Ackerman vs Monreal; ¿y si pierde Trump?

John Mill Ackerman Rose está desesperado.

El esposo de Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, secretaria de la Función Pública, acusó con la pandilla de la 4T a Ricardo Monreal Avila, coordinador de los senadores de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), porque, dijo, traicionó a Andrés Manuel López Obrador al dar una entrevista a Carlos Loret de Mola.

El columnista y ex titular de noticiarios televisivos y radiofónicos, fundador de LATINUS -proyecto periodístico por internet, radicado en Estados Unidos- es enemigo acérrimo de Andrés Manuel, desde las campañas presidenciales de 2006 y 2012, cuando hasta se burlaba de él en cuanta oportunidad se le presentaba.

Hoy, Loret de Mola acusa al matrimonio de investigadores de la UNAM de haber adquirido en nueve años al menos seis inmuebles con un valor que ronda 60 millones de pesos o más.

Juan -John, pues- , nacido en Philadelphia, Pennsylvania, defensor de las auditorías y las declaraciones de todo el gabinete cuando se conoció la Casa Blanca de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera, hoy dice que no tiene por qué revelar el origen de su patrimonio.

Por eso quiere que destituyan a Monreal Avila como coordinador en Paseo de la Reforma, porque Loretito -como le llamó Jesús Seade, negociador de México en el T-MEC y hoy candidato a la Organización Mundial de Comercio (OMC)- lo entrevistó y el zacatecano lo elogió.

Pero, oh sorpresa, quien aconseja al oído al también articulista en diarios mexicanos, es… es… Martí Batres.

Sí, el del tupper -por aquello de la austeridad republicana-, quien no le perdona Monreal Avila haberlo tirado de la presidencia de la Mesa Directiva en el Senado, donde quería eternizarse.

El dardo envenenado de Juanito contra el colmilludo Monreal nomás no funcionó.

Alejandro Armenta, senador morenista, recomendó a Ackerman serenarse y evitar la división, porque, dijo, a nadie conviene un partido dividido en tribus, como en el casi extinto PRD, de donde surgió la mayoría de los morenistas.

Pero cuando estuvo a punto del infarto -heart attack, para que entienda- fue cuando se enteró del encuentro entre Monreal y Andrés Manuel ayer mismo en Palacio Nacional para hablar sobre las secuelas del Covid-19 y los avances en la actualización de las leyes ante la inminente entrada en vigor del T-MEC.

-Voy a seguir hablando con todos, voy a seguir reuniéndome con empresarios, con comunicadores de distintas ópticas y de distintas vertientes. Nosotros, como movimiento, debemos ocupar todos los espacios, en política los espacios vacíos se llenan, dijo Monreal en un video.

Tal parece que a mister Ackerman y al señor Batres, quien sueña con ver al de Zacatecas destruido, no les funcionó la estrategia.

 

Andrés, no debes ir, pero…

Hay ocasiones en que negarse a una invitación es imposible.

Así está Andrés Manuel López Obrador.

Sabe que no puede decir no a Donald Trump, quien lo quiere en Washington as soon as possible -tan pronto, como sea posible- para utilizarlo en la búsqueda de la reelección, que pasa, primero, por la recuperación de puntos, porque Joe Biden, del Partido Demócrata, lo ha rebasado.

Se lo dije en la columna de ayer, lo sé, pero lo reitero tras la confirmación de la visita de Andrés Manuel a Washington.

Esa visita es riesgosa, porque no se reunirá con Biden y, de ganar éste, la relación tendría ese punto negro que debería borrarse.

Y porque Trump es un patán y podría ser descortés con él.

– Es muy probable que vaya a Washington y me reúna con el presidente Trump y va a ser pronto.

Nada más estamos esperando para definir el carácter del encuentro.

Nosotros queremos que participe también el premier de Canadá (Justin Trudeau).

Quiero ir a agradecer el apoyo del presidente Trump al combate a la epidemia.

Y que la reunión se lleve a cabo con motivo de la entrada del tratado de libre comercio de Canadá, Estados Unidos y nuestro país, confirmó ayer el mero preciso en la mañanera.

Ebrard, como recordará, no quiso decir nada el martes.

Obvio, ya estaba hablado.

 

Entre seguridad, mañanera y cumpleañera

Ayer que se realizó en el Palacio del Ayuntamiento la reunión del gabinete de Seguridad, y, luego, la  mañanera presidencial, donde Claudia Sheinbaum -que cumplía 58 años- sí se puso el tapabocas -a diferencia de los gobernadores morenistas, que, parece, tienen miedo al jefe- por ahí se vio al ex delegado de Iztapalapa, Jesús Valencia, ahora como Jefe de Unidad de Estados y Regiones en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Coordina las mesas de seguridad en todo el país.

No interviene en la estrategia de seguridad. Sienta en una mesa a los representantes de los tres órdenes de gobierno, lo que, en estos tiempos, ya es un logro.

 

Vámonos:

Por el polvo, por el covid hay que estar en casa.

Por los sismos, hay que salir.

 

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