Clara Brugada inaugura la Ciclovía Gran Tenochtitlan pese a oposición vecinal y críticas por reducir carriles

La jefa de Gobierno tras reconocer el rechazo de los capitalinos advirtió que continuará la construcción de 300 kilómetros más de ciclovías



Sin importarle al Gobierno de la Ciudad de México que la construcción de la Ciclovía Gran Tenochtitlan enfrentó oposición vecinal, resistencia de automovilistas y críticas por la reducción de carriles, lo que ha provocado mayor tránsito vial sobre Calzada de Tlalpan, Clara Brugada Molina inauguró la obra y sostuvo que el proyecto continuará.

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“La construcción de ciclovías no es fácil. Ha provocado muchas resistencias, pero esa es la lucha y esa es la transformación de mentalidad que queremos”, reconoció la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

A pesar de la inconformidad expresada por algunos vecinos y automovilistas, Clara Brugada Molina advirtió que su administración no dará marcha atrás al afirmar que “vamos a cumplir con los 300 kilómetros de ciclovías más para la Ciudad de México”.

Con ello, la jefa de Gobierno dejó claro que la Ciclovía Gran Tenochtitlan no será una obra aislada, sino el inicio de una política permanente para quitar espacio al automóvil y entregarlo a peatones y ciclistas.

Frente a colectivos ciclistas reunidos en el Zócalo, Brugada Molina defendió la obra como una ruptura con el modelo de ciudad construido para el automóvil y respondió directamente a quienes cuestionaron la reducción de espacio para los vehículos.

Por lo anterior, Brugada Molina afirmó que durante décadas la ciudad se diseñó exclusivamente para el automóvil y que, por ello, cualquier intento por redistribuir el espacio genera oposición.

“Usar la bicicleta es un acto profundamente revolucionario. En una ciudad que durante décadas se diseñó solo para el automóvil, subirse a una bicicleta representa una ruptura con ese modelo de ciudad-automóvil”, dijo.

Añadió que cada trayecto en bicicleta “es una manera de resistir la desigualdad en el uso del espacio público” y de construir una ciudad “más cercana, más humana, más justa”.

Las inconformidades por la obra se concentraron principalmente en la reducción de carriles para automóviles, el impacto en la circulación sobre Calzada de Tlalpan y la convivencia con el transporte público. Sin embargo, el Gobierno capitalino sostuvo que la intervención no elimina otros medios de transporte, sino que convierte a la vialidad en una calzada multimodal.

Brugada Molina aseguró que la vialidad seguirá contando con espacio para automóviles, además de Metro, transporte público, peatones y bicicletas.

“Esta Calzada de Tlalpan tiene Metro, tiene hoy la ciclovía, pero también tiene el uso de automóvil; es la calzada más diversa en la movilidad”, señaló.

La obra forma parte de la llamada “Utopía de la Movilidad”, con la que el Gobierno de la Ciudad de México pretende construir una ciudad centrada en el peatón y en la bicicleta. La nueva ciclovía conectará el Centro Histórico con el sur de la capital y tendrá una longitud de 34 kilómetros.

Aunque el proyecto aún no está concluido en su totalidad, el secretario de Obras y Servicios, Raúl Basulto Luviano, informó que ya se encuentran terminados 30 kilómetros, desde Metro Chabacano hasta Renato Leduc.

Basulto Luviano sostuvo que las críticas obligaron a modificar diversos aspectos de la obra y a reforzar la seguridad de la infraestructura.

Uno de los principales cuestionamientos, dijo, era evitar que automóviles invadieran la ciclovía y resolver el conflicto con paraderos y parabuses.

Por ello, se construyeron 20 mil 853 metros lineales de guarniciones-jardinera, además de 338 confibicis, 5 mil 299 canalizadores viales, mil 147 balizas flexibles, mil 410 boyas y 37 dovelas de concreto.

También fueron intervenidos 64 espacios de ascenso y descenso para permitir la convivencia entre usuarios de transporte público y ciclistas.

Asimismo, se instalaron más de 213 conjuntos de señalización horizontal y vertical, se aplicaron 43 mil metros lineales de balizamiento, se renivelaron 557 accesorios hidráulicos y se repavimentaron más de 40 mil metros cuadrados.

El funcionario indicó que otra de las exigencias fue garantizar condiciones de seguridad durante la noche. Para ello, el Gobierno instaló más de 5 mil luminarias, asegurando que “se podrá disfrutar de una ciclovía nocturna”.

Las críticas también fueron reconocidas por Rogelio Mora Pinto, representante de Paseo de Todos y Bicitekas Antiguas, quien señaló que hubo múltiples voces en contra durante el proceso.

Mora Pinto afirmó que ahora los ciudadanos son más exigentes y ya no aceptan proyectos improvisados, a diferencia de la primera ciclovía de 2004.

Recordó que aquella infraestructura “desbordaba buenas intenciones”, pero tenía errores técnicos, mientras que ahora la presión ciudadana obligó a incluir confinamiento, señalización, iluminación y medidas de protección.

“Hoy es un día para celebrar que tenemos una ciclovía, que creo que en otros tiempos la hubiéramos visto como un imposible”, dijo.

Finalmente, el coordinador general de PILARES, Javier Hidalgo Ponce, comparó las resistencias actuales con las de los movimientos ciclistas de los años 90, cuando ocupar avenidas como Reforma o Insurgentes era considerado un acto de desobediencia civil.

“Ver a cientos de ciclistas ocupando carriles centrales era un acto de desobediencia civil”, afirmó, defendiendo la intervención del Gobierno capitalino en una de las avenidas más importantes de la ciudad.