El fin del Mencho: el terremoto criminal que reconfigura el poder en México

La muerte de El Mencho marca el fin de su hegemonía en el CJNG e inicia una fase de violencia y reacomodo criminal en México.



La caída -captura y muerte- de Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, no es un episodio más en la larga y sangrienta crónica del narcotráfico en México. Es, en esencia, un parteaguas. No se trata solamente de la neutralización del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sino del golpe más profundo que ha recibido la estructura criminal más expansiva, disciplinada y violenta del país en las últimas dos décadas. Pero también es el inicio de una fase de incertidumbre, violencia reactiva y reacomodo brutal.

Los hechos ocurridos en Tapalpa, Jalisco -con despliegue de fuerzas especiales, inteligencia binacional y reacción inmediata del aparato criminal mediante bloqueos, incendios y paralización territorial– revelan la verdadera dimensión del poder que había acumulado el Mencho. La respuesta no fue espontánea: fue una demostración de control territorial y capacidad operativa, una señal inequívoca de que el CJNG no era solamente un cártel, sino una organización con capacidades insurgentes.

VIOLENCIA COMO LENGUAJE DE SUPERVIVENCIA

La violencia desatada tras el operativo no debe interpretarse como un acto irracional. Es, por el contrario, una respuesta estratégica. Los bloqueos carreteros, los vehículos incendiados y los comercios consumidos por el fuego forman parte de un protocolo criminal diseñado para tres objetivos: intimidar al Estado, demostrar capacidad de respuesta y enviar un mensaje interno de cohesión.

Cuando cae un líder de esta magnitud, la primera batalla no es contra el gobierno, sino al interior de la propia organización. La violencia cumple una función de control psicológico: evita deserciones, disuade traiciones y mantiene el miedo como mecanismo de gobernanza criminal.

Sin embargo, este tipo de reacciones también revelan debilidad. La violencia es, en estos casos, el grito desesperado de una estructura que busca convencer al mundo -y a sí misma- de que sigue intacta.

EL PRINCIPIO DEL FIN DE LA HEGEMONÍA

El CJNG no desaparecerá. Pero sí cambiará.
La historia criminal en México demuestra que la eliminación de un líder no destruye las organizaciones; las fragmenta. Ocurrió con el Cártel de los Beltrán Leyva, con Los Zetas, con el Cártel de Sinaloa tras la captura de Joaquín el Chapo Guzmán y la entrega de Ismael el Mayo Zambada. Lo que sigue es una etapa de reconfiguración interna marcada por tres procesos simultáneos: disputas por el liderazgo, fragmentación de células regionales y aumento de la violencia focalizada.

El Mencho no era solamente un jefe operativo. Era el eje de cohesión, el símbolo de autoridad incuestionable y el árbitro final en la toma de decisiones. Su ausencia abre un vacío que no se llena automáticamente. Los mandos intermedios, que antes operaban bajo una verticalidad rígida, ahora se enfrentan a una disyuntiva: someterse a un nuevo liderazgo o construir su propio feudo criminal.

Este fenómeno genera, inevitablemente, más violencia. No porque el cártel sea más fuerte, sino porque es más inestable.

EL FIN DE UNA ERA DE CONTENCIÓN

El operativo en Tapalpa envía un mensaje político inequívoco. Representa una ruptura con la lógica de contención pasivaabrazos no balazos– que dominó la estrategia de seguridad en años recientes. La doctrina de evitar confrontaciones directas bajo el argumento de reducir la violencia demostró, en los hechos, que no debilitaba a los grupos criminales; les otorgaba tiempo, espacio y libertad para expandirse.

La acción coordinada de fuerzas especiales mexicanas con inteligencia estadounidense refleja un cambio de paradigma: el Estado vuelve a ejercer su monopolio legítimo de la fuerza de manera directa y focalizada.

Esto no significa el fin de la violencia. Significa el inicio de una confrontación abierta cuyo resultado dependerá de la consistencia, continuidad y profundidad de la estrategia.
La diferencia fundamental es que el Estado ha decidido actuar, no administrar el problema.

EL VACÍO QUE OTROS QUIEREN OCUPAR

El CJNG no es una organización local. Es un actor transnacional con presencia en América Latina, Estados Unidos, Europa y Asia. Su debilitamiento no elimina el mercado criminal que controlaba. Ese mercado será disputado.

Otros grupos -incluyendo facciones internas, rivales históricos y nuevas organizaciones emergentes– buscarán ocupar los corredores de tráfico, las rutas logísticas y las plazas estratégicas. Este proceso puede derivar en una violencia más fragmentada, menos predecible y más difícil de contener.

Paradójicamente, el debilitamiento de una estructura dominante puede producir un aumento temporal de la violencia general.
Es el costo de romper un equilibrio criminal.

EL PRINCIPIO DE UNA GUERRA NECESARIA

La caída del Mencho no es una victoria definitiva. Es el inicio de una nueva fase.

Durante años, el CJNG construyó un poder basado en la brutalidad, la disciplina y la expansión sistemática. Desmantelar esa estructura no será inmediato ni limpio. Habrá reacciones, venganzas y reacomodos.

Pero hay una verdad que no admite matices: ningún Estado puede coexistir indefinidamente con un poder criminal que desafía su autoridad territorial.

El operativo en Tapalpa no solamente neutraliza a un líder. Rompe un símbolo de impunidad.

La violencia que vendrá no será señal de fracaso. Será evidencia de que el golpe fue real.

Porque cuando cae un hombre como el Mencho, no termina la guerra.
Empieza la verdadera.