Cuando la verdad se antepone

El viento y la bravura de los toros marcaron una tarde de resistencia y valor en la corrida de José Escolar durante San Isidro.

Cuando la verdad se antepone. Manolo Briones.
Cuando la verdad se antepone. Manolo Briones.

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Hay tardes que escapan a la tiranía de los números y a la facilidad de los titulares. Tardes en las que ni una estadística ni una puerta grande alcanzan a explicar lo sucedido. Tardes en las que la dimensión de lo ocurrido se mide en otra escala, más antigua y más severa: la del hombre frente al peligro.

La corrida de José Escolar, vigésimo segundo festejo de San Isidro, fue una de ellas. No abundaron las concesiones ni las embestidas fáciles. Compareció, en toda su crudeza, el encaste Albaserrada con su repertorio habitual de exigencia, incertidumbre y amenaza. Y frente a él aparecieron tres toreros dispuestos a sostener la dignidad del oficio.

Marco Aurelio escribió que "lo que se interpone en el camino se convierte en el camino".

Quizá ninguna actividad humana explique mejor esa idea que la tauromaquia. Porque hay toros que permiten construir y otros que obligan simplemente a resistir. Y la corrida de Escolar fue de estas últimas. Una tarde