Empresarios tramposos

El caso Lozoya que ha conmocionado el mundo político nacional impacta también el ámbito económico, especialmente en la forma de hacer negocios entre los sectores privado y público.
La denuncia de Emilio Lozoya Austin, revela sobornos para la obtención de contratos de obra por lo menos por 500 millones de pesos destinados a operadores y asesores electorales del PRI y a diputados y senadores de diversos órganos políticos que a cambio debieron aprobar las llamadas reformas estructurales del gobierno peñista.
La vieja práctica de ofrecer comisiones, dádivas o abiertos sobornos a funcionarios públicos de los tres niveles de gobierno fue creciendo a través de los años y de significar el conocido diezmo como cuota preestablecida para la asignación de cualquier contrato, con licitación o sin ella, pasó a sobornos descarados con los que se amarraban contratos a futuro.
El sector privado o algunos malos empresarios utilizaron sus capitales para empujar a políticos para llegar a ocupar presidencias municipales, gubernaturas y hasta la Presidencia de la República, como es el caso de Odebrecht con Peña Nieto.
Muchas empresas, principalmente constructoras, empezaban a elegir a sus alfiles para otorgarles millones a granel, bajo el compromiso de otorgar contratos súper cuantiosos cuando llegaran a ser gobernantes.
Estos empresarios tramposos aseguraban jugosas ganancias, pues los contratos se inflaban desde un inicio y se incrementaban, prácticamente a placer, durante el proceso de la obra.
Sin que hasta el momento estas viciadas prácticas se hayan logrado erradicar en las relaciones entre los sectores privado y público, el escándalo Lozoya es una seria advertencia para quienes quieran proseguir con el soborno como garantía de la adquisición de contratos.
No se puede olvidar que ya son varias las investigaciones iniciadas por prácticas delictivas en este campo. ¡Ya basta!
SUSURROS
En el sexto mes de pandemia ya se avizora un repunte en la maltrecha economía nacional, seriamente afectada por la suspensión de actividades productivas.
Desde luego que aún se está muy lejos de recuperar los números que se tenían hace un año pero la actividad industrial en junio tuvo un crecimiento de 17.9 por ciento sobre el alicaído mes de mayo. Esto parece ser la prueba clara que, al menos es este sector, ya tocamos fondo y vamos en recuperación.

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