David de Miranda, una oreja entre protestas en la decimoquinta de San Isidro
A la tarde le faltó . . .

Por: Natalia Pescador
MADRID.- Madrid volvió a vestirse de acontecimiento en el decimoquinto festejo de la Feria de San Isidro. Décimo cartel de "No hay billetes" y ambiente de gran cita en Las Ventas para recibir a la corrida de Alcurrucén, encaste Núñez, seria de presencia y desigual de juego, con movilidad y fondo en algunos momentos, pero a la que le faltó terminar de entregarse para romper definitivamente la tarde.
La plaza respiraba expectación desde el paseíllo. Había aroma de rivalidad joven, de toreros con hambre y con la necesidad de decir cosas en Madrid. Y eso, aunque los toros no acabaran de redondear la emoción, sostuvo el interés de una corrida marcada por los quites, el pulso entre David de Miranda y Víctor Hernández, y la actitud constante de una terna que nunca dejó caer la función.
Abrió plaza "Cara Fea", un toro serio, de gesto áspero, que dejó entrever nobleza en los primeros compases de Jiménez Fortes antes de apagarse poco a poco. El malagueño lo recibió con oficio y buen aire, intentando sujetar una embestida incierta y descompuesta tras su paso por varas. Ya entonces apareció David de Miranda para dejar un quite por saltilleras que calentó los tendidos y encontró inmediata respuesta. Aquello fue el primer aviso de una tarde que iba a tener en los quites uno de sus argumentos más vibrantes.
Técnica y paciencia
Fortes construyó después una faena técnica y paciente. Hubo inteligencia en la manera de llevar al toro, de aliviarlo en los finales para evitar que perdiera las manos. Especialmente al natural surgieron los momentos más puros, muletazos lentos, acariciados, con suavidad y gusto, aunque siempre bajo la sensación de que al toro le faltaba ritmo y transmisión para alcanzar vuelo mayor. La espada emborronó todo y el silencio terminó envolviendo una labor de detalles.
El segundo, "Heredero", muy serio y de 610 kilos, fue el toro de la tarde para David de Miranda. Y también el que terminó levantando más discusión. Antes de la muleta ya se había encendido la plaza en un vibrante intercambio de quites con Víctor Hernández. Saltilleras, chicuelinas ceñidas, revoleras y una brionesa encadenaron las ovaciones y pusieron al público en pie. Toreo entendido como desafío y como orgullo compartido.
Estocada efectiva
David de Miranda inició faena con enorme firmeza, clavado en la arena en los estatuarios, sin mover las zapatillas. El toro tuvo encaste y repetición por el pitón derecho, aunque pronto dejó ver un fondo de peligro. El onubense respondió con aplomo y decisión, bajando mucho la mano por el izquierdo y tragando una embestida áspera y enganchada. Ahí apareció el torero más vertical y poderoso, el de las distancias cortas y el valor seco. Cerró con bernardinas de mucho compromiso antes de dejar una estocada efectiva que le abrió una oreja protestada por parte del público, quizá más por la dimensión final de la faena que por la entrega del torero.
Víctor Hernández encontró en el tercero un toro con movilidad pero escasa calidad. El madrileño dejó momentos estimables, especialmente sobre la mano izquierda, llevando largo al de Alcurrucén y manteniendo siempre firmeza y buen sitio. Todo quedó en destellos ante un toro que nunca terminó de humillar ni de romper hacia adelante.
El cuarto devolvió a escena a Fortes frente a otro ejemplar noble pero deslucido. El malagueño volvió a mostrar oficio y sensibilidad, especialmente al natural, donde logró los pasajes más templados de toda su tarde. Pero la faena se movió otra vez en ese territorio gris en el que el toro no acaba de transmitir y el tendido observa sin terminar de emocionarse.
Revive la rivalidad
En el quinto regresó la rivalidad entre Hernández y De Miranda con otro quite vibrante, esta vez por caleserinas y revolera del madrileño. David de Miranda volvió a apostar fuerte ante un toro encastado que duró poco pero exigió mucho cuando se vino arriba. Hubo mérito en la manera de imponerse y de mantenerse firme cuando el animal cambió el son. Cerró con manoletinas de exposición y actitud.
Y cuando la tarde parecía agotarse apareció "Amoroso", el sexto, el toro de mayor transmisión del envío. Víctor Hernández entendió pronto las virtudes del animal y estructuró una faena seria, pensada y ligada, especialmente por el pitón derecho, donde logró los momentos de mayor rotundidad de toda la corrida. Bien plantado, asentado y mandón, llevó siempre sometida la embestida de un toro con movilidad y emoción. También por el izquierdo dejó naturales estimables, aunque ahí el de Alcurrucén bajó el ritmo. Fue una labor maciza, de cabeza clara y madurez, premiada con palmas tras aviso y el reconocimiento de Madrid.
La corrida de Alcurrucén dejó la sensación de una tarde que pudo ser más. Hubo encaste, seriedad y algunos toros con opciones, pero faltó esa entrega definitiva que convierte los detalles en clamor. Aun así, entre la firmeza de David de Miranda, los naturales de Fortes y la solvencia creciente de Víctor Hernández, Las Ventas volvió a encontrar motivos para no apartar la mirada.










