Congelados, 73 años de historia

Logra pandemia, lo que nadie: detener San Isidro

El serial madrileño, que iniciaría hoy, el más importante del mundo taurino

MADRID.- Las medidas del estado de alarma ante la pandemia del coronavirus han obligado a que la feria de San Isidro, la cita más importante y decisiva de la tauromaquia mundial, sufra el primer parón de su historia tras 73 ediciones ininterrumpidas.

Desde el 15 de mayo de 1947, cuando se celebró en Las Ventas la primera corrida de la que entonces era una novedosa experiencia empresarial, el abono isidril se ha venido desarrollando durante décadas sin alteración alguna, marcando la cotización de los toreros en la bolsa de valores de la tauromaquia de cada época.

Esa primera edición se compuso solo de cuatro corridas de toros y una novillada, sin la presencia en los carteles de la gran figura de entonces, Manuel Rodríguez ‘Manolete’, que, recién llegado de México, aún no había abierto la campaña que le llevaría hasta la fatídica cita de Linares.

En realidad aquellos cuatro festejos del San Isidro inaugural se organizaron casi de modo experimental por la iniciativa de Livinio Stuyck, gerente por entones de la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid, que intentaba introducir el concepto de ‘feria’ habitual en otras ciudades en una plaza donde las temporadas se dividían en largos abonos de primavera y otoño, con festejos sueltos.

 

LA MARCA

Ya en el siglo XXI el éxito de la marca ‘San Isidro’, así como su interés mediático, ha sido tal que ha ido restando importancia a los festejos del resto del año en Las Ventas, e incluso ha absorbido en su ‘cartelería’ corridas tan señaladas en la temporada madrileña como la de la Beneficencia y la de la Asociación de la Prensa.

No en vano, los cálculos de los últimos años cifran en unos 70 millones de euros (unos 75,5 millones de dólares) el impacto económico que, entre mayo y junio, la feria tiene en la capital de España, donde llega a generar más de 600 empleos diarios, a pesar de que, tras la crisis de 2008, el número de abonados se ha recudido a un 65 por ciento del total del aforo de la plaza.

 

LLUVIA Y UNA HUELGA

En esos 73 años de historia, y desde que ‘El Andaluz’ cortara la primera oreja en 1948, la gran cita taurina de la primavera ha superado con creces la cifra de los mil quinientos festejos celebrados, únicamente ininterrumpidos de manera puntual por las lógicas suspensiones por lluvia o por el hecho de que, en algunas ocasiones, los tres matadores se encontraran heridos en la enfermería.

Solo una vez, el 31 de mayo del 78, se suspendió una corrida de San Isidro por otro tipo de causas, como fue la huelga declarada por los picadores cuando la autoridad impidió el uso de manguitos protectores para los caballos durante la suerte de varas.

Con todo ese bagaje, con toda esa historia que ha marcado la vida diaria de miles de madrileños a lo largo de siete décadas, la pandemia del covid-19 ha conseguido lo que nadie pudo antes: que durante el mes de mayo dejen de sonar los clarines en el epicentro mundial del toreo. (EFE)