siempre lo ha sido el clásico joven entre América y Cruz Azul.
No sólo está en juego el título de la Liga MX, también está de por medio la honorabilidad, el pundonor, el orgullo, la vergüenza, la respetabilidad, la dignidad, la honra, el decoro y me atrevo a decir que hasta la integridad, pues no sólo es una guerra futbolística, es una batalla citadina donde cientos, miles y millones de aficionados se juegan por mucho la reputación y el privilegio; ¡ya encaminados hasta la hombría!
En esta clase de finales aparece la calidad individual, el convencimiento colectivo de los objetivos inmediatos y sobre todo el amor propio y el corazón para disputar cada balón con todo.
Es una final muy pareja, ambos clubes llegan embalados, pulidos, afilados y engrasados… los dos presumen de buen futbol y cohesión en cada una de sus líneas. Además, llegan fortalecidos y motivados por sus seguidores, que han dado rienda suelta a sus emociones y ambos presumen de gran comunión.
No es una final muy frecuente en el futbol mexicano. La primera ocasión fue en la temporada 71/72, marcando el principio de lo que sería la mejor época para los celestes. Este partido fue dominado en su totalidad por los cementeros y golearon a los azulcremas por 4-1, logrando su tercer título, el segundo de manera consecutiva. Gracias a esta victoria, inició el denominado “Clásico Joven”.
La revancha es dulce y llegó para los de Coapa pero tuvo que esperar hasta la campaña 88/89, en donde en el juego de ida vencieron 3-2 al Cruz Azul, y el de vuelta sellaron el título con un empate de 2-2 en el Azteca, siendo paradójicamente Carlos Hermosillo quien le diera el gol definitivo al América.
Es evidente que América no figura como primer candidato al título pues ahora son 17 contra 1, como siempre lo ha sido, pero ahora con mayor evidencia.
Cierto, ambos son capitalinos pero cada uno tiene su casa y sus propios familiares; pues ¡ahora resulta! Cruz Azul presume y pregona sentirse local en el Azteca… Están como los inquilinos que con el tiempo se sienten dueños del departamento que rentaron alguna vez.
En fin, ni América ni Cruz Azul han ganado nada, no sé quién duerma más tranquilo, lo que es seguro es que es buen momento todavía para soñar, ¡si quieren!, mientras no los despierte su propia realidad.
Me despido con una frase célebre del gran Muhammad Ali: “Para ser un gran campeón, tienes que creer que eres el mejor, si no lo eres, haz como si lo fueras”.
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