Embajadas en remate

Claudia Sheinbaum anunció que Gertz Manero será embajador en Reino Unido, en un nombramiento polémico y cuestionado por su falta de experiencia diplomática.



Claudia Sheinbaum anunció, por fin, que Alejandro Gertz Manero será embajador de México en el Reino Unido. El nombramiento todavía no llega al Congreso, que tendrá que ratificarlo o frenarlo. Pero el mensaje ya fue enviado: las embajadas siguen siendo botín político.

En teoría, esos cargos deberían recaer principalmente en diplomáticos de carrera, formados durante años para representar al país.

Porque ser embajador no es un premio ni un retiro. Es la cara política de México ante otro gobierno. Negocia, cabildea y defiende intereses económicos, comerciales y estratégicos. No son cargos decorativos.

EL EXILIO DORADO

Usar embajadas como pago político no es nuevo ni exclusivo de un partido. El PRI lo hizo durante décadas. Mandar a alguien al extranjero era una forma elegante de sacarlo del país. Gustavo Díaz Ordaz terminó en España. Luis Echeverría en la UNESCO.

El PAN también lo hizo. Felipe Calderón envió a Eduardo Medina Mora al Reino Unido. Peña Nieto no se quedó atrás con Fernando Castro Trenti, Blanca Alcalá o Melquiades Morales.

La lógica es esta: lealtad pagada con distancia. Morena prometió romper con eso. Dijo que sería distinto. Pero no lo fue.

EL BOTÍN GUINDA

Durante el gobierno de López Obrador, las embajadas se usaron como moneda política. Exgobernadores del PRI, PAN y PRD cuyos estados pasaron a Morena terminaron representando a México en el extranjero.

Ahí está Quirino Ordaz en España, Claudia Pavlovich primero en Barcelona y luego en Panamá, Carlos Miguel Aysa en República Dominicana, Carlos Joaquín en Canadá y Omar Fayad en Noruega.

También hubo pagos internos. Rutilio Escandón, exgobernador de Chiapas por Morena, fue enviado como cónsul a Miami. Y perfiles sin experiencia diplomática ocuparon puestos clave. El caso más claro es el del general Luis Rodríguez Bucio, excomandante de la Guardia Nacional, nombrado cónsul en Dallas. Militarizando, para no perder costumbre, la diplomacia consular.

Ahora se suma Gertz Manero. Exfiscal general, figura polémica, señalado por abusos y por una gestión opaca. Londres aparece como una salida cómoda. Un exilio elegante.

EL MOMENTO INCORRECTO

El tema aquí no es solo ético. Es estratégico. México enfrenta uno de los momentos internacionales más complejos en décadas.

Donald Trump regresó al poder. Su gobierno ya lo advirtió: este es nuestro hemisferio. La Doctrina Monroe volvió. Venezuela cayó con intervención directa. Nicolás Maduro fue capturado y llevado ante un juez. Washington manda un mensaje duro a la región.

En ese contexto, México necesita diplomacia profesional, sólida y con colmillo. No operadores políticos aprendiendo sobre la marcha. La política exterior de AMLO y Sheinbaum ha estado más enfocada en ayudar aliados ideológicos, como en Bolivia, Cuba o Venezuela, que en fortalecer la posición mexicana frente a Estados Unidos, China, Rusia o Europa.

Hoy Trump presiona en migración, seguridad, comercio y narcotráfico. Habla de intervenir países con el narcotráfico como pretexto. Amenaza con medidas unilaterales. No es momento para improvisar embajadores. La política exterior no es agencia de colocaciones.

Morena prometió ser distinto. Terminó usando las embajadas igual que antes. Con otros nombres, pero con la misma lógica.

Estamos en un mundo donde el poder unilateral volvió a imponerse y el derecho internacional quedó en segundo plano. México no puede darse el lujo de mandar a Londres, Washington o Canadá a representantes débiles o polémicos.

La situación actual no está para esto.

EL DATO INCÓMODO

México se volvió el principal proveedor de petróleo de Cuba, desplazando a Venezuela, con 12 mil barriles diarios (44% del total), según Financial Times. Los envíos crecieron 56% frente a 2024, mientras en casa tenemos una de las gasolinas más caras del mundo.