Cambio de rumbo


El aniversario del triunfo electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador fue aprovechado para reafirmar el respaldo popular que la ciudadanía reflejó en las urnas, con los votos de más de 30 millones de mexicanos.
Los comicios del 2018 determinaron un cambio de rumbo para el país, tras 30 años de neoliberalismo, el cual empobreció a millones de mexicanos con una política económica extremadamente concentradora de la riqueza en unas cuantas manos.
Además floreció la corrupción en el manejo de todo el presupuesto y en la entrega de los recursos naturales del país a la oligarquía nacional y a la empresa privada extrajera.
Nadie duda hoy del viraje en el rumbo del nuevo gobierno, ya con siete meses de trascurrido, pero si existen dudas sobre la eficacia en el ejercicio gubernamental de parte de algunos sectores fundamentales para la vida nacional.
Buena parte de las dudas surgen de la crítica interesada de los grupos políticos y económicos afectados por los nuevos derroteros de la administración pública federal, pero también de una deficiente comunicación por parte de la Presidencia la Republica.
Fuera de las conferencias de prensa mañaneras del Presidente, que marcan la agenda nacional, no se percibe un política de comunicación definida para informar a la sociedad del por qué se deciden el sin número de acciones tomadas en estos siete meses, muy diferentes a lo que se veía antes.
El respaldo popular al nuevo régimen se mantiene arriba del 60 por ciento de la ciudanía, de acuerdo a las principales encuestas, empero la evaluación pudiera descender si no se explica de manera adecuada, eficiente y masiva de los beneficios para las mayorías de las nuevas políticas adoptadas en materia energética, laboral, de austeridad, entre otras.
La comunicación no puede ser olvidada ni omitida en la Cuarta Transformación.

SUSURROS
La inseguridad pública y los altos niveles de violencia que padece el país siguen siendo el principal reto para el gobierno y puede ser el talón de Aquiles en los esfuerzos transformadores y depuradores de la vida nacional.
El propio Ejecutivo Federal lo admitió en el gran festejo de su triunfo electoral, en el Zócalo de la Ciudad de México.
En la Guardia Nacional se centran todas las esperanzas para la pasificación del país, pero su nacimiento no ha estado libre de escoyos políticos y operativos.
Ayer mismo se registró una suerte de rebelión en las instalaciones de Iztapalapa, donde muchos elementos de la nueva corporación de seguridad pública exigieron respeto a sus derechos laborales, en medio de gritos y empujones que alcanzaron a la coordinadora de la guardia Rosalinda Trujillo.

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