La incongruencia de negociar con Romero

La revisión y firma del nuevo contrato colectivo de trabajo entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y el líder del sindicato, Carlos Romero Deschamps, es una incongruencia.

Sentarse a la mesa con quien es señalado como responsable en gran parte de la crisis de la ex paraestatal y de su quiebra es un error y una muestra de debilidad del gobierno federal.

Sospechoso de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, Romero Deschamps vio cerca la bala cuando agentes de la Fiscalía General de la República (FGR) detuvieron a Juan Collado, abogado de Carlos y Raúl Salinas de Gortari, mientras comían en el Morton’s de las Lomas.

Los expertos en derecho dirán que, estrictamente, tenían que hacerlo con él, porque es el líder legalmente. Sí, pero este es un tema que tiene un trasfondo político.

Y tiene una lógica en la estrategia de Andrés Manuel López Obrador: cuando está a punto de comenzar a construir la refinería de Dos Bocas, Tabasco, no quiere alebrestar a los trabajadores, porque su proyecto de salvamento de Pemex pasa por la fuerza trabajadora y la paz laboral.

Andrés Manuel presumió ayer en su mañanera que se redujeron en al menos mil 600 millones de pesos los gastos excesivos del sindicato, como prestaciones, apoyos y viáticos pero arriba, en la dirigencia, sin afectar las prestaciones de los trabajadores.

Y sí: 3.37 por ciento directo al salario y 1.80 por ciento en prestaciones.

Como si la petrolera estuviese en jauja.

Mientras la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en manos del fiscal de moda, Santiago Nieto Castillo, lo investiga, él negocia y gana para sus agremiados.

El tema no es, aunque sí lo sea, el incremento salarial ni que los trabajadores de Pemex tengan un sindicato tan poderoso, que, como la mayoría en México, deriva en diputaciones y senadurías para los líderes.

No.

Ojalá todos los mexicanos y todos los trabajadores tuvieran un empleo -de entrada que lo tuvieran- donde, además de un salario suficiente para vivir, recibieran ayuda de todo tipo.

Sin embargo, además de la incongruencia de negociar con quien presuntamente se irá a casa pronto, porque a la cárcel ya se ve difícil, después de esto, es un absurdo aumentar el gasto que significa un incremento salarial, cuando la empresa está en quiebra.

Es la petrolera más endeudada del mundo: cien mil millones de dólares. Y con una productividad en plena caída.

Y más inverosímil son las prestaciones de los trabajadores.

Por décadas, conseguir un puesto en Pemex era el sueño dorado de millones de mexicanos. Era y es como sacarse la lotería. Asegurar toda clase de canonjías y ventajas sobre el promedio de empleos y trabajadores.

Como era en la extinta Luz y Fuerza del Centro y como es en la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la SEP con el SNTE.

Imagine que a los empleados les pagan por mantenerse sanos. Sí, por no rebasar 80 centímetros de cintura en las mujeres y 90 en los hombres.

Reciben su bono de gasolina y gas. Sus hijos tienen guardería, con útiles, uniformes -de la SEP- y alimentos. Todo con cargo al erario.

Insisto: ojalá que, para empezar, todos los mexicanos tuvieran empleo. Luego, que recibieran prestaciones y ayuda, pero no absurdos como los señalados.

Y mucho menos cuando la empresa está en quiebra.

 

Bendición a Luismi

Andrés Manuel López Obrador acudió ayer a Puebla.

¿A qué?

A dar la bendición a Luismi.

Sí, a Luis Miguel Barbosa Huerta, gobernador con los colores de Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

No lo hizo el jueves, cuando tomó protesta, porque, dice, así muestra su imparcialidad.

El ex coordinador de los senadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) trabajó siempre al lado de la pandilla, tribu le llaman, de Nueva Izquierda o Los Chuchos.

Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Carlos Navarrete, Guadalupe Acosta Naranjo y más. Todos, adversarios de López Obrador.

Desde ahí, Barbosa Huerta saltó a Morena.

López Obrador hizo coincidir sus visitas a hospitales públicos, principalmente del IMSS, para estar en la primera gira de Barbosa como gobernador. Y ahí estaba Zoé Robledo, director del IMSS.

Y éste volvió a entregarse:

-Tengo madera como la del señor presidente, porque me preocupa el bienestar social.

El 24 de enero fue su primera visita al estado justo a un mes de la muerte de Martha Erika Alonso, la gobernadora del PAN, y su esposo, Rafael Moreno Valle, ocurrida cuando cayó el helicóptero en el que viajaban desde Puebla a la Ciudad de México.

No había ido.

 

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