México sí es un narcoestado; Calderón desafía a López Obrador

¿Era o es México un narcoestado?

El término como tal no existe.

Pero en la vida real, en la práctica, sí.

Y significa que el narcotráfico se ha enquistado en el gobierno.

Que se ha filtrado, que ha conseguido meterse.

Y que manda, que toma decisiones y las impone.

Andrés Manuel López Obrador hizo ayer una acusación muy grave y, ahora, deberá demostrarlo:

Que en los gobiernos anteriores, específicamente en el de Felipe Calderón Hinojosa, se vivía un narcoestado.

Lo asegura a raíz de las acusaciones y el juicio en contra de Genero García Luna, secretario de Seguridad en el sexenio del ex integrante del Partido Acción Nacional (PAN) por haber recibido presuntamente tres millones de dólares en sobornos del cártel de Sinaloa de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, cuando era el responsable de combatir al crimen organizado y al narcotráfico.

-Llegó a hablarse de un narcoestado y yo, sinceramente, en ese entonces, pensaba que no era correcto clasificar de esa manera al Estado mexicano, pero luego, con todo esto que está saliendo a relucir, pues sí, se puede hablar de un narcoestado.

Porque estaba tomado el Gobierno. Quienes tenían a su cargo combatir a la delincuencia estaban al servicio de la delincuencia. Mandaba la delincuencia, tenía una gran influencia la delincuencia, era la que decidía a quién perseguir y a quién proteger, dijo ayer Andrés Manuel.

Le asiste la razón.

Pero eso sucedía en México no sólo en el pasado.

El narcotráfico ha dominado y domina territorios enteros, donde el Estado no tiene acceso.

Porque no puede, porque no tiene capacidad o porque no quiere.

La diferencia es que en el sexenio de Calderón sacudía a los mexicanos la violencia jamás vista.

El casino Royale, los estudiantes del Tec de Monterrey, los médicos confundidos, los migrantes de San Fernando, las fosas clandestinas, los policías federales emboscados y una larga e interminable lista que sumó 121 mil 613 muertos y treinta mil desaparecidos.

Y ese afán por legitimar su robo de la presidencia en 2006 con aquel 0.56 por ciento que hizo a un lado a López Obrador, precisamente, aiga sido como aiga sido, lo llevó a declarar una estúpida guerra al crimen, que México aún paga.

El sexenio de Enrique Peña Nieto no fue distinto.

La matanza de Ayotzinapa, la de Tlatlaya, la del bar Heaven en la CDMX, los motines en las prisiones de Topo Chico, de Durango y más.

Con todo y que quiso acabar por decreto con la violencia, y anunció operaciones quirúrgicas en busca de 120 objetivos. Hasta contrató a Oscar Naranjo, llamado el Mejor Policía del Mundo, colombiano que ayudó en la cacería de Pablo Emilio Escobar Gaviria, capo del cártel de Medellín.

El saldo: 156 mil 437 homicidios y 40 mil desaparecidos.

La cifra más alta en cuatro sexenios.

Hoy ya se ha vuelto cotidiano, normal, ver matanzas todos los días.

Basta recordar que 2019 es, hasta ahora, el año más violento en la historia desde que se lleva la estadística: 34 mil 582 asesinatos.

En noviembre de ese año, la familia LeBaron, de Chihuahua, perdiá a una decena de integrantes en una emboscada.

Apenas el 2 de julio, por ejemplo, en Irapuato, Guanajuato, 28 jóvenes fueron ejecutados por un comando enviado presuntamente por José Antonio El Marro Yépez Ortiz, líder del cártel Santa Rosa de Lima.

El gobierno actual no ha quedado exento de escándalos con el narcotráfico.

Basta recordar la liberación de Ovidio Guzmán López el 17 de octubre de 2019, cuando un operativo para capturarlo fracasó y Andrés Manuel dio la orden directamente -reconocido apenas el 19 de junio por él-  de liberarlo, pese a que ya lo tenían, porque el cártel de Sinaloa, del que su padre, El Chapo Guzmán, es el capo, tenía el control de la situación y amenazaba con ejecutar a las familias de policías y soldados.

Sinaloa es territorio del cártel del Pacífico o de Sinaloa.

Es casa de los Guzmán y nada se mueve sin que éstos lo ordenen.

Así lo dijo el abogado de la familia, José Luis González, quien se atrevió a asegurar que la seguridad de López Obrador no corría peligro mientras estuviera en Sinaloa y, específicamente, en Badiraguato, municipio donde el tabasqueño estuvo en marzo de este año, ya con la epidemia en crecimiento, y saludó de mano a  María Consuelo Loera Pérez, madre del narcotraficante preso en Nueva York.

López Obrador argumenta que lo hizo para evitar una masacre, en el caso Ovidio, y por humanidad, en el de la madre de El Chapo.

-A mí me pueden criticar por muchas cosas pero yo no soy el presidente que anda saludando de la mamá de El Chapo, yo no liberé a ningún criminal. Yo soy el presidente del gobierno que más criminales ha extraditado ante la justicia de Estados Unidos, dijo ayer Calderón en respuesta a López Obrador.

Y al acusar una persecución política, desafió:

-Aquí estoy, me van a hacer los mandados. Yo vivo en México y cuando quieran estoy dispuesto a acudir a donde me llamen.

¿Es México un narcoestado?

 

Gobiernos de coalición, plantea Díaz

La alcadesa de Guadalupe, Nuevo León, Cristina Díaz propone que la única manera para salir de la crisis causada por Covid-19, será si se genera un cambio en el sistema político “y si le apostamos a los gobiernos de coalición”.

El próximo gobierno de Nuevo León, asegura, debe analizar la posibilidad de integrar un gabinete bipartidista o multipartidista, como una manera de poder servirle a los ciudadanos.

 

Vámonos:  Póngase el tapabocas. Como dijera Javier Alatorre: no haga caso a Hugo López Gatell.

 

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