Los desaparecidos del Mundial

El fútbol argentino conmemoró los 50 años del golpe de Estado, repudió el negacionismo y homenajeó a las víctimas de la dictadura



El pasado 24 de marzo se cumplieron 50 años del inicio de la dictadura más brutal de la historia argentina. Ese día, la Casa Rosada publicó un video de 75 minutos en el que acusó al kirchnerismo de haber impuesto “una visión sesgada y revanchista” de la historia, y puso en el mismo plano el terrorismo de Estado –que torturó, asesinó y desapareció a 30 mil personas– con la violencia de las guerrillas en el país. Ante ello, el futbol respondió y demostró que tiene memoria y, en el Día Nacional por la Verdad y la Justicia, repudió el golpe de Estado, recordó a las víctimas de la Junta Militar y realizó homenajes a los socios de los clubes y aficionados desaparecidos.

Contrario al relato –hoy– oficial, varios equipos salieron a la cancha con el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo bordado en las camisetas. Además, de forma unánime, los 30 equipos de futbol de primera división desafiaron el negacionismo y reivindicaron la cifra de desaparecidos –desdeñada desde el oficialismo– e hicieron alusión al aniversario del golpe de Estado. Incluso el defensor Germán Pezzella, campeón del mundo con Argentina en Qatar 2022, se manifestó.

Hoy en día, en Argentina se juega en libertad, pero en 1978 el futbol se usó para lavar la cara del gobierno, con la anuencia de la FIFA. El 1 de junio de ese año, el dictador Jorge Rafael Videla, acompañado de autoridades eclesiásticas, declaró inaugurado “el Mundial de la paz” en el Estadio Monumental de Núñez. A su lado también estaba el brasileño Joao Havelange, que quería que todo funcionara perfecto en su primer Mundial como presidente de la FIFA.

A sólo 700 metros del estadio de River estaba la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), el principal centro de detención, tortura y muerte de la dictadura, de los más de 800 centros clandestinos que había para ese fin, durante la dictadura que gobernó el país de 1976 a 1983. Además, en ese lugar, al menos 37 mujeres embarazadas dieron a luz. Los bebés se quedaron en manos de parejas de militares o cómplices, anularon su identidad, mientras sus madres eran generalmente asesinadas.

En el inicio de la segunda fase del torneo, el 14 de junio, Graciela Palacio de Lois y Angela Paolín de Boitano, a quien le secuestraron a sus hijos Miguel Ángel y Adriana, dejaron el miedo a un lado y entraron al Estadio Monumental con papeles entre su ropa, en los que había nombres de los ausentes y denunciaban que en Argentina se desaparecía, se mataba y se torturaba. Dejaron unos bajo las butacas. Fueron a los baños de mujeres y dejaron otra tanda. En el de los hombres los aventaron por arriba de la puerta. Volaron papelitos en el estadio con fichas de jóvenes que no volvieron, mientras Italia y Alemania Federal igualaban sin goles.

En las calles, las Madres de Mayo, que tenían poco más de un año de haberse organizado, salieron a denunciar ante la prensa internacional la ausencia de los suyos. En 25 días de competencia, se documentó la desaparición de 50 personas, dos por día.  “Son mentiras”, dijo en su momento Videla ante los periodistas neerlandeses Jan van derPutten y FritsBaren, quienes abiertamente le preguntaron por los desaparecidos. El dictador, que se decía católico, abordó el tema casi un año y medio después, en una conferencia después de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al país, en la que documentó que el Estado cometió graves delitos, incluyendo desapariciones forzadas. Sin inmutarse, el presidente de facto señaló: “Frente al desaparecido, mientras esté como tal, es una incógnita. Si el hombre apareciera, tendrá un tratamiento X. Si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tiene un tratamiento Z. Mientras sea desaparecido, no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido”.