El nudo cubano de Sheinbaum

México suspende envíos de petróleo a Cuba, generando tensiones internas en Morena y cuestionamientos sobre su soberanía frente a Trump.


Antonio Ocaranza

En menos de un mes, México pasó de ser el principal proveedor de petróleo de Cuba a suspender los envíos. Ha insistido en que la isla no ha sido un tema en sus conversaciones con el presidente Trump y ha reiterado que las decisiones que toma México en sus relaciones con otros países son soberanas, pero para explicar el radical cambio del apoyo hacia Cuba, la Presidenta ha tenido que hacer malabares que a nadie convencen.

Hay cuatro elementos a considerar sobre el peso que el tema cubano puede tener en la alianza que conforma el movimiento Morena y la Cuarta Transformación y para la soberanía de México: la relación histórica de los gobiernos mexicanos con la Revolución cubana, el significado de la Cuba revolucionaria para la izquierda mexicana, el discurso inconsistente del gobierno y el silencio de los simpatizantes del régimen cubano.

  • Cuba y el Estado mexicano. México ha tenido un entendimiento muy especial del proceso revolucionario cubano, viéndolo desde los ojos de la revolución social mexicana y del bloqueo de Estados Unidos, algo que resuena mucho en la psique política mexicana. Para los gobiernos revolucionarios del PRI, Cuba se convirtió, a partir de 1960, en una oportunidad para marcar distancia de Estados Unidos y dar forma a una política exterior independiente y soberana que se expresó claramente con el voto solitario de México en contra de la expulsión de Cuba de la OEA en reunión de Punta del Este, Uruguay, en enero de 1962. Desde entonces, aun con los gobiernos del PAN, Cuba ha recibido apoyo de México y se ha respetado su forma de gobierno a pesar de las violaciones a los derechos humanos y la falta de democracia.
  • El significado de Cuba para la izquierda. La defensa de la Revolución cubana y de su régimen ha sido una de las banderas más distintivas y acariciadas de la izquierda mexicana, que reiteradamente ha tomado las calles para expresar su apoyo al pueblo cubano y rechazar el bloqueo estadounidense. Los gobiernos de todos los partidos han usado la relación con Cuba como una forma de construir puentes con los sectores de izquierda mexicana y de evitar su radicalización como parte de un entendimiento con el gobierno cubano.
  • El discurso zigzagueante. La Presidenta ha sufrido para tener un discurso congruente sobre el apoyo que da el gobierno de México a Cuba a través de los envíos de petróleo. El discurso combativo y soberano que antes usaba para explicar la relación con la isla desapareció. La suspensión de envíos de petróleo a Cuba fue reconocida hasta que una agencia de noticias internacional lo reveló. De la soberanía del Estado mexicano se pasó a la soberanía de Pemex; el tema se volvió algo contractual, para, posteriormente, retomar la línea del apoyo humanitario y, finalmente, después de las amenazas del presidente Trump de imponer aranceles a países que enviaran petróleo a Cuba, se transformó en una cuestión de alarma por la crisis humanitaria que podría desatarse.
  • El silencio de la facción procastrista. En todo este episodio, es sorprendente el silencio de los simpatizantes mexicanos del gobierno cubano que, ante una situación similar con un gobierno de un partido diferente de Morena, habrían incendiado las redes sociales y tomado las calles en solidaridad con la isla. En los momentos más críticos de la vida del gobierno socialista cubano, la izquierda mexicana ha quedado muda, muy probablemente bajo consigna de no generar presiones adicionales sobre el gobierno de la Presidenta Sheinbaum. Es difícil anticipar el costo que el distanciamiento de México con Cuba tendrá internamente entre el gobierno de izquierda de Morena y grupos simpatizantes del régimen cubano, pero muy probablemente lo habrá.

La situación de Cuba, así como la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro, han puesto al gobierno mexicano en un curso de colisión con el gobierno de Donald Trump. La Presidenta, a pesar de su discurso de respeto a la soberanía, parece, en los hechos, haber cedido a las presiones de Estados Unidos. Hoy está a la espera de que Washington explique los alcances de las medidas arancelarias que impondrá a los países que apoyen a Cuba para definir una postura. En otros tiempos, la respuesta habría sido automática. Ante falta de un discurso coherente y con abundantes ejemplos que ponen en duda el actuar del gobierno, hoy el discurso soberanista de la Presidenta Sheinbaum suena tan vacío como los tanques de almacenamiento de petróleo de la refinería Ñico López de La Habana.