Tres navegantes no encontraron el puerto de Fuente Ymbro
Tarde de poca emoción

Por: Natalia Pescador
MADRID.- La Feria de San Isidro sigue avanzando al ritmo frenético de los carteles de "No hay billetes" y de una afición entregada que llena cada tarde los tendidos de Las Ventas con la esperanza de asistir a una de esas jornadas que terminan quedándose para siempre en la memoria. El noveno festejo de abono y octava corrida del ciclo volvió a colgar el lleno absoluto en los tendidos madrileños, sexto cartel de "No hay billetes" en lo que va de feria, para recibir un encierro de Fuente Ymbro lidiado por Miguel Ángel Perera, Paco Ureña y Fernando Adrián. Sin embargo, pese al ambiente de acontecimiento y a algunos momentos de interés, la corrida acabó dejando una sensación general de escasa emoción y de oportunidades solo parcialmente aprovechadas.
Fuente Ymbro presentó una corrida variada de comportamiento, con toros exigentes, de teclas y dificultades, aunque también con ejemplares que permitieron el lucimiento por momentos, especialmente el tercero, "Adulador", el toro más completo y destacado del festejo, aplaudido con fuerza en el arrastre. También el quinto dejó opciones por el pitón derecho, aunque sin terminar de romper hacia adelante. El resto ofreció complicaciones y escaso fondo, condicionando una tarde que transitó continuamente entre el interés y la decepción.
Miguel Ángel Perera abrió plaza ante un primero encastado al que nunca terminó de encontrarle el sitio. El extremeño inició su labor muletera en los terrenos del tendido seis, tratando de someter al de Fuente Ymbro por abajo y enseñándole los caminos por ambos pitones. El toro tenía transmisión y cierta exigencia, pero Perera navegó entre dudas, sin cogerle del todo la distancia ni lograr el acople necesario para que la faena tomara vuelo. Sobre la mano derecha consiguió algunos muletazos limpios, tratando siempre de evitar el derrote de salida, pero la labor resultó atropellada y desigual. También probó al natural, aunque el toro terminó desarmándolo y obligándole a regresar al pitón derecho. La faena nunca terminó de romper y quedó reducida a intentos aislados sin continuidad ni emoción.
Ya desde el saludo capotero le ganó terreno al toro y se lo llevó a los medios con decisión. Brindó una faena de inicio vibrante, comenzando sin probaturas y ligando un cambiado por la espalda que conectó rápidamente con los tendidos. Sobre la diestra construyó sus mejores momentos de la tarde, envolviéndose al toro a la cintura y bajándole la mano con firmeza. El de Fuente Ymbro tuvo movilidad y ritmo en las primeras tandas, permitiendo que la faena creciera en intensidad. Sin embargo, cuando Perera cambió al pitón izquierdo todo comenzó a diluirse. El toro se mostró más reservón, las embestidas perdieron claridad y la labor fue viniéndose abajo poco a poco. Lo que parecía una faena de premio acabó quedándose en una actuación venida a menos. Con el cuarto, el gozo se fue al pozo.
Paco Ureña volvió a demostrar en Madrid su capacidad para imponerse a las dificultades desde el valor y la firmeza. Su primero fue un toro huidizo, suelto y desentendido, que además complicó el tercio de banderillas en medio de un cierto caos. La faena comenzó genuflexa, probándolo por ambos pitones, hasta que el murciano decidió apostar definitivamente por la mano derecha. Ahí apareció el mejor Ureña: adelantando el engaño, tocando en la cara y tirando del toro uno a uno en una labor de mucho poder. El animal miraba, soltaba la cara y punteaba la muleta, pero el torero consiguió someterlo poco a poco, bajándole la mano y limpiando las embestidas. La plaza se metió de lleno en la faena cuando logró encajarse y correrle la mano con profundidad en varias tandas de mérito. El natural, sin embargo, tuvo mucho menos brillo ante un toro bronco y deslucido por ese pitón. Mató con acierto y saludó una ovación tras una actuación de enorme esfuerzo.
El quinto permitió algunos momentos de calidad, aunque tampoco terminó de ofrecer un fondo claro. Ureña lo recibió con variedad capotera y brindó antes de iniciar una faena basada nuevamente en el pitón derecho. El toro humillaba cuando era sometido y por momentos siguió la muleta con cierta clase, dejando ver posibilidades. El murciano logró tandas estimables y naturales aislados de buen sabor por el izquierdo, pero la obra nunca alcanzó continuidad. Hubo matices, detalles y entrega, aunque todo quedó disperso dentro de una faena de altibajos que no terminó de redondearse.
Fernando Adrián encontró en el tercero al toro de la tarde. "Adulador" tuvo fijeza, transmisión y prontitud, cualidades que el madrileño aprovechó especialmente sobre la mano derecha. Tras un inicio alternando alturas en el tercio, Adrián encontró ritmo y conexión con los tendidos en una faena intensa y de buen pulso. El de Fuente Ymbro acudía con celo al engaño y permitía ligar las tandas con continuidad. El torero incluso se permitió adornarse con cambiados por la espalda y momentos de cercanía que levantaron al público. Parte de la plaza observó la faena con lupa, pero lo cierto es que hubo emoción y verdad en muchos pasajes de su actuación. También al natural dejó momentos interesantes, aunque fue sobre el derecho donde realmente alcanzó profundidad y transmisión. Se metió entre pitones buscando convencer definitivamente a Madrid, pero el fallo con los aceros enfrió una labor importante que pudo haber tenido premio.
El sexto titular fue protestado desde salida por sus condiciones y terminó siendo devuelto tras caer repetidamente. En su lugar salió un sobrero de la misma ganadería con el que Fernando Adrián apenas tuvo opciones reales. El toro avisó desde el principio, acudía reservón al cite y salía desluciendo cada embestida con la cara alta. El madrileño tiró de firmeza y voz para sujetarlo y robarle algunos muletazos estimables, pero el animal tenía escaso recorrido y muy poco contenido. Lo intentó con sinceridad hasta el final, aunque todo quedó reducido a una voluntad sin recompensa.
La tarde terminó así entre detalles sueltos, esfuerzo y algunas faenas de mérito, pero sin la rotundidad ni la emoción grande que tantas veces exige Madrid. San Isidro continúa, pero esta vez Las Ventas salió de la plaza con una sensación fría, como si todo hubiera ocurrido sin llegar realmente a suceder.










