Indicadores como el consumo y la inversión, que son los principales motores del crecimiento de la economía del país, no muestran mejoras importantes, lo que finalmente se refleja tanto en el menor dinamismo de la actividad económica, como en la debilidad de las expectativas de crecimiento, advirtió el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP).
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En su análisis semanal, destacó como preocupante que para más adelante las expectativas siguen deteriorándose, ya que el consenso anticipa que el debilitamiento de la actividad económica “se prolongará por varios años”.
Y es que, aseveró que, para los próximos 10 años “los especialistas prevén un crecimiento promedio anual de sólo 2.0%, el mismo que en los últimos 30 años”.
El organismo dependiente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), consideró que la coyuntura se complica dada la resistencia a la baja que mantiene la inflación y por ende, a la política monetaria restrictiva que mantiene el Banco Central.
También ante la respuesta de política monetaria ante la persistencia de la inflación ha sido decidida. El Banco de México ha mantenido sin cambio su tasa de interés desde marzo pasado.
De ahí que, consideró que la nueva administración deberá ajustarse hacia programas que realmente tengan una rentabilidad social y productiva que contribuya a un mayor crecimiento y bienestar.
“No hay duda de que uno de los principales objetivos del nuevo gobierno será encontrar los mejores mecanismos para obtener los recursos suficientes y asignarlos de la mejor manera para cumplir con las expectativas de mayor crecimiento, inversión, empleo y bienestar social.
“Para ello es fundamental una serie de ajustes que además de fortalecer las finanzas públicas, de manera conjunta permitan sentar las bases de un entorno en el que las empresas y personas tengan la capacidad de desarrollarse eficientemente, fomentando la competitividad y la productividad que requiere el país”, sentenció.
El CEESP consideró que lo anterior debe estar acompañado de una adecuada regulación, de una sana competencia, de un entorno fiscal competitivo y por supuesto, que quizá sea lo más importante, de un estado de derecho que dé certidumbre a la sociedad y a los emprendedores.
Agregó que en un entorno como este las empresas, principalmente las formales, tendrían una mayor posibilidad de aumentar el empleo de calidad con ingresos suficientes para mejorar el bienestar de las familias. Es claro que esta es la mejor forma de reducir los niveles de pobreza.
En su análisis dijo que, de acuerdo con la información del INEGI, en el primer trimestre de 2024, el comportamiento de la actividad económica del país mejoró modestamente, pero no se perciben señales de una mejora más pronunciada para los próximos trimestres, “lo que posiblemente responda a la incertidumbre del último año del sexenio”.
Y los datos indican que en el primer trimestre del año el Producto Interno Bruto (PIB) creció 0.3% respecto al trimestre previo; en su comparación con un año antes aumentó solamente 1.9%, “porcentajes que resultaron inferiores a la estimación de los especialistas que anticipaban avances de 0.33% y 2.3%, en ese orden”, dijo.
Asimismo, mientras en abril las ventas al menudo reportaron un avance anual de 0.5%, hay una clara tendencia a la baja; la inversión fija bruta que creció 10.5%, fue su menor avance en los últimos 15 meses y mantiene una clara tendencia a la baja, al igual que la capacidad de generación de empleo formal, pues el IMSS indica que en junio, el total de trabajadores afiliados se redujo en 29 mil 555 registros, acumulando dos meses consecutivos con un comportamiento similar; por lo que en mayo y junio se acumuló la pérdida de 54 mil 758 empleos registrados.

Foto: Cuartoscuro.com 


