“Abajo la Dictadura Díaz-Contados”. El mensaje se coló en la transmisión internacional del Clásico Mundial de Beisbol. Mientras el equipo cubano ganaba el partido 3-1 a Panamá en su debut en el torneo, un hombre con una cartulina se ubicó detrás del home, donde la cámara de televisión enfoca gran parte del encuentro.
En el segundo cotejo de la novena cubana en el torneo, ante Colombia, una imagen similar se repitió. Ahí, las cámaras apuntaron a dos aficionados sentados que tenían playeras negras con la frase “Díaz-Canel singao”, un cubanismo que se usa para describir a una persona vil, despreciable o de malos sentimientos. Finalmente, ante Canadá, en el último partido de fase de grupos para Cuba, expulsaron a tres aficionados que gritaban contra la dictadura y exigían libertad para el país. En ese juego la isla perdió y se despidió del torneo, lo que, además, ahondó la crisis del beisbol cubano, el deporte número uno del país, pues, por primera vez en la historia, no logró pasar a la fase final.
Aunque parece sólo una anécdota, en un país como la isla, portar un cartel con alguna de esas frases en la calle, pintar una pared, publicarlo en redes sociales o expresarlo públicamente, como sucede en México a diario, incluso en medios de comunicación, contra la clase política del país, ha llevado a cientos de cubanos tras las rejas, acusados de “propaganda enemiga”, “actos contra la seguridad del Estado” o “instigación a delinquir”, entre otro rosario de delitos usados por el Estado para perseguir a disidentes, periodistas independientes y activistas.
Algunos botones de muestra. Al activista Alexander Verdecia, en Santiago de Cuba, lo condenaron a siete años de cárcel por “crear desconcierto” en Facebook, difundir “propaganda contra el orden constitucional” e “instigación a delinquir” en septiembre del año pasado. Por si eso fuera poco, a su madre y hermana las detuvieron el pasado viernes por exigir la libertad de los presos políticos en Cuba. Alexander, además, ha sido golpeado en prisión y ha sido cambiado de cárcel al menos tres veces en este lapso.
En junio de 2024, William Cepero García, Josiel Guía Piloto, Lázaro Romero Piloto, Alain Yosvani Cruz Suescum y Jesús Alfredo Pérez Rivas fueron condenados a penas de cinco a siete años de prisión por el delito de propaganda contra el orden constitucional, por confeccionar carteles con frases como “Cuba Estado fallido”, “Díaz-Canel asesino” y “Patria y vida”, salir a las calles y gritar “abajo la dictadura” en La Habana Vieja.
Un mes antes, otro ciudadano, Jorge Luis Boada Valdés, pintó la frase “Díaz-Canel, singao” en tres ocasiones, en un muro del barrio de Lawton, en La Habana. El tribunal de la capital cubana lo condenó a nueve años de cárcel, por propaganda enemiga y “otros actos contra la seguridad del Estado”.
Ellos son apenas un puñado de los mil 214 presos políticos en Cuba, la cifra más alta documentada hasta el momento, según el más reciente informe de la ONG Prisoners Defenders, que dijo que muchos de los nuevos arrestos están vinculados a acusaciones de “propaganda contra el orden constitucional”, utilizadas contra ciudadanos que realizan pintas, exhiben carteles críticos o publican mensajes políticos en redes sociales.
Por ello, los eventos deportivos han sido escenarios ideales para la diáspora para denunciar lo que se vive puertas para dentro en ese país.
A lo largo de la historia, otros torneos de alcance internacional han funcionado como punto de escape para alzar la voz y exponer ante el mundo los abusos e injusticias. Quizás el más emblemático es el movimiento de las Madres de Mayo, que, durante el Mundial de Argentina 1978, tuvo un alcance global, sobre todo gracias al trabajo de los periodistas neerlandeses Jan van der Putten y Frits Barend, quienes incluso increparon al entonces presidente de facto Jorge Rafael Videla por los desaparecidos de la dictadura. “Son mentiras”, contestó entonces el jefe de la junta militar que gobernaba al país (de 1976 a 1983, bajo su mandato, se reportaron 30 mil argentinos no localizados).
Este año, México estará bajo la mirada internacional por unos días. Por ello se alista una movilización el día de la inauguración de la Copa del Mundo. El 11 de junio, mientras la Selección Mexicana pondrá a rodar el balón, madres y padres de algunos de los 133 mil desaparecidos en el país –oficialmente– formarán vallas humanas en los accesos al Estadio Azteca desde las 8 de la mañana. Será pacífica, no impedirán la entrada, para que más de 87 mil aficionados y la prensa internacional “vean la realidad” del país. “No puede haber Mundial mientras México desaparece a su gente. Porque nuestros hijos no merecen ser olvidados para que otros celebren”, apuntaron los organizadores en un comunicado el pasado 12 de febrero.




