Leal Sebastián: un nuevo héroe en gestación

Ante la normalidad de tu dormir, opto por platicar sólo conmigo, sabiéndome tranquilo porque lo tuyo no es muestra ni de pasividad ni de ambición desmedida para acumular sueño al eterno que nos espera. Lo sé porque dices no saber de toros, pero los sientes intensamente y eso, creo, es indicio de vida plena en el aquí del corazón y en el ahora como juego continuo de lo desconocido.

Aprovecho que duermes y cuestionarás hasta dentro de unas horas las florituras de mi lenguaje, que espero no juzgues con severidad, ya que únicamente ejecuta las órdenes de su amo el pensamiento, víctima, a su vez, del caprichoso moldeado hecho por las circunstancias.

En tu quietud intento entender sobre esperanzas, sentimientos y lealtades cayendo, nuevamente, en esas figuras taurinas que hicieron las veces de manos que formaron o deformaron mis aproximaciones a la existencia.

Empiezo así evocando en blanco y negro, por enésima ocasión, las imágenes de Manolo Martínez ordenando a la multitud, con su muleta, transformar la condena a su quehacer en la beatificación de su ser.

Igualmente, vuelvo a explicar la razón que algunas personas dan a la vida, recordando a quienes demostraron que grandeza no es lo mismo que fama, como lo confirmaron Armando Chávez “Carnicerito de Puebla”, al que bastó en la México un solo novillo en una sola tarde de 1970, para enfermar crónicamente “de montera” a un niño, y Guillermo Montero, quien durante una tarde de copiosa lluvia en el mismo coso optó por hundir los pies en el barro, grabando para siempre en la misma mente infantil la decisión de aguardar con dignidad la muerte o declarar el triunfo del espíritu sobre el cuerpo.

En este nuevo rizo de recuerdos no puede dejar de aparecer la lealtad encarnada en la práctica del rejoneo, a la que me acerqué platicando en alguna ocasión con Rodrigo Santos, abordando hechos como la confianza que le otorgaba su cabalgadura cuando esta aguantaba la embestida del toro hasta la orden de su jinete, en una suerte en la cual el caballo colocaba la cabeza en medio de los miembros anteriores flexionados.

“¿Y luego, amor”, te despertaste justo a tiempo.

Quiero atreverme a tocar el tema del rejoneo o el toreo a caballo, otrora actividad de nobles y caballeros, quienes lanceando reses bravas se preparaban para la guerra, en un ejercicio antecesor de la lidia a pie.

Y, sí, traigo a colación lo anterior, alma mía, debido a la nueva incursión que hace en Portugal el joven guerrero Leal Sebastián, quien a sus cerca de 20 años de edad demuestra que el talento, valor y disciplina no requieren muchos años de incubación.

Conocerle personalmente me permite afirmar que posee una de las cualidades del ser humano capaz de ver hacia delante: la lealtad y respeto hacia su padre y maestro.

A esa cualidad de figura de la vida, suma sus virtudes taurinas, que también he constatado en el hijo del matador de toros en retiro Joselito Ruiz.

Su viaje hace una semana a la Península Ibérica no tuvo los grandes reflectores de las “estrellas”, los que hoy no requiere, pues ilumina su vida con la luz mayor que dan los sueños, la vocación y los valores humanos.

Apenas por cumplir un año como profesional del rejoneo, Leal Sebastián llama la atención por estar tan lejos de cuantiosa fortuna como cerca de enormes deseos de ser, tantos, que le impulsan a medirse con los mejores del mundo.

Refrendo mi coincidencia acerca de los toreros, como unos de los últimos héroes que quedan en el mundo. Anteponer el honor al riesgo de muerte, hacer lo que se debe sin reparar en el temor de hacerlo, vencer con el ímpetu del corazón a una fuerza enormemente superior y explorar terrenos en los que se desconoce qué habrá, son características de los profesionales del toreo, que además de ser dignas de admiración resultan ejemplos de vida plena.

Sin duda alguna, el rejoneador, como torero a caballo, es también parte de los escasos héroes de la época moderna.

Alma mía recién despertada: permíteme seguir apostando a favor de quienes sueñan tanto que no reconocen límites, como Leal Sebastián, un nuevo héroe en gestación.

riverayasociados@hotmail.com

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