La falta de fondo del encierro condiciona la primera corrida del Serial Taurino de Aguascalientes

El encierro de José Barba marcó una corrida inaugural con toros sin fondo en Aguascalientes; pese al esfuerzo de los toreros, el festejo decepcionó



La tarde inaugural del ciclo mayor en la Feria Nacional de San Marcos dejó más dudas que certezas. Había ambiente, había expectación y una entrada más que digna en los tendidos, animados por el calor de una jornada que invitaba a la celebración. Pero la realidad, terca y sin concesiones, terminó por imponerse: la corrida no funcionó.

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El encierro de José Barba, llamado a sostener el arranque del serial, evidenció una debilidad generalizada que condicionó el festejo de principio a fin y lo alejó de las expectativas propias de una cita inaugural. Porque abrir una feria como esta no es un trámite menor. Es, en muchos sentidos, una declaración de intenciones. Y lo que se vio en el ruedo estuvo lejos de esa categoría.

Toros que amagaban pero no rompían, embestidas que se deshacían a mitad del muletazo, fuerzas justas —o inexistentes— que impedían la continuidad. Sin esa base, el toreo pierde vuelo, se queda en intento, en esbozo, en lo que pudo ser y no fue.

Diego Sánchez tuvo en sus manos el primero, “Orejón”, un toro que apuntaba ciertas posibilidades hasta que el azar intervino de manera abrupta: el pitón roto tras un golpe en el burladero dejó la faena en nada. Apenas un inicio con detalles capoteros y la sensación de una historia interrumpida antes de tomar forma.

Héctor Gutiérrez, frente a “Tequilero”, volvió a exhibir el momento de madurez que atraviesa. Lo recibió de rodillas, en un gesto de firmeza, y después templó el capote con cadencia. En la muleta, su toreo fue limpio, pensado, con ese pulso que distingue al torero que sabe lo que tiene delante. Pero el toro, falto de fuerza, no resistía la exigencia. Cada vez que Gutiérrez intentaba bajar la mano, el animal claudicaba. Aun así, especialmente por el izquierdo, dejó pasajes de calidad, muletazos bien instrumentados que no encontraron eco suficiente por la falta de transmisión.

Isaac Fonseca encontró en “Cigarro” el único resquicio de la tarde. No fue un toro completo, pero sí el más colaborador del encierro. Y ahí, el michoacano se volcó. Inició de rodillas, con cambiados por la espalda, en una declaración de ambición. Después, construyó una faena basada en el valor y la determinación, imponiéndose incluso cuando el toro comenzaba a venirse a menos. Hubo conexión con el tendido, hubo emoción por momentos, y sobre todo hubo un torero decidido a no dejar pasar la oportunidad.

La segunda parte del festejo confirmó la tónica. Diego Sánchez, en el cuarto, volvió a mostrarse firme, especialmente por el pitón derecho, donde logró muletazos largos y con intención. Pero el toro se fue apagando y la espada volvió a jugar en contra.

Gutiérrez, en su segundo turno, se enfrentó a un ejemplar sin opciones, sin fuerza ni entrega, ante el que solo cabía la dignidad del esfuerzo.

El sexto, en manos de Fonseca, fue el reflejo más claro del encierro: un toro débil, sin fondo, incapaz de sostener una embestida con continuidad. Abrevió con criterio y recurrió al toro de regalo, buscando revertir el signo de la tarde. Tampoco ahí encontró el aliado necesario, aunque volvió a dejar patente su actitud: firme, entregado, siempre por encima de lo que ofrecía el animal.

Al final, los tres toreros salieron reforzados en lo individual. Cada uno, desde su concepto, mostró valor, oficio y determinación. Estuvieron por encima de un encierro que no estuvo a la altura. Pero el toreo no se construye en solitario. Sin toro, no hay verdad completa.

Queda entonces una sensación agridulce. La plaza respondió, el ambiente acompañó, los toreros cumplieron con creces. Pero la base, lo esencial, falló. Y cuando eso ocurre en la primera cita de un serial de esta magnitud, la lectura no puede ser complaciente.

Conviene decirlo con claridad: no fue el inicio esperado. Y asumirlo es parte de la responsabilidad de quien mira, de quien cuenta y de quien exige. Porque solo desde esa mirada crítica se puede aspirar a que lo que venga esté a la altura de lo que esta plaza y su historia demandan.