Golpe al ejército y AMLO le ha dado todo; Pascual tenía razón: la Marina es mejor

El Ejército ha acumulado poder como nunca en este sexenio.

Es el encargado de todo: obras, seguridad, patrullajes, siembras y hasta cuidar la frontera de Estados Unidos.

La Guardia Nacional, que tendría mando civil, según la ley que funda su existencia, es dirigida por un militar.

Todos los gobiernos del mundo basan su existencia, su fuerza, su poder en las Fuerzas Armadas.

Cuando éstas dejan de ser leales al presidente, su gobierno ha terminado.

Los golpes de Estado han sido encabezados históricamente por los ejércitos.

Por eso Andrés Manuel los ha consentido. Por eso tienen 4 fideicomisos por más de 30 mil millones de pesos, cuando se extinguieron 109.

Por eso hace unos meses aseguraba en sus discursos que el ejército mexicano es leal, patriótico y que jamás cometería un golpe de Estado.

Pese a que en campaña repetía diariamente que el Ejército debía volver a los cuarteles, que cometía masacres, que acababa con los jóvenes, con los criminales, que son seres humanos, en dos años de gobierno poco a poco los ha empoderado.

Por eso la detención del general en retiro Salvador Cienfuegos Zepeda en Estados Unidos es un golpe jamás visto para la institución y para el gobierno de Andrés Manuel.

Habrá que preguntarse si en la indagatoria de la Administración antidrogas (DEA, por su siglas en inglés) no están involucrados otros mandos militares.

Nunca en la historia se había detenido a un ex secretario de la Defensa Nacional.

Nadie los hubiera imaginado, pese a que desde el sexenio de Enrique Peña Nieto se oían versiones de que Cienfuegos tenía nexos con el cártel de los Beltrán Leyva.

Un secretario de la Defensa Nacional, el más alto cargo en materia de seguridad interna, defensa del territorio y de la soberanía nacional en México, en manos de un sujeto ligado al crimen.

 

El golpe no sólo es para Peña Nieto

El golpe político es no sólo para Enrique Peña Nieto, quien ya es señalado por haber encabezado uno de los sexenios más corruptos de que se tenga memoria.

La Casa Blanca, el dispendio, el avión que no tenía ni Obama y que se rifó sin rifar por el actual gobierno; el caso Odebrecht, Petróleos Mexicanos (Pemex) y más.

No, también lo es para Andrés Manuel López Obrador, aunque él haya dicho ayer que tanto Rafael Ojeda y Luis Cresencio Sandoval, titulares de las Secretarías de Marina (Semar) y de la Defensa Nacional (Sedena), respectivamente, tienen toda su confianza, “porque son incorruptibles”.

Y porque, aunque asegura que no se dijo sorprendido por la detención, ya que hace unos 15 días, la embajadora de México Martha Bárcena, le comentó que en Estados Unidos “se hablaba” de una indagatoria que involucraba a Cienfuegos, dijo que nunca se tuvo información oficial sobre el asunto por parte del gobierno estadunidense.

Es decir, no le avisaron.

No confiaron ni en él ni en los integrantes de su gobierno.

No querían fuga de información.

Además, en México no se le investigaba ni investiga.

Y lo dijo Andrés Manuel.

¿Por qué siempre tiene que ser Estados Unidos?

Históricamente, el secretario de la Defensa saliente recomienda al presidente entrante quién o quiénes pueden relevarle.

López Obrador, ciertamente y ayer lo recordó, no le hizo caso y seleccionó él mismo a los relevos.

Tanto Felipe Calderón Hinojosa, quien comenzó a consentir a las Fuerzas Armadas porque las envió a enfrentar al narcotráfico en su estúpida guerra sin planeación, como Enrique Peña Nieto y, ahora, Andrés Manuel López Obrador, se han sentado en el Ejército.

Sí, lo sé y lo dije líneas antes, todos los gobiernos en el mundo tienen su base, en el ejército, pero en México, los tres presidentes más recientes han concentrado todo el poder en las Fuerzas Armadas y eso, está visto, no es seguro ni correcto.

