Converso, el poeta titiritero argentino que cuenta historias en México

Veracruz (México), 16 ago (EFE).- De origen argentino, con profundas raíces en toda Latinoamérica, Carlos Alberto Converso Prato se convirtió en un contador de cuentos que pretende ser poeta, creador de “vida” y, sobre todo, en un referente del teatro mexicano de títeres.

Acompañado regularmente por el Oso que no lo era, El Furris y El Feo, sus muñecos preferidos, el dramaturgo, actor y director de teatro es considerado aquel que sembró las semillas para la revalorización del arte de los títeres.

“Mis creaciones son un intento de poetizar un mundo que está vinculado con el humano para parecer como una ficción enriquecida”, afirmó en una entrevista con Efe el artista, quien se nacionalizó mexicano en 1983.

A sus 72 años, el hombre aún conserva el típico acento rioplatense, adquirido en su natal San Francisco, en la provincia de Córdoba, aunque tiene también raíces en Venezuela, Colombia y Ecuador.

En sus años mozos, recorrió Latinoamérica de la mano de las compañías Teatro Estudio de Córdoba y Teatro Triángulo con aquella idea de justicia de la izquierda revolucionaria a través del teatro, en espacios culturales independientes y en la propia calle.

“Estábamos convencidos que había que hacer teatro revolucionario que cambiara la conciencia de las personas” rememora el hijo de un pastelero y de una ama de casa, a quien antes el teatro le parecía un ambiente con demasiado glamur y poses.

ARTES ESCÉNICAS Y CREACIÓN

Un amor de época le hizo enamorarse de las artes escénicas y desde entonces su trabajo jamás se detuvo.

Ha creado más de 20 obras teatrales para títeres, muchas de ellas para adultos, aderezadas desde una colonia populosa de la ciudad de Xalapa, capital del estado mexicano de Veracruz, donde ha radicado las últimas cuatro décadas.

“Para mí, la dramaturgia no es solamente un ejercicio de escritura sino un ejercicio de creación en el escenario, todo lo que se crea en el escenario”, agrega.

Converso es reservado y silente, mas no así sus obras, que son bastante elocuentes, según los expertos.

También adaptó 25 obras al teatro de títeres, entre ellas “Ubú Rey” de Alfred Jarry, a la que ama por su surrealismo y absurdo.

Desde “Firuletes y chacharitas” en aquel 1978, pasando por “¿Qué cuento es este?”, “Pandemónium”, “Titirijugando”, “El oso que no lo era”, “Mi caballo, “Mi perro y mi rifle”, “Ficciones breves para títeres” y hasta “Días Oscuros”, su obra y adaptaciones es prolija.

Es un creador de “vida” con 250 títeres de papel maché, unicel, hule espuma, alambre, madera y resina y hasta de látex, a quienes convirtió en sus hijos.

“Suele ser el leitmotiv de los titiriteros: los títeres son como la especie de hijo, incluso, uno de los temas más tratados es cuando los hijos se rebelan contra el creador, la criatura contra el creador”, afirmó.

LOS PERSONAJES

Creó personajes con el poeta, escritor y titiritero argentino Javier Villafañe en un taller de Mérida, ciudad de la cordillera de los Andes en el noroeste de Venezuela, donde coincidió en sus constantes giras.

“Tenía un don muy particular para contar cuentos y envolverlo a uno, era un mitómano perfecto donde él mismo era el contador y al mismo tiempo el personaje que estaba metido dentro del cuento en fin. Nos ganó con esa magia”, recordó.

Ahí dio forma a su primer títere, El Señor Presentador, un personaje flaco y narigón de papel maché, sacado de un horno de estufa donde obtuvo un secado rápido y cobró vida en medio de ansiedad e inquietud de Converso.

El Oso que no lo era, un títere pequeño, forma parte de la reducida lista de compañeros inseparables, así como El Furris, un “peladito” que habla medio cantinflesco, y El Feo, un personaje que no necesita descripciones.

“Yo diría que son un intento de este artificio que de repente agarra tal valor existencial que realmente lo confronta a uno”, subrayó.

Converso, según críticos de arte, hizo suya una de las líneas del teatro más complicadas y menos valoradas.

Desde sus espacios hizo entender que el teatro de títeres no necesariamente es didáctico, puede ser ilustrativo y de divertimento.

“El tipo de teatro que hago combina varios lenguajes, es una fusión de distintos lenguajes y de mixtura, mi historia se inscribe en ese ámbito donde se tocan y se intercambian el teatro de actores como el teatro de títeres”, describió.

Desde una casa rodeada por bosques, se reafirma como “un espécimen muy extraño” con raíces argentinas, pero también mexicano. EFE