Señal: presión externa de EU acelera decisiones
Tendencia: México obligado a tomar decisiones pospuestas
México no ha colapsado. Todavía no.
Durante mucho tiempo, ese “todavía no” fue suficiente. Bastó para sostener una forma de estabilidad basada no en avanzar, sino en evitar la ruptura. La economía crece poco, pero crece; las instituciones contienen lo indispensable y la vida cotidiana continúa entre fricciones normalizadas. No hay quiebre, no hay emergencia total, no hay punto de no retorno. Todavía no.
Con el tiempo, ese “todavía no” dejó de ser una descripción y se volvió un patrón: una forma de operar el país sin gobernarlo del todo. Porque operar no es lo mismo que gobernar. Operar consiste en mantener los sistemas dentro de márgenes aceptables. Gobernar implica decidir hacia dónde van, asumir costos y elegir prioridades. México, desde hace años, ha aprendido a hacer lo primero sin comprometerse plenamente con lo segundo.
El “todavía no” funciona como una red de tolerancias. Se tolera un nivel de crimen organizado mientras no capture abiertamente al Estado. Se tolera el rezago educativo mientras no rompa la cohesión social ni el funcionamiento básico del mercado laboral. Se tolera la informalidad porque absorbe lo que la economía formal no puede. Se tolera el abandono de infraestructura —baches, transmisión eléctrica, aeropuertos que dejaron de ser de clase mundial— mientras el sistema siga operando.
El mismo patrón se extiende a ámbitos menos visibles, pero más determinantes. Se tolera no financiar una política de defensa pensada en serio. Se tolera la falta de una visión ambiciosa y accionable de ciencia, tecnología e innovación. Se toleran instituciones policiales desigualmente formadas y un sistema judicial que funciona más por inercia que por diseño. Mientras nada de esto detone una crisis inmediata, el país sigue siendo operable, sin necesidad de gobernarlo de verdad.
La pregunta inevitable es por qué este equilibrio ha resistido tanto tiempo sin romperse desde dentro. La respuesta incómoda es que no se sostiene por falta de presión, sino por un exceso de normalización. La oposición ha denunciado, pero sin ofrecer un proyecto alternativo creíble que justifique el costo del cambio. La sociedad civil ha salido a marchar, pero sin peso suficiente para romper el equilibrio. El sector privado critica con cautela, pero ha seguido operando mientras el sistema funcione. Y los ciudadanos, en general, hemos aprendido a adaptarnos, a resolver por nuestra cuenta, a aguantar.
El “todavía no” no es sólo una decisión del poder. Es un acuerdo tácito. Un equilibrio en el que casi todos somos, a la vez, beneficiarios y prisioneros. Beneficiarios porque el sistema, aun deteriorado, sigue siendo predecible. Prisioneros, porque esa misma predictibilidad reduce los incentivos para el cambio profundo. Mientras el costo de aguantar parezca menor que el costo de decidir, el “todavía no” se impone.
El problema de los equilibrios basados en el “todavía no” es que funcionan sólo mientras el entorno se mantiene relativamente estable. No responden bien a choques externos: porque reducen el tiempo disponible, encogen los márgenes y vuelven inaplazables decisiones que se habían administrado con tolerancias.
Frente a un Estados Unidos dispuesto a imponer condiciones de manera confrontativa, el tiempo deja de ser un recurso disponible y nuestro sistema acostumbrado a resistir empieza a mostrar su límite: no por fragilidad, sino por falta de dirección explícita cuando se vuelve inevitable elegir.
El riesgo no es Estados Unidos ni la coyuntura específica. El riesgo es haber construido una estabilidad que dependía de que nadie obligara a decidir. Porque un actor dominante no presiona donde eres fuerte, presiona donde puede forzarte a definir rumbo.
México no ha colapsado. Todavía no.
La pregunta que empieza a emerger es si el “todavía no” seguirá siendo una opción cuando desde afuera se impongan ritmos y condiciones. Administrar inercias puede sostener un país durante años. Gobernarlo exige algo más difícil: decidir qué ya no se va a tolerar, incluso cuando hacerlo tenga costo.

Señales y tendencia 


