AMLO podría batear de cuatro almohadillas

Andrés Manuel López Obrador parece haber dado ayer un batazo de cuatro almohadillas.

Con la reforma al sistema de pensiones, de aprobarse como está planteada, el tabasqueño será recordado por haber beneficiado a los trabajadores.

Insisto, de concretarse como parece por fuera.

Hay que esperar a leer las letras chiquitas y, entonces, confirmar el acierto o descubrir, ojalá no sea así, un yerro más.

Actualmente, los trabajadores que se retiran por el sistema de Afores (Administradoras de Fondos para el Retiro) a partir de 1997, se jubilan con 30 por ciento de su salario, lo que significa un ingreso mensual miserable, insuficiente para vivir.

En la reforma de 1997 se terminó con la pensión que prevé la Ley del IMSS de 1973, esa que garantizaba el ingreso al retirarse y que cubría el instituto de los recursos que genera por cuotas tanto de los patrones como del trabajador.

Y todo porque los gobiernos permitieron que el sindicato del Seguro Social abusara y obtuviera un contrato absolutamente ventajoso, que enviaba a los trabajadores a casa a una edad aún productiva y en condiciones que el resto de los asalariados en el país no tiene.

Eso provocó que las pensiones absorbieran la mayor parte del presupuesto, en detrimento del servicio a los afiliados.

En la de 1997 hay que sumar mil 250 semanas de cotización, mientras en la de 1973 sólo 500.

En ambas opciones, es posible hacerlo a partir de los 60 años de edad por cesantía, y así sucesivamente hasta los 65, o a partir de los 65 por vejez.

La reforma anunciada ayer prevé la disminución de las semanas requeridas hasta 750, el incremento de las aportaciones patronales de 5.5 a 13.87 por ciento, y, aquí lo mejor, el aumento de lo que se recibirá al momento de colgar los tenis -laboralmente hablando- de hasta 40 por ciento.

¡Ah, pero lo que suena más bonito y, por lo mismo, increíble!:

No se modificará la edad para poder retirarse ni lo que aporta el trabajador.

Por supuesto, no todo es rosa.

Actualmente, y por ley, los recursos de los trabajadores en las Afores pueden ser invertidos, mediante las Siefores, en obras de infraestructura, lo que -el gobierno lo niega, obvio- pone en riesgo el capital.

Ese fantasma de que haya una pérdida de fondos y que al trabajador al retirarse le digan que no hay billete, siempre ha existido.

Desde que agonizaba el sexenio del guapo Enrique Peña Nieto se aseguraba que vendría una reforma que incrementaría la edad de jubilación de 65 a 67 años, porque el pago de pensiones que cubre el gobierno es una bomba de tiempo.

¿El objetivo?

Sencillo: que el jubilado no cobre tantos años. Que se muera y no sea una carga de mínimo 12 años, tomando en cuenta el promedio de vida en México, que es de 80 años para las mujeres y de 77 para los hombres.

Así lo considera el gobierno. No lo digo yo.

Por eso entrar a trabajar a Petróleos Mexicanos (Pemex), Comisión Federal de Electricidad (CFE), Luz y Fuerza del Centro -desaparecida por Felipe Calderón Hinojosa y su golpeador Javier Lozano Gracia-, era, y es, el sueño de cualquiera:

Hay quienes -pese a que ya se reformó el sistema de pensiones en esas empresas del estado también- están jubilados desde los 45 años de edad y con ingresos –porque el contrato colectivo que los sindicatos, como el petrolero que dirigía Carlos Romero Deschamps, conseguía así lo estipulaba- de 120 o 130 por ciento de su salario al momento de irse.

Son pensiones que, de acuerdo con el cargo y salario, parten de entre 20 y 25 mil pesos mensuales, hasta lo que usted imagine.

Habrá que esperar a que en el Congreso comience a discutirse para conocer, insisto, los detalles.

Que sea real, por el bien de todos los trabajadores mexicanos.

Por el bien, según el proyecto, de al menos 20 millones de trabajadores.

 

Vámonos: Treinta millones de pesos después, el avión que no tenía ni Obama está en México.

 

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