Galván impone su ley y Román toca pelo en la tercera de San Isidro

David Galván y Román protagonizaron una intensa tarde en San Isidro, marcada por el viento, una cogida y el lucimiento del gran toro “Boticario”



Foto: Manolo Briones

MADRID.- La tercera de San Isidro dejó una tarde dura de climatología y desigual de juego, marcada por el fuerte viento y por dos nombres propios que terminaron imponiéndose desde registros distintos pero de similar peso: David Galván y Román. Ambos encontraron un toro de verdad para expresarse y ambos dejaron argumentos sólidos en una corrida donde apenas hubo materia prima.

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Con tres cuartos de entrada en los tendidos —20,699 espectadores— y un ambiente de gran expectación dominical, la corrida de El Conde de Mayalde acabó sosteniéndose sobre dos animales: el primer sobrero de Fermín Bohórquez y el excelente cuarto de la tarde, éste sí del hierro titular, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre tras la oreja cortada por Román.

La tarde comenzó torcida desde el principio. “Jibelino”, abreplaza de Conde de Mayalde, salió muy protestado por su manifiesta falta de fuerzas y terminó siendo devuelto tras pasar por el caballo. En su lugar apareció “Noruego”, sobrero de Fermín Bohórquez, un toro serio, armado, con movilidad y mucho más fondo del que aparentó en los primeros compases.

David Galván entendió enseguida que la clave no estaba en el lucimiento fácil sino en imponerse a una embestida que exigía mando y colocación. El viento molestaba constantemente y el toro, aunque acudía, sabía perfectamente lo que dejaba atrás. No era una embestida franca ni sencilla. Había que someterla.

Y ahí apareció la mejor versión del gaditano. Muy firme desde el inicio, templando las arrancadas y encontrando siempre el terreno preciso, Galván fue construyendo una faena de enorme autoridad. Los derechazos tuvieron profundidad y gobierno, pero fue al natural donde rompió definitivamente la obra. La izquierda del torero surgió poderosa, capaz de llevar muy toreada una embestida que exigía valor seco y decisión absoluta. Los naturales tuvieron largura y mando, especialmente meritorios por el riesgo constante que planteaba el animal.

Más que una faena brillante fue una faena de poder. De imponerse a un toro serio, áspero por momentos, y terminar sometiéndolo. Sonó un aviso antes de entrar a matar y un pinchazo hondo dejó todo en una ovación desde el tercio, pero Madrid supo reconocer la dimensión de lo realizado por Galván, que ya había dejado una actuación de enorme calado.

Román tuvo primero un lote menos propicio. Frente a “Escultor”, segundo de la tarde, logró momentos estimables, especialmente en las primeras tandas, aprovechando la movilidad inicial del animal. Hubo disposición y deseo, pero el toro nunca terminó de entregarse del todo y la faena quedó a medio camino. Los fallos con la espada redujeron el balance a una salida entre palmas.

La nota dramática llegó en el tercero, cuando David Galván fue prendido durante un quite y tuvo que pasar a la enfermería. Gonzalo Caballero, mientras tanto, no terminó de aprovechar las opciones de “Joyero”, un toro que tuvo mejor condición de la que finalmente reflejó la faena. El madrileño anduvo voluntarioso pero espeso con los aceros, retirándose entre pitos.

Y entonces apareció el gran toro de la corrida. “Boticario”, cuarto de la tarde, de 556 kilos, del hierro de El Conde de Mayalde, correspondía originalmente a David Galván, pero fue lidiado por Román debido a la cogida del andaluz. El animal reunió clase, transmisión, recorrido y una extraordinaria fijeza. Humilló desde el inicio y acudió siempre con prontitud y largura.

Román lo entendió con claridad y dejó la faena más redonda de la tarde. Muy asentado, administrando perfectamente tiempos y distancias, el valenciano logró que las series tomaran vuelo gracias al temple y al ajuste. Al natural llegaron los momentos más rotundos, con tandas largas y ligadas que hicieron vibrar a Las Ventas. El toro repetía con calidad y Román respondió con mando y naturalidad, sin acelerarse nunca.

También por el pitón derecho alcanzó cotas altas la faena, aprovechando la nobleza franca de “Boticario”. Todo fluyó con armonía entre toro y torero hasta desembocar en una estocada efectiva que puso en sus manos una oreja de peso. El público premió además al toro con una gran ovación en el arrastre, reconociendo al mejor ejemplar de la corrida de Conde de Mayalde.

Gonzalo Caballero cerró su actuación frente al quinto con una labor de mucho esfuerzo y escaso eco. Siempre dispuesto, encontró algunas embestidas aprovechables, aunque la faena nunca terminó de tomar altura. Mató con acierto y escuchó palmas tras aviso.

Quedaba aún el gesto final de David Galván. Dolorido y visiblemente mermado, regresó para lidiar al sexto bis, otro sobrero de Fermín Bohórquez, complicado y de embestidas descompuestas. Apenas ofreció opciones el animal, pero el gaditano volvió a dejar patente su compromiso absoluto. Sin posibilidad de lucimiento, se mantuvo firme y dejó una gran estocada que cerró una tarde de enorme entrega personal.

San Isidro sumó así una corrida marcada por dos actuaciones de distinto signo pero similar importancia. La poderosa dimensión de David Galván frente al exigente primero bis y la faena templada y rotunda de Román al extraordinario cuarto equilibraron una tarde donde el triunfo artístico y el mérito más crudo caminaron de la mano.