¡Har fuchi! a la delincuencia, y el operativo no fallido y sí planeado

Omar García Harfuch es la contratación del año.

Haciendo un símil, es como si en el futbol mexicano, tan mediocre, por cierto, un equipo de media tabla y en peligro de descender firma al cerebro y goleador que estaba en la banca de una escuadra con más recursos, pero igualmente en dificultades.

Y desde su llegada impacta.

No cumple ni 20 días en el cargo y ya da muestras de que conoce su trabajo.

El golpe dado a La Unión Tepito parece poco para lo que se sabe maneja en la ciudad más grande y poblada de México.

Dos toneladas y media de mota, veinte kilos de cocaína, cuatro de metanfetamina, armas cortas y largas, lanzacohetes, mil 500 tiros útiles, granadas, autos robados y un millón y medio de pesos cash, lo incautado.

Y llega en el momento en que se requiere confianza en las policías, en las autoridades, después del ridículo en Culiacán, Sinaloa.

El hijo de la actriz María Harfuch Hidalgo, María Sorté, y Javier García Paniagua, ex titular de la extinta Dirección Federal de Seguridad y ex líder del PRI, creció entre policías, armas y malandros.

Está hecho a la vieja escuela: dureza, madrazos y abusos.

Su abuelo, Marcelino García Barragán, era secretario de la Defensa en la matanza de estudiante de 1968.

Es licenciado en Derecho por la Universidad Continental y licenciado en Seguridad Pública por la Universidad del Valle de México (UVM) y tiene diversos cursos en Harvard y otros impartidos por el FBI y la DEA (Drug Enforcement Agency), agencia antidrogas estadunidense.

Su carrera la hizo en la Policía Federal. Es experto en inteligencia. Fue jefe de la División de Investigación de la Policía Federal y titular de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la extinta Procuraduría General de la República (PGR), hoy Fiscalía General de la República (FGR).

Fue firmado en la agencia libre, tras renunciar al gobierno federal con la llegada de Alejandro Gertz Manero como fiscal.

El secuestro y asesinato del universitario Norberto Ronquillo obligó a Claudia Sheinbaum Pardo–pese a que “¡no está sola, no está sola!”– a contratarlo para jefe de la Policía de Investigación de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, donde Ernestina Godoy continúa confundida.

El operativo no fallido, sí planeado y no precipitado, a diferencia de lo sucedido en Culiacán, Sinaloa, donde se hizo el ridículo y a cinco días aún no se revela quién ordenó ir por Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, fue un éxito.

Y no por ser un secreto a voces y una verdad conocida, lo descubierto y decomisado al cártel Unión Tepito deja de ser importante: túneles que conectan de una calle a otra, de Jesús Carranza a Peralvillo, bien construidos, con ventilación e iluminación.

Dignos de la época de Arturo Durazo al frente de la policía capitalina.

La cantidad de detenidos, la droga, las armas y los altares a los santos que adoran, así como la mezcla –sincretismo– entre religiones y creencias como catolicismo, santería y  adoración de la Santa Muerte, es algo conocido, pero no menos importante.

Es una paradoja, en la que quienes delinquen y matan se encomiendan a Dios y a sus santos para que les proteja.

García Harfuch y Sheinbaum Pardo coincidieron en acusar que a los malandros los protegían elementos de la Secretaría de Seguridad y de la Procuraduría.

Habrá que ir por ellos.

Los resultados se conocerán, evidentemente, con el paso del tiempo y servirán para evaluarlo, para saber si trajo de nuevo a la policía la mano dura.

 

Querían sus cinco minutos de fama

Los alcaldes querían sus cinco minutos.

Y los consiguieron.

Al menos 200 de diversos partidos quisieron entrar a Palacio Nacional por la fuerza.

Llegaron de madrugada.

Buscan aumento de diez por ciento en sus recursos.

Los encargados de Palacio se mancharon el traje. Bueno, en realidad, a los que se lo mancharon fue a los alcaldes y alcaldesas: les arrojaron gas lacrimógeno o pimienta, ese que arde pero bonito.

 

Vámonos:  El juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, sobrino de Dolores Padierna según reveló su servidor, no aflojó: Rosario Robles se queda en el bote.

 

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