Andrés Manuel dice que se irán quienes sean mencionados en las investigaciones y estén ligados o implicados con Cienfuegos Zepeda.

Tendrá que ser así.

Y deberá ordenar una investigación exhaustiva de todos los mandos que actualmente están a cargo.

Lo utilizará hasta la elección de 2024, pasando por la intermedia de 2021.

El uso político del caso por parte de López Obrador ya comenzó ayer.

En Palacio Nacional aprovechó para decir que la detención y enjuiciamiento del ex titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) muestra inequívocamente que el sistema estaba podrido y que si no era un narcoestado sí era un narcogobierno.

Y ni cómo defenderlos.

Y ni cómo negarlo.

Ciertamente una persona no significa la institución, pero, en este caso, si ésta es el general, el jefe, el que manda, es muy grave.

Y a Andrés Manuel se le acomodan los astros, porque ya tiene argumentos contra el Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el caso Cienfuegos, y contra el Partido Acción Nacional (PAN) y su archienemigo y eterno adversario, Felipe Calderón, con el caso Genaro García Luna.

El de García Luna ya está en la Corte de Nueva York y el de Cienfuegos Zepeda va hacia allá.

Habrá que esperar para conocer los nexos, que parecen existir.

Por cierto, hoy es 17 de octubre.

Hace un año se vivió el ridículo más grande de que se tenga memoria:

El operativo para detener a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, a en Culiacán, Sinaloa, fracasó.

Y lo liberaron, cuando ya lo tenían.

Que amenazaron con hacer una matanza.

Y las mentiras del secretario de Seguridad que ya se va a intentar seguir viviendo del erario en Sonora, Alfonso Durazo, ahí quedarán.

Impunes.

 

Cuánta razón tenía Pascual: la Marina es la única

“La Secretaría de Marina es la única preparada para enfrentar al crimen. El ejército mexicano muestra aversión al riesgo, es torpe y mal preparado”.

Ese reporte de Carlos Pascual, embajador de Estados Unidos en México en el sexenio de Felipe Calderón, revelado por Wikileaks, de Julian Assange, describe a la perfección al ejército y a sus integrantes.

El cable 240473 redactado por el diplomático de origen cubano-mexicano, desató la furia del entonces presidente, integrante del Partido Acción Nacional (PAN), quien pidió a Barack Obama, en una visita a Washington, su cabeza.

Y se la dieron.

El 17 de diciembre de 2009 -después de que Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, fuera abatido por elementos de la Marina en los departamentos Attitude de Cuernavaca, Morelos, el embajador envió la tarjeta informativa a Washington.

Un cable de los más de 250 mil que posee el portal de Assange balconeó a don Carlos por aquello de que “el Ejército muestra aversión al riesgo – tiene miedo-, y es torpe y mal preparado”, o que el operativo para capturar al Barbas se originó de información suya y que primero se avisó a la Secretaría de la Defensa (Sedena), pero ésta no quiso asumir el mando.

¡Qué grave acusación! Pero no está lejos de la verdad. La mayoría de los operativos y golpes fuertes que ha dado el gobierno han sido de la Secretaría de Marina (Semar).

Por eso hoy, los marinos o marines mexicanos son considerados un cuerpo de elite.

Ese cable dice que el Ejército y las Fuerzas Armadas capturan a los delincuentes -presuntos, según la ley hasta que se demuestre lo contrario-, pero no reúnen las pruebas para procesarlos, lo que deriva en que sólo ¡2 por ciento de los detenidos sea enjuiciado con éxito!.

Y el remate, es precioso:

-Al secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, puede considerársele un fracasado, ya que declaró que la captura de Beltrán Leyva “debió haber sido suya”.

La revelación desató la ira de Calderón, hasta que lo cesaron desde Washington.

 

Vámonos: Comenzó la tercera encuesta.

Y Gibrán, trepador y acomodaticio como la mayoría de los políticos, del color que sean, se tiró al piso con Mario Delgado Carrillo.

Para eso me gustaba el farsante de Iztapalapa.

Igual de vividor que Atolini con el dedini.

 

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