El jugador que merma al equipo: Pemex y el recorte de la calificación de México

La economía mexicana enfrenta una presión creciente y un viejo problema financiero vuelve a encender las alertas internacionales

El jugador que merma al equipo: Pemex y el recorte de la calificación de México

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¿Recuerdan a las Chivas de Oribe Peralta o del Chicharito, el América de Jérémy Ménez o los Tigres de Florian Thauvin

Equipos que apostaron por figuras de alto perfil, con grandes salarios y expectativas, pero que terminaron siendo un lastre deportivo y financiero. Jugadores cuyo bajo rendimiento obligaba al resto del equipo a correr más, a desordenarse y a perder funcionamiento colectivo

Algo similar está ocurriendo hoy con la economía mexicana. La reciente decisión de Moody´s de recortar la calificación soberana de México a "Baa3" con perspectiva estable no es un tema menor. Las calificadoras funcionan como un analista que evalúa si un equipo tiene estructura, disciplina y capacidad para sostener el partido. Una buena calificación implica confianza: menores tasas de interés, mayor acceso a financiamiento y estabilidad. Una degradación, en cambio, refleja dudas sobre la solidez financiera de un país.

Con este ajuste, México queda en el último escalón del grado de inversión, a un paso de entrar en terreno especulativo. ¿Por qué importa? Porque la deuda soberana es, en condiciones normales, el activo más seguro de una economía. Pero cuando esa percepción se deteriora, el país debe ofrecer mayores rendimientos para atraer capital. En términos simples: suben las tasas de interés, se encarece el financiamiento y se presionan tanto el crecimiento como las propias finanzas públicas.

Esto es parte de una tendencia que México viene arrastrando en los últimos siete años: pasó de tener una calificación de A3 en 2019, la más alta de su historia reciente, a ubicarse hoy en el nivel más bajo del grado de inversión.

Más allá de esta tendencia, uno de los factores más importantes para la reciente reducción fue Pemex. La propia evaluación de la calificadora lo señala sin rodeos: "El apoyo continuo a Pemex seguirá limitando la consolidación fiscal". Una parte importante del deterioro fiscal reciente proviene del respaldo financiero constante a la empresa que, vale la pena recordar, es la petrolera más endeudada del mundo.

Traducido al lenguaje futbolero, Pemex se ha convertido en un lastre, en ese jugador que descompensa al equipo. No porque carezca de historia o relevancia, sino porque su situación actual obliga a todos los demás a ajustar su juego. El equipo corre más, se desgasta más y pierde equilibrio.

Los ejemplos abundan. Jugadores como Oribe Peralta o Chicharito en Chivas, Jérémy Ménez en América o Florian Thauvin en Tigres llegaron con etiquetas de estrella, pero su rendimiento no justificó el costo. En la cancha, el equipo tenía que cubrir sus espacios; fuera de ella, su salario limitaba la posibilidad de reforzarse mejor. El problema no era sólo individual: era sistémico.

Pemex opera hoy bajo esa misma lógica. Absorbe recursos públicos de manera recurrente, presiona el balance fiscal y reduce el margen de maniobra del gobierno. No es un problema nuevo, se viene arrastrando desde hace varios años, pero en esta ocasión fue un factor determinante para el recorte en la calificación.

El plan estratégico del gobierno federal para el rescate de Pemex ya pegó en calificadoras internacionales, ya que se considera que hay más presión, menos claridad y mayor vulnerabilidad. En términos económicos, esto se traduce en mayor costo financiero, menor dinamismo y una trayectoria fiscal más frágil.

La lección es clara, ningún equipo puede competir cuando tiene que duplicar esfuerzos para compensar a un jugador. Y Pemex, además del desastre financiero y operativo interno que arrastra desde hace décadas, se ha convertido en un lastre para las finanzas públicas y para la economía de nuestro país.

Jesús Vaca Medina 

Doctor en Estudios Fiscales

@jesusvacamedina

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