El Metrazo que arrolla a todos

El accidente del Metro es algo muy grave y debe investigarse.

Anoche, al filo de las 11:40, un convoy que había llegado a la estación Observatorio, de la línea 1, se regresó a Tacubaya y embistió en reversa a otro convoy.

Esta madrugada se reportaban 41 heridos, siete de ellos graves, y un muerto.

Una tragedia, sin duda.

La segunda peor en 50 años de historia, desde su nacimiento en 1969, luego de que en 1975 dos convoyes se estrellaran en la línea 2 en Tlalpan, con saldo de 39 muertos y más de cien lesionados.

Usuarios narraron cómo el tren arribó a Observatorio, se apagó la luz y comenzó a irse hacia atrás.

Entonces, supieron que habría un impacto.

A reserva de los peritajes de los especialistas, lo cierto es que el Metro de la Ciudad de México es viejo y necesita una inversión de por lo menos 30 mil millones de pesos para equilibrar sus finanzas, actualizarlo tecnológicamente y darle el mantenimiento necesario, con un presupuesto de 20 mil millones de pesos anuales.

El año pasado, en su 50 aniversario, Claudia Sheinbaum anunció una inversión de 40 mil millones de pesos para, por fin, modernizarle.

Y antes de pensar en crecer, dijo que se requiere mantenimiento.

El básico, el mínimo.

Porque hay trenes reconstruidos, escaleras descompuestas -corroídas por orines-, goteras, humedad, comercio ambulante y vendedores de toda clase de mercancía, extorsionadores, extorsionadoras, y más.

El Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro es, sin duda, la más rápida y eficaz  forma de traslado en la ciudad de México.

Y lo ha sido desde su inauguración el 4 de septiembre de 1969.

Si se quiere conocer el nivel de pobreza en México, basta con subirse al Metro.

Y así es.

Con cinco pesos, costo del boleto, es posible trasladarse de lado a lado de la Ciudad de México.

Y lo utilizan trabajadores, estudiantes, familias, turistas.

Todos.

Decenas de veces se ha calculado el precio real, mínimo en en 12 pesos.

El subsidio gubernamental hace posible mantenerlo así, pero es, absolutamente, insostenible.

Con 5.5 millones de pasajeros diarios -se pretende aumentar un millón diario con el proyecto anunciado por Sheinbaum-, es, sin lugar a dudas, el mejor sistema en México.

 

¿A quién responsabilizar?

Los gobiernos del otrora Distrito Federal, hoy CDMX, han sido todos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y actualmente de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), desde 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano echó a patadas al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Son 23 años de izquierda, y el Metro no ha mejorado.

Tres de los jefes de gobierno de la capital del país forman parte del gobierno federal actual, empezando por Andrés Manuel López Obrador, quien ocupó el cargo de 200 a 2005, cuando se fue a la campaña por la Presidencia, que perdió por fraude con el nefasto Felipe Calderón Hinojosa con el famoso 0.56 por ciento.

Alejandro Encinas, quien heredó el cargo de Andrés Manuel, ahora subsecretario de Gobernación.

Y Marcelo Ebrard, hoy secretario de Relaciones Exteriores y secretario de Gobernación de facto.

Cabe recordar que durante su gobierno se construyó la Línea Dorada, la 12, que debió ser corregida por el gobierno de Miguel Angel Mancera, y por la que fue acusado -jamás sancionado ni administrativa ni penalmente- de irregularidades por al menos 12 mil millones de pesos.

No debe olvidarse que Mario Delgado, ahora coordinador de los diputados de Morena, era su secretario de finanzas.

Sólo Cárdenas, su sucesora, Rosario Robles -presa por la Estafa Maestra-; Mancera y su relevo, José Ramón Amieva, están fuera.

El líder sindical, Fernando Espino Arévalo, enquistado en el cargo desde 1978, es un cáncer en el Metro. Un cínico.

Basta señalar que tiene a cuando menos media treintena de familiares ahí.

Y los locales, en los que la corrupción hiede, también se suman a los padecimientos.

Tacos de canasta, pizzas, dulces, celulares y más.

Lo más grave es que no pagan las rentas y Florencia Serranía, directora del metro y amiga de Sheinbaum, no actúa.

Habrá que esperar las pesquisas, los peritajes de la Fiscalía local y de una certificadora francesa que ya viene, las indagatorias y conocer los testimonios de conductores, de pasajeros y de todos los implicados, pero al Metro le urge una cirugía.

¿A quién culpar del pasado, si el pasado son ellos?

 

Vámonos: No se preocupen: La economía está blindada.

 

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