La nueva realidad

La corrupción sigue intacta, los niveles de violencia están igual, la pobreza no disminuye, el crecimiento no se acelera, pero desde el primero de diciembre México vive una nueva realidad.

Primero ante el Congreso y en el Zócalo después, en una inédita jornada de toma de posesión, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, asumió los retos, los profundos desafíos que el país enfrenta y ofreció un cambio de régimen, lo que él llama la cuarta transformación.

Con la esperanza y la necesidad de la mayor parte de la población (entre el 65 y el 80 por ciento, según las encuestas) descargada sobre su espalda, el hombre de Macuspana ofreció como eje toral de su gestión la lucha contra la corrupción, a la que culpó, junto al neoliberalismo, de la mayor parte de los avatares de la nación.

Por ello, es de resaltar el compromiso asumido, que no por obvio es menor, cuando dijo que “con apego a mis convicciones y en uso de mis facultades, me comprometo a no robar y a no permitir que nadie se aproveche de su cargo o posición para sustraer bienes del erario o hacer negocios al amparo del poder público”.

Y más cuando puntualizó: “la legislación en cuestión, será aplicable “para amigos, compañeros de lucha y familiares (…) dejo en claro que si mis seres queridos, mi esposa o mis hijos cometen algún delito, deberán ser juzgados como cualquier otro ciudadano”.

El cumplimiento de ese compromiso será central en el alcance de las muchas promesas ofrecidas, y por parte del pueblo, de la ciudadanía, debe ser la primera exigencia, como debería serlo también del sector privado, de los hombres del capital que hoy hacen bajar al peso y a la bolsa, pero poco abonan a la legalidad y al cumplimiento cabal de las leyes.

Si ese compromiso de no robar ni permitir que lo hagan los funcionarios de su gobierno, ni sus allegados, se cumple, se entrará en verdad a la Cuarta Transformación y López Obrador habrá respondido con hechos a la exigencia de las mayorías que en unas cuantas palabras sintetizó Sandra González, la ciclista que se le acercó a su auto cuando iba al Congreso el sábado pasado:

No nos puedes fallar… en ti confiamos”.

Lo contrario sería pura demagogia.

SUSURROS

No es menor el problema desatado con la cancelación del NAIM y las presiones de los tenedores de acciones de los bonos emitidos para financiar la obra, pero tampoco es insalvable ni será el Waterloo del gobierno naciente.

El anuncio de compra de bonos por hasta 1,800 millones de dólares es justamente para despresurizar las tensiones en la Bolsa de Nueva York y en Bolsa Mexicana de Valores, al ofrecer la recompra sobre 90 dólares por emisión contra el valor de mercado de 77.73.

La estrategia será desde luego costosa, lo que se sabía desde antes, pues el total de los compromisos financieros supera los 7mil millones de dólares, pero abre la oportunidad de una negociación con los contratistas para redirigir los bonos a nuevos proyectos como el del aeropuerto de Santa Lucía.

Por lo pronto toda la secuela de lo que iba a ser el aeropuerto de Texcoco, es utilizado para enfrentar al nuevo gobierno y doblegarlo. La primera batalla ya se dirime.

Email: salvadormartinez@visionmx.com Twitter: @salvador_mtz

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