¡No, ya!. Es esto: AMLO olvida a 50 millones

No, ya. ¡Es esto!. Solamente que esto, objetivamente, no funcionara se harían ajustes, pero no nos adelantemos, no descalifiquemos”.

Así resumió Andrés Manuel López Obrador ayer cuando le preguntaron si habría una ampliación, nuevas medidas o ajuste a su plan de rescate económico que presentó el domingo para enfrentar el desplome económico por la pandemia de covid-19.

-No vamos a utilizar la receta neoliberal, reiteró, y soltó un dicho para los libros de historia:

-Estamos pensando incluso, que va a ser un modelo a seguir para otros países, porque lo que estoy viendo es que se está derrumbando el modelo neoliberal, porque eso es lo que está pasando. El coronavirus precipitó la caída de un modelo fallido, por eso la crisis mundial en todo sentido.

Andrés Manuel dejó ir el domingo la oportunidad de erigirse en el líder de no sólo los 31.1 millones que votaron por él en julio de 2018, sino de todos los mexicanos.

De dejar a un lado, al menos en la contingencia, el discurso que polariza y hacer un llamado a la unidad.

A pobres y a ricos y a esa masa aspiracional  que se halla en medio.

Hasta quienes no lo apoyaron esperaban un anuncio que incluyera a todos los sectores.

La semana pasada le dije que Andrés Manuel se jugaba el futuro de la 4T con el anuncio que hiciese. Y no exageré.

Y se va a morir con la suya, como dicen en el barrio.

No se ha puesto a analizar que de 31.1 millones de votos que obtuvo, al menos 15 millones son de clase media y hasta alta, que creyeron en él y lo vieron como una opción, desesperados por la corrupción, los 250 mil muertos de Calderón y Peña y las crisis reincidentes.

Y que lo van a dejar en la próxima elección.

Están en juego las intermedias de 2021 –trece gubernaturas, congresos locales, alcaldías y la Cámara de Diputados federal- y la presidencial de 2024 que parece lejana, pero no lo es.

La mayoría simple, que hoy tiene en la Cámara de Diputados podría perderla. La calificada la consigue con los aliados, que también estarán en el filo.

Su voto duro, su clientela, ha sido de alrededor de 16 millones desde 2006, incrementada ahora a 22 millones por los apoyos sociales.

En Palacio Nacional volvió a ese discurso revanchista, que señala a los ricos como los malos de la película y a los pobres como las víctimas.

Y tiene mucho de cierto, pero ya no está en campaña.

Esa imagen de Palacio Nacional fue contundente.

El patio central vacío, sin invitados por las medidas sanitarias, sí, pero poco cuidado.

El mensaje que se envió fue el de un presidente solo, con un escenario enorme en el que su figura apenas y se veía.

Las tomas de los camarógrafos de Cepropie le ayudaron, porque las hacían cerradas para evitar mostrar ese vacío y esa soledad.

Andrés Manuel ejerce una presidencia de un solo hombre, que decide todo, que no se mueve un milímetro de su posición, por su carácter.

Y difícilmente alguien se atreve a contradecirlo o a hacerle una observación.

Tampoco ha entendido que esa masa clasemediera, la que tiene micro y medianas empresas le pedía empatía, apoyo moral que en este momento es fundamental y valioso.

Una situación extraordinaria requería de una decisión contundente, distinta.

Y no lo hizo.

Algunos dirán que no engaña a nadie, porque se mantiene en su discurso.

Tal como sucedió con la cancelación del aeropuerto de Texcoco, cuando hubo quienes creyeron que era sólo verbo de campaña y que ya en la presidencia continuaría las obras.

Se equivocan.

¿Cuántos de los que hasta ahora han sido despedidos habrán votado por él?

El domingo volvió a enviar una señal preocupante cuando dijo que los funcionarios, de subdirector hasta el presidente, no recibirán aguinaldo y que se les reducirá el salario.

¿Qué opinarán esos trabajadores?

Andrés Manuel tiene miedo, pavor a dos cosas:

A perder el poder, que tardó 18 años en ganar, y a endeudar más al país.

Por eso hace referencia cada que puede a un golpe de Estado que sólo él ve y por eso descarta acudir a un préstamo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

-Estamos haciendo hasta lo imposible por no endeudarnos, ha dicho.

Y usará 500 mil millones de pesos de fideicomisos y del fondo de estabilización. Promete dos millones de empleos en nueve meses. Imposible.

En México hay 124 millones de habitantes.

De estos, 55.5 millones viven en la pobreza y 11.5 en pobreza extrema.

Es absolutamente justicia que se les ayude, que se piense en ellos, olvidados históricamente por los 78 años de gobierno del PRI y 12 del PAN, pero la clase media, en la que se ubican al menos 50 millones de mexicanos no pueden ser echados al olvido e ignorados.

¿Quiénes pueden resistir esta crisis?

Los grandes empresarios, los dueños de industrias, de grupos.

Carlos Salazar Lomelín, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) insiste: no se está pidiendo rebajar impuestos, se está pidiendo un apoyo para ese sector que no vive de los programas sociales.

Arturo Herrera, secretario de Hacienda, dice que esta semana habrá créditos. Un millón.

 

Vámonos: Viene lo peor. Ya lo dijo López-Gatell.

 

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