Jannik Sinner doblega a Andrea Pellegrino y alcanza récord de Novak Djokovic con 31 triunfos seguidos en Masters 1000

Sinner avanza a Cuartos de Final en el Foro Itálico y acecha la marca de Djokovic a sus escasos 24 años



Jannik Sinner ha hecho algo más que ganar el duelo contra su compatriota Andrea Pellegrino en la cuarta ronda del Masters 1000 de Roma. Con el Foro Itálico como testigo, bajo el intenso sol italiano —donde tantas gestas se han logrado—, el mejor tenista del mundo se quitó el sombrero ante la inmensa ola de heroísmo que lo cubrió para bañarse de gloria y hacerse uno mismo con la historia.

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Parecía un día cualquiera en el calendario del tenis, pero se convirtió en una fecha imborrable para los anales del deporte blanco. El número uno del mundo se enfrentó a Pellegrino en el Abierto de Italia y el marcador final habló por sí solo con un rotundo triunfo en sets corridos por parciales de 6-2 y 6-3. Un resultado que apenas da atisbos de lo que realmente ocurrió sobre la tierra batida romana. 

Sinner no solo se impuso, sino que alcanzó a Novak Djokovic. Treinta y una victorias consecutivas en torneos Masters 1000, un récord que el serbio había mantenido durante casi 15 años, cual castillo inexpugnable. Hasta que llegó este joven de solo 24 años de edad nacido en San Candido, Italia, criado a base de determinación y una disciplina que le hace dar golpes sencillamente perfectos.

La racha comenzó casi por accidente, o quizás por necesidad. Desde aquel octubre en Shanghai, donde se vio obligado a retirarse por severos calambres ante Tallon Griekspoor, Sinner no ha vuelto a perder en este nivel, el escalón inmediatamente debajo de los Grand Slams. Cinco títulos consecutivos de Masters 1000 después, Indian Wells, Miami, Montecarlo y Madrid ya en el bolsillo, Roma como quinta parada, el italiano camina sobre la arcilla como si hubiera nacido en ella y no en la nieve transalpina.

Y si el domingo levanta el trofeo en su casa, ante su gente, se convertirá en el segundo hombre en la historia en ganar los nueve torneos Masters 1000Djokovic lo logró a los 31 años. Sinner tiene 24. La diferencia es un abismo que habla de precocidad, de hambre, de un genio que no entiende de esperas.

Pellegrino, de 28 años y número 155 del mundo, salió a la cancha sabiendo que la montaña era casi imposible de escalar. Y sin embargo, lo intentó. En los primeros compases, cuando Sinner ya había quebrado dos veces y se adelantaba 4-0, Pellegrino forzó un punto de quiebre. El público contuvo el aliento. Pero Jannik, frío como el hielo alpino, lo salvó y siguió adelante. 

Tardó 28 minutos en ceder su primer juego. Cuando finalmente lo hizo, cuando sostuvo su servicio para poner el 4-1, el Foro Itálico le dedicó una ovación que sonó a reconocimiento. No era la victoria, pero era dignidad.

En el segundo set, Pellegrino creció. Se volvió más agresivo, pasó de atacar solo el 13% de los puntos en el primer set a un 25, incluso por encima del 23 de Sinner en esos tramos. Mereció puntos de quiebre para ponerse 4-2, pero un revés cruzado se fue largo, y entonces el número uno del mundo no perdonó. Quebró, luego otra vez, y cerró el partido en una hora y 29 minutos. Pellegrino terminó sin un solo punto de quiebre en todo el encuentro. Esa es la medida de lo que enfrentó.

Sinner, mientras tanto, cedió apenas 12 puntos en sus ocho juegos de servicio. Defendió el único punto de quiebre que enfrentó con una autoridad que asusta. Permitió que su rival ganara apenas la mitad de los puntos con su primer servicio. Y aunque cometió más errores de lo habitual, aunque su tenis no fue perfecto, fue más que suficiente. Sobrado, incluso.

Ahora espera en cuartos de final al ruso Andrey Rublev, duodécimo cabeza de serie, o al georgiano Nikoloz Basilashvili, proveniente de la fase previa. Da igual el nombre. En el estado en que se encuentra Sinner, cualquier rival es apenas un nombre. El favoritismo no es una presión, es una certeza.

Pero más allá de Roma, más allá de este récord que ahora comparte con el serbio, el horizonte se llama Roland Garros. El segundo Grand Slam del año arranca el domingo 24 de mayo, apenas una semana después de la final romana. Y allí, Sinner tiene la oportunidad de completar algo aún más grande, con el muy posible Career Grand Slam, es decir, los cuatro títulos mayores a su cuenta. Dicho de otro modo, puede ganar todo lo que hay para ganar en el tenis. 

Djokovic necesitó tiempo, paciencia, años de dominio para lograr lo que Sinner tiene al alcance de la mano ahora mismo. El serbio construyó su leyenda ladrillo a ladrillo. El italiano parece estar escribiendo la suya con la urgencia de quien sabe que el tiempo, a veces, se doblega ante los elegidos.

El Foro Itálico se puso de pie cuando terminó el partido. No solo por la victoria. También por lo que significaba. Porque igualar a Novak Djokovic no es cualquier cosa. Es poner un pie en la inmortalidad. Y Jannik Sinner, con su paso firme y su muñeca prodigiosa, acaba de demostrar que allí, en lo más alto, el aire no le falta.