La Comisión Disciplinaria anunció las sanciones por la bronca ocurrida durante y después del partido entre América y Toluca en el Estadio Azteca. Los castigos son tan débiles como predecibles.
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Helinho, quien inició el conflicto con una falta y luego agredió con bofetadas a Zendejas, fue suspendido solamente tres partidos y deberá pagar una multa.
Antonio Mohamed, director técnico del Toluca, recibió una suspensión de un solo juego y una sanción económica. Su hijo Sahyr Mohamed también fue suspendido por un partido.
Por parte del conjunto de las Águilas del América, el ariete yucateco Henry Martín, quien provocó una pelea en los pasillos del estadio sin estar en la convocatoria, fue castigado igualmente con un partido de suspensión y multa.
El Estadio Azteca, escenario de los hechos, no recibirá suspensión alguna y solo pagará una multa económica.
Estos castigos tibios demuestran, una vez más, la verdadera prioridad de la Liga MX, el negocio por encima del deporte y el orden.
En un país marcado por la violencia, la máxima autoridad del fútbol mexicano es incapaz de imponer sanciones contundentes que sirvan de ejemplo.
Si esta bronca hubiera ocurrido al inicio del torneo, las sanciones probablemente habrían sido más severas. Pero con la Liguilla a la vuelta de la esquina y millones de pesos en juego, la Liga prefiere no afectar el espectáculo ni los ingresos.
El mensaje es claro: las agresiones se toleran siempre y cuando no perjudiquen la caja registradora.
Una vergüenza para el fútbol mexicano y sus dirigentes a los que les tiembla la mano cuando de dinero se trata.


Foto: Mexsport 


