Lozoya, testigo protegido… y consentido; cuarentena baja delitos en la CDMX

Emilio Lozoya Austin no sólo es un testigo protegido.

Es un testigo consentido.

Al comenzar ayer formalmente el proceso en su contra por la compra de fierro viejo  -la planta Agro Nitrogenados, del triquiñuelas Alonso Ancira, de Altos Hornos de México, quien, por cierto, ya ofreció devolver la copa- declaró desde la comodidad de su habitación en el hospital, donde está desde que llegó de España.

Como la Fiscalía General de la República (FGR) no pidió cárcel para el amigo de Enrique Peña Nieto, el juez José Artemio Zúñiga decidió no tener objeción alguna y sólo ordenó que entregue su pasaporte, su visa y que le coloquen un brazalete para tenerlo monitoreado vía GPS.

Que no se vaya a pelar, dijo la Fiscalía.

Y el juez que, se lo aseguro, no es de consigna -igualito que el juez  Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, sobrino de Dolores Padierna, como se lo rebelé aquí el año pasado, que dejó en la cárcel a Rosario Robles- ni fianza le fijó al joven de cuna fina, hijo de Emilio Lozoya Thalmann, amigazo de Carlos Salinas de Gortari.

Por doce horas, el ex director de lo que queda de Petróleos Mexicanos (Pemex) compareció ante el juez, quien se limitó a mantenerlo en el hospital Angeles, del Pedregal, donde lo tratan como en hotel cinco estrellas y lo vigilan las 24 horas del día, no sea que intenten eliminarlo.

¿Qué es esto, además de lo que parece una farsa?

Un espectáculo montado al estilo del PRI y del PAN.

Esos que Andrés Manuel López Obrador no puede ver ni en pintura.

Hay que sacarle jugo, porque 2021 está a la vuelta de la esquina y los momios no favorecen a Movimiento Regeneración Nacional (Morena), como hasta finales de 2019.

Si Lozoya Austin tiene las pruebas, que las muestre.

Ayer se declaró inocente, obvio, y aseguró que lo presionaron.

Que él no quería hacerlo, pero que mentes criminales lo asediaron, lo obligaron a cometer un delito que él, la neta, la neta, no quería cometer.

Pero ya sabe cómo es esto de las malas compañías: lo presionaron y pus cedió y se dio.

¿Y a quién va a señalar, a acusar, a balconear?

Pus todo indica que a Luis Videgaray Caso y a Enrique Peña Nieto.

Porque, se lo aseguro, en ese sexenio nadie más que ellos podían ordenar eso.

El ex gobernador del Estado de México confiaba en su espadachín en funciones de vicepresidente.

Habrá que esperar para saber cuál fue el acuerdo al que llegó Lozoya Austin, pero no debe olvidarse que el 10 de junio de 2019, cuando aún lo defendía Javier Coello Trejo, ofreció dar a conocer la verdad histórica del caso Agro Nitrogenados y, principalmente, de Odebrecht, de la que habría recibido al menos diez millones de dólares para la campaña peñanietista a cambio de garantizar contratos cuando ya fueran gobierno.

 

Menos gente, menos delitos

Claudia Sheinbaum Pardo asegura que bajaron los delitos en la ciudad de México durante la contingencia sanitaria por Covid-19.

Y aunque reconoce que la cuarentena, el quédate en casa y más son factores claves, asegura que las cifras no se han disparado pese a que ya se abrió la actividad y que el semáforo naranja ya tiene un mes.

Sabe perfectamente que los ciudadanos no han salido a las calles, como si ya se estuviese en la normalidad y eso, por lógica, incide en las estadísticas: menos clientes, menos víctimas, menos malandros.

Pura lógica.

Omar García Harfuch reapareció, después del atentado del 26 de junio.

Se ve seguro.

La libró.

Bienvenido.

 

Vámonos: ¿No sería inteligente que los gobiernos estatales y municipales facilitaran por la emergencia los permisos, por ejemplo, de construcción para generar empleos?

Hay decenas de personas que quieren ampliar, construir, remodelar e invertir, pero la burocracia, las licencias, el “tráigame su certificado de defunción” y más, lo impide.

¡Pónganse las pilas los alcaldes y presidentes municipales!, sobre todo en la CDMX y el Estado de México.

Hay que gastar, invertir -los que puedan, por supuesto- porque eso reactiva la economía.

 

albermontmex@yahoo.es        @albermontmex

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