Gabriel Milito elogia a sus Chivas y ya visualiza el siguiente reto en la Liguilla: “Siempre hay que creer”

Gabriel Milito lidera la épica remontada de Chivas ante Tigres en la Liguilla del Clausura 2026 de Liga MX y ya piensa en semifinales con fe total.



Martín Avilés / Ovaciones / Enviado

Zapopan, Jalisco.- Gabriel Milito sonrió y se abrazó con cada uno de sus jugadores tan pronto sonó el silbatazo final en el Estadio Akron tras la épica remontada de Chivas sobre Tigres en los cuartos de final del Clausura 2026 de Liga MX. El entrenador argentino encontró la fórmula para que el Rebaño Sagrado pudiera sobreponerse de un 1-3 adverso, con todo y la baja de cinco de sus jugadores, convocados por Javier Aguirre a la Selección Mexicana.

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El coloso de Zapopan aún vibraba cuando Milito cruzó la puerta de la sala de prensa. No tenía el puño en alto ni la voz desbordada. Llevaba algo más valioso consigo, al tener la certeza de quien nunca dejó de creer, aunque todo el mundo hubiera firmado su sentencia de muerte después de la desventaja de dos goles que sufrió Guadalajara en el Volcán durante el juego de ida.

Pero lo que hizo Chivas la noche del sábado 9 de mayo no fue solo una remontada. Fue un acto de fe. Y el DT argentino, con esa pausa que lo caracteriza, lo explicó desde lo más sencillo pero más poderoso, para —de paso— dar un mensaje de cara al resto de la Liguilla.

“Hay que creer, siempre hay que creer. Más allá de las adversidades que a veces te tocan atravesar en el futbol. Sabíamos que teníamos a un equipo muy poderoso por delante, y, además, teníamos el resultado adverso, pero la confianza y el creer que podíamos conseguirlo, dentro de la interna nuestra, siempre la mantuvimos”, afirmó el estratega sudamericano.

No era un discurso ensayado. Enfrente estaba Tigres, el finalista de la Concachampions, el subcampeón del torneo anterior y uno de los planteles más caros y jerarquizados del país. En contraste, el chiverío llegaba sin la mitad de sus titulares, diezmado por lesiones y por el llamado de la Selección. Necesitaba dos goles, ninguno en contra, y nadie, absolutamente nadie fuera del vestidor, lo veía posible.

“El rival te exigía eso, el resultado de la ida te exigía eso. Y la verdad, felicitar a los jugadores por el gran partido que hicieron, pero sobre todo eso: creer”, reconoció Milito.

Pero el momento más revelador de la noche no llegó con los goles salvadores de Santiago Sandoval. Llegó cuando al entrenador le preguntaron por el ruido externo, por los que ya lloraban la eliminación antes del silbatazo inicial. Milito respiró hondo y soltó una frase que sonó como un abrazo para sus jugadores y como un golpe seco para sus críticos.

“Nosotros ya sabemos cómo funcionan las dinámicas del fútbol. Cuando ganas hay fiesta y cuando pierdes es todo un desastre. Pero nosotros no caemos en esa trampa. Es muy fácil opinar sobre lo que hacen los demás. Lo más difícil es hacer, a veces con aciertos, a veces con errores, pero lo difícil es hacerlo. Nuestra función es hacerlo”, afirmó.

“Si hubiéramos perdido, ya sabemos lo que hubieran dicho. Ahora que ganamos, ya sabemos lo que van a decir. Nosotros seguiremos con la misma humildad trabajando y seguiremos creyendo”, sentenció.

Chivas está en semifinales. No por casualidad, sino por convicción. Y Milito, el técnico que no celebra con euforia sino con hechos, ya escribe el siguiente capítulo de una historia que muchos daban por terminada.