La renuncia de Adán Augusto como coordinador de Morena en el Senado cierra un ciclo de desgaste que llevaba casi un año acumulándose. Aunque era insostenible su permanencia como uno de los rostros más visibles del oficialismo en el Congreso, cayó parado.
LA DEBACLE
Esta comenzó cuando se hizo pública la orden de arresto contra Hernán Bermúdez Requena, su exsecretario de Seguridad cuando fue gobernador de Tabasco, en febrero de 2025.
Bermúdez fue señalado como líder de un grupo criminal vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación: La Barredora. A partir de ese momento, Adán Augusto pasó de ser un operador fundamental del obradorismo a convertirse en una carga política permanente.
Lejos de enfriarse el tema, los señalamientos se multiplicaron. Investigaciones periodísticas documentaron una red político-empresarial ligada a su entorno, contratos públicos canalizados a empresas creadas en notarías vinculadas a su familia, ingresos millonarios no reportados en sus declaraciones patrimoniales y auditorías que señalaban irregularidades durante su gestión como gobernador.
También surgieron referencias de vínculos de colaboradores cercanos con esquemas de huachicol fiscal.
Pese a todo, Adán Augusto resistió. Mantuvo la coordinación parlamentaria, conservó el respaldo de la mayoría de la bancada y nunca se anunció una investigación en su contra. El mensaje que mandaba Morena es que los escándalos no eran suficientes para moverlo del cargo.
¿PRESIÓN DESDE WASHINGTON?
El momento en que ocurre la renuncia es interesante, siendo francos. A lo largo de 2025, el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrentó una presión creciente de Estados Unidos para mostrar resultados en seguridad. Entregas masivas de capos, despliegue de fuerzas en la frontera norte, operativos contra el fentanilo y la cancelación de envíos de petróleo hacia Cuba forman parte de ese contexto.
En ese escenario, Adán Augusto era un problema. El Senado es la cara institucional de México en materia de relaciones exteriores. Tener al frente de la bancada mayoritaria a un político señalado por vínculos criminales debilitaba la narrativa de cooperación y control interno que Sheinbaum intenta sostener frente a Washington.
Durante meses circularon versiones en medios estadounidenses sobre exigencias de Trump para entregar políticos vinculados al crimen organizado. Nunca se comprobó que esas exigencias existieran de manera formal. Pero con la salida de Adán Augusto, esas versiones reaparecen.
SALIDA CON FUTURO
La renuncia no implica una caída total. Adán Augusto sigue siendo senador, conserva fuero, no enfrenta procesos judiciales y dejó como sucesor a Ignacio Mier, un aliado cercano. No hubo ruptura interna ni le dieron embajada como a Gertz Manero. Fue una salida pactada, sin costos personales inmediatos.
Es decir, era insostenible en ese puesto específico pero se mantiene dentro del juego político de Morena.
Al interior del partido, la renuncia también tiene otra lectura. Adán Augusto fue un opositor interno de Sheinbaum desde la contienda presidencial. Como coordinador, bloqueó o retrasó reformas como aquella contra el nepotismo electoral. Su salida fortalece a la Presidenta, pero no elimina su influencia.
Ahora dice que se dedicará a operar electoralmente rumbo a 2027 en la cuarta circunscripción. Ahí enfrentará a grupos poderosos, como los Batres o los Salgado Macedonio.
Además, nada de esto ocurre sin el visto bueno de Palenque. Así que la salida termina siendo un reacomodo político. Aunque eso también dice mucho de cómo Morena gestiona sus crisis internas.
EL DATO INCÓMODO
En sólo un mes, la deuda pública creció 508 mil millones de pesos, según Hacienda. El saldo pasó de 18.26 en noviembre a 18.77 billones en diciembre de 2025. Más deuda implica más intereses y menos recursos para salud, educación e inversión pública.



