AMLO debió vacunarse; la salud del presidente es tema de seguridad nacional y debe conocerse

La salud de un presidente es asunto de seguridad nacional.

Un tema de Estado.

Por eso Andrés Manuel López Obrador debió cuidarse.

Debió extremar precauciones.

Debió utilizar el cubrebocas.

Y debió vacunarse.

No lo hizo por estrategia -no por las críticas que habría recibido- y he aquí las consecuencias.

Un presidente más, contagiado de Covid-19, lo que se suma a la de por sí grave crisis que azota a México.

Era inevitable el contagio.

Lo sabía y aún así se arriesgó.

Dudar de su contagio, como ocurrió en redes sociales y hasta en comentarios de analistas políticos desde que se conoció la tarde del domingo, sólo abona a la polarización.

Pero no dar a conocer la información clara, precisa, también.

Hugo López-Gatell dijo ayer desde la sala, la recámara, la cocina o el estudio de su casa, donde está confinado por haber estado en contacto con Andrés Manuel, que no se dará a conocer ni un detalle de la salud de éste, porque se violenta su privacidad, a la que tiene derecho como cualquier ser humano.

Y sólo confirmó que presenta síntomas leves.

En otra situación no sería necesario, pero la polarización que él mismo ha provocado desde Palacio Nacional con su discurso reiterativo de ricos malos y corruptos y pobres buenos y honestos, debería ser motivo suficiente para que todos los días se informe sobre su salud.

Y que se muestren todos los análisis, los exámenes, las pruebas y el tratamiento a los que ha sido sometido.

Porque a nadie conviene que el presidente enferme.

Y a nadie conviene, tampoco, opacidad, poca transparencia en la información.

Ni las especulaciones, las burlas, el odio que circula en las redes sociales, donde hay dos bandos: los que le apoyan, que le son leales y que jamás reconocerán una falla, y quienes lo rechazan, que sólo esperan la menor pifia para lanzarse en una ofensiva virtual, pero tangible.

Pues si no hay nada que ocultar.

Y es derecho de todos los mexicanos conocer los por qué en la salud del Ejecutivo.

Es un asunto de Estado, reitero.

Y nadie puede ser mezquino y hasta celebrarlo, porque un eventual agravamiento en la salud de López Obrador o hasta un poco probable fallecimiento -por la atención médica que recibe; hasta un consultorio equipado fue instalado en Palacio Nacional, con un equipo de especialistas al frente- agudizaría la crisis.

Crisis económica, sanitaria, social y política.

Un presidente enfermo genera inestabilidad.

Especulaciones.

Por eso, insisto, no sólo debe hacerse pública toda la información del caso, sino hasta las pruebas a las que fue sometido, dónde, a qué hora y en qué momento.

Porque tuvo contacto con al menos una treintena de funcionarios y personajes que, la mayoría, no se atreven a utilizar cubrebocas, ya que como él no lo hace tienen miedo a desatar su ira.

Que no nos venga López-Gatell con el cuento de que se violenta su intimidad, porque, aunque ciertamente la tenga, es un personaje público y, como tal, está obligado a rendir cuentas.

Y su salud es, reitero, un asunto de interés público y de seguridad nacional.

Que se recupere pronto,  porque, independientemente de su mala estrategia, es un tema de salud y merece el apoyo de todos los mexicanos.

 

Que tuvo síntomas hasta la CDMX

Asegura el vocero Jesús Ramírez Cuevas -quien ayer reapareció, recuperado de su contagio de Covid y en buena condición para apoyar a Olga Sánchez Cordero en su debut al frente de la mañanera- que Andrés Manuel regresó de la gira dominical por San Luis Potosí sin síntomas y que fue hasta llegar a la CDMX cuando comenzaron, por lo que se hizo la prueba.

Porque el domingo se conoció que viajó en vuelo comercial de Aeroméxico, sabedor de que estaba contagiado.

Eso también debe ser esclarecido para acabar con las especulaciones.

De haberlo hecho sabedor de su contagio, sería una grave irresponsabilidad.

 

El miedo no anda en burro ¿o sí?

El patán Gerardo Fernández Noroña, izquierdista que gusta de los placeres y satisfactores de la derecha, se disculpó con la diputada del PAN, Adriana Dávila Fernández, de la que dijo: “Es más bocona que la chingada; hay que ponerle una chinga la próxima vez que abra la boca”.

El 21 de enero, el Trife ratificó la sanción del INE y le ordenó ofrecer una disculpa pública.

Los hechos sucedieron el 4 de octubre de 2019, en Tlaxcala, cuando el vividor del Partido del Trabajo (PT) -vive de su curul, como diputado, no sea usted mal pensado- dijo que Dávila Fernández está involucrada en la trata de personas.

Usé un lenguaje coloquial y me equivoque, dijo.

A Noroña el Trife le advirtió que si no se disculpaba podía ser incluido en la lista de quienes han ejercido violencia política de género y que le impedirían buscar la reelección.

Mordiéndose los… labios, se disculpó ayer.

 

Vámonos:

-Rata de dos patas…

Así les va a cantar Paquita la del Barrio a sus adversarios y antecesores.

Es precandidata a diputada local en Veracruz, por Movimiento Ciudadano.

 

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