Diversidad sindical


El presidente Andrés Manuel López Obrador promulgó el pasado día del trabajo una reforma laboral en busca de mejorar los derechos de los trabajadores, garantizar voto secreto para elegir a sus dirigentes, libertad para unirse al sindicato de su elección y crear tribunales laborales independientes.
Ese nuevo marco legal se ha convertido en veneno para el viejo sindicalismo que monopolizaba el control gremial, los contratos de trabajo y desde luego, millonarias prebendas.
Ahora que la Secretaria de Hacienda y Crédito Público anuncio un incremento salarial de 1 al 3 por ciento a todos los trabajadores del Estado, además de 3.35 por ciento por la inflación anual, la FSTSE se opuso.
Joel Ayala Almeida, Secretario general de la otrora poderosa Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), quiso dar un manotazo en la mesa al deslegitimar el aumento otorgado por el gobierno, pero resultó deslegitimada como la representación mayoritaria de la burocracia nacional.
Resulta que la Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos (Fedessp), creada en el 2003 bajo el hospicio del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) agrupa ya a 1.4 millones de trabajadores al servicio del Estado.
Con estas cifras supera a la FSTSE y se convierte, de acuerdo a la ley, en la agrupación sindical, con la que el gobierno debe y puede pactar los beneficios salariales y las Condiciones Generales del Trabajo.
Lo sucedido en los sindicatos burocrático puede replicarse en los distintos gremios laborales, sobre todos en aquellos más grandes donde un sindicato controlaba el Contrato Colectivo de Trabajo a su placer, léase sindicato petróleo, electricista y azucarero por citar solo algunos.
La nueva realidad sindical se empieza a ver en la praxis pero lo más importante no es los cambios en las estructuras gremiales, sino los mayores beneficios para los trabajadores y sus condiciones de trabajo.
SUSURROS
Sorpresivamente José Narro Robles, se bajó de la contienda para ser presidente del PRI y decidió abandonar al partido en el que milito por más de 40 años.
De farsa, calificó Narro el proceso de elección interna, en el que todo mundo sabe que el ganador será Alito, Alejandro Moreno, el gobernador con licencia de Campeche.
Así el PRI renovara dirigencia pero no mañas, ni tampoco viejos vicios antidemocráticos que han acabado “el partidazo” que de todas, ganaba todas.
Narro abandona al tricolor derrotado en su lucha democratizadora, “no pude rescatarlo (al PRI) de las garras de la simulación”, admitió desilusionado el exrector de la UNAM.
Email: salvadormartinez@visionmx.com Twitter: @salvador_mtz
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