Los 9 colgados y el vendedor del puente

La fotografía es brutal.

Nueve cuerpos cuelgan de un puente junto a una narcomanta, mientras, debajo de éste, un hombre vende hamburguesas.

Ese es el grado de deshumanización y de cómo los mexicanos han perdido la capacidad de asombro y se han acostumbrado a las ejecuciones, a los decapitados, a los levantones, a los secuestros, a los asesinatos, a vivir en riesgo, en peligro de ser los siguientes.

Ya son 13 años de la fracasada guerra contra el narcotráfico.

Felipe Calderón Hinojosa, en su afán por legitimar su triunfo en la elección de 2006 –aiga sido como aiga sido- con aquel 0.56 por ciento, decidió portar el uniforme militar y montarse en el Ejército para ganar el aplauso y lo único que consiguió fue generar una fragmentación de los cárteles del narcotráfico y desatar una disputa intestina.

Creó la Secretaría de Seguridad y la entregó a Genaro García Luna.

¿El saldo? Cien mil muertos y treinta mil desaparecidos.

El sexenio de Enrique Peña Nieto no fue distinto.

Por decreto se acabó con las palabras levantón, decapitado, daño colateral, narcotráfico, cárteles, capos y más.

Su obsesión con el Pacto por México, producto de la calenturienta y traicionera mente de la banda Los Chuchos o Nueva Izquierda, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), y aterrizado por Gustavo Madero, del Partido Acción Nacional (PAN) y Luis Videgaray, lo hicieron olvidar la violencia y el crimen.

Ayotzinapa la noche del 26 de septiembre de 2014 devolvió a los mexicanos a la realidad.

Tuvo entonces que enfrentar al crimen, que, cual polvo, sólo había barrido debajo de la alfombra.

Nuevamente el Ejército y la Marina – la Policía Federal fue desmantelada-  fueron la base.

Las reformas fueron su perdición.

¿Y el saldo? 130 mil muertos y otros 30 mil desaparecidos.

Hoy, no queda ni una y el país está sumido en una crisis de esas a las que estamos acostumbrados quienes crecimos en las décadas del setenta y ochenta.

Ayer, Andrés Manuel López Obrador reiteró que no enfrentará a la violencia con más violencia. Que no dará un garrotazo al avispero (sic) y que continuará combatiendo las causas de la pobreza y de que esos mexicanos sin oportunidades no se sumen a las filas del crimen.

Pero los mexicanos están desesperados.

Los empresarios piden seguridad, porque, mientras no exista, las inversiones se detendrán. Y en siste meses, casi ocho, ya son 16 mil muertos.

En Guanajuato esta semana se conoció cómo las tortillerías en Celaya cerraron ante la extorsión de que son víctimas sus propietarios.

Uruapan amaneció el jueves con las aterradoras imágenes de los cuerpos colgantes y destazados y Veracruz, donde Cuitláhuac García es un fracaso como gobernador, aparecieron nueve embolsados entre jueves y viernes.

En la CDMX todos los días se conocen asaltos impunes.

Salir a la calle significa no saber si habrá un tiroteo, si uno o varios secuestradores lo levantarán o si será asaltado.

Abordar un taxi, un camión o el auto propio puede ser lo último que se haga en la vida.

La Guardia Nacional es la apuesta de Andrés Manuel.

Ojalá, por el bien de las futuras generaciones, como lo dijo en Durango, funcione.

 

Resultados el mismo día

Mañana habrá elección en el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Y dicen que se conocerán los resultados por la noche.

Por el bien del tricolor, del sistema político y del país, que tanto requiere contrapesos, ojalá que no haya sobresaltos.

Alejandro Moreno Cárdenas, Ivonne Ortega Pacheco y Lorena Piñón quieren dirigir al tricolor, que se niega a morir.

 

Recorte, pero aguas

Ricardo Monreal apoya el recorte al financiamiento a los partidos políticos, pero pide cautela para evitar sorpresas.

-A México le conviene un régimen de partidos sólido, consolidado, una oposición fuerte. No hay que temer a los grupos políticos organizados en partidos. Hay que tener cuidado para que no se ponga en riesgo su funcionamiento, dice el coordinador de los senadores de Morena.

 

Vámonos:

Azcapotzalco, de Vidal Llerenas, parece superficie lunática: cráteres.

¿No puede bachear la zona del inexistente Puente de Vigas?

Y qué decir de Raciel Pérez, en Tlalnepantla. Mario Colín es basura.

¿Pero qué tal a la hora de pedir el voto?

 

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