La Beneficencia de la resistencia: cuando el toreo desafía a la tormenta

Los matadores enfrentaron condiciones adversas durante la Corrida de la Beneficencia en Madrid, donde la lluvia y el viento complicaron la lidia.

Fotos: Manolo Briones
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MADRID.- Madrid pasó en apenas una hora de la asfixia del calor a la violencia de una tormenta. Del albero seco a un ruedo encharcado.

De la previsibilidad de una tarde de junio a un escenario completamente distinto. Y en medio de ese cambio brusco, la Corrida de la Beneficencia recordó una verdad que a menudo queda oculta: el toreo es también un ejercicio de inteligencia.

Porque cuando el viento altera los vuelos de la muleta, cuando la lluvia modifica el terreno y cuando cada apoyo puede convertirse en una caída, la técnica deja de ser suficiente. Entonces aparece la mente. La capacidad de adaptación. La lectura instantánea de un escenario cambiante. La toma de decisiones bajo presión.

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Fotos: Manolo Briones

La Corrida de la Beneficencia, una de las citas más emblemáticas de la temporada española desde que su tradición moderna quedara consolidada en Madrid en 1856, volvió a demostrar por qué conserva una dimensión especial dentro del calendario taurino.

En ausencia de la Casa Real, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ocupó la representación institucional en una tarde que acabó convertida en un examen de resistencia física y mental para los tres matadores.

La corrida de Victoriano del Río tuvo presencia, seriedad y momentos de interés. No fue una corrida uniforme, pero sí una corrida que exigió. Y cuando la tormenta irrumpió en Las Ventas, la exigencia se multiplicó.

Alejandro Talavante abrió plaza con un toro de escasas opciones. Hubo intención en el saludo capotero y voluntad en una faena que nunca encontró el recorrido necesario para alcanzar vuelo. El extremeño insistió cuanto pudo antes de optar por abreviar.

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Con el segundo llegó el primer golpe de emoción de la tarde. Andrés Roca Rey recibió a "Curioso", de 604 kilos, después de una intensa rivalidad en quites con Víctor Hernández. El peruano inició la faena de rodillas, citando de frente, y dejó un espectacular cambiado por la espalda que encendió los tendidos.

Aquello parecía anunciar una obra de altos vuelos. Sin embargo, el toro se agotó pronto y la emoción inicial perdió continuidad. El silencio posterior no reflejó tanto la falta de entrega como la falta de opciones.

La dimensión taurina de la tarde comenzó a tomar forma con el tercero. "Empanado", de 558 kilos, encontró delante a un Víctor Hernández cada vez más asentado en Madrid.

El madrileño construyó una faena de gobierno y estructura frente a un toro que transmitía. El viento ya comenzaba a ser un factor determinante, pero Hernández logró imponerse a él.

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Corrió la mano con temple por el derecho, ligó series de notable calidad y encontró también profundidad al natural. Hubo mando, colocación y una madurez impropia de quien todavía pelea por consolidar definitivamente su sitio entre las figuras.

Las ajustadas manoletinas pusieron el broche a una labor importante que quedó reducida por el fallo con la espada.

Entonces llegó la tormenta

No una lluvia pasajera. No un chaparrón de verano. Un auténtico diluvio que transformó por completo el escenario. Las Ventas pasó a ser otra plaza. El ruedo comenzó a acumular agua y el viento adquirió una intensidad que condicionaba cada embroque, cada cite y cada salida del muletazo.

Fue ahí donde la corrida adquirió una dimensión diferente.

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Talavante afrontó el cuarto, "Encaminado", de 610 kilos, en condiciones límite. Torear ya no consistía únicamente en interpretar la embestida. Había que mantener el equilibrio. Había que calcular los desplazamientos sobre un suelo cada vez más comprometido.

El extremeño firmó una labor de enorme mérito silencioso, basada en la confianza y la serenidad. El toro tuvo nobleza y clase. La espada, dificultada por las circunstancias, impidió redondear una actuación que el público supo valorar en su justa medida.

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La lluvia siguió castigando la plaza durante la lidia del quinto. Roca Rey encontró entonces el contexto perfecto para mostrar una de sus principales virtudes: la capacidad de imponerse a cualquier escenario. El peruano toreó bajo una cortina de agua persistente, cruzándose al pitón contrario y buscando siempre la emoción.

Hubo una gran serie al natural frente a un pitón izquierdo incierto y hubo, sobre todo, una demostración de entrega absoluta. El esfuerzo físico comenzó a pesar, pero nunca la voluntad.

El cierre correspondió a Víctor Hernández y a "Gorrión", de 611 kilos. Brindó al público de Madrid y dejó claras sus intenciones desde los primeros compases con dos cambiados por la espalda. El toro de Victoriano del Río tuvo clase, repetición y longitud en las embestidas.

Un toro franco que permitía construir el triunfo. Hernández volvió a exhibir firmeza, temple y una gran capacidad para entender los tiempos de la faena.

Especialmente por el pitón izquierdo llegaron los momentos más profundos de una actuación que parecía conducir directamente hacia la oreja. Pero la espada cayó demasiado baja y la recompensa se esfumó.

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La estadística registrará una tarde sin grandes trofeos. La memoria, probablemente, conservará otra cosa. Una tarde en la que tres toreros tuvieron que enfrentarse a una circunstancia cambiante, hostil e imprevisible.

Y en la que quedó demostrado que el toreo no consiste únicamente en dominar al toro. Consiste también en dominarse a uno mismo cuando todo alrededor deja de obedecer a cualquier lógica.

Sergio Ramos y Nacho Fernández, presentes en la Corrida de la Beneficencia

La Corrida de la Beneficencia también reunió a destacadas figuras del futbol.

El futbolista Sergio Ramos estuvo presente en Las Ventas para refrendar su afición taurina y su amistad con el matador Alejandro Talavante.

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Fotos: Manolo Briones

Asimismo, Nacho Fernández tampoco quiso perderse una de las citas más emblemáticas de la tauromaquia española, consolidada como un punto de encuentro para personalidades del deporte y la cultura.

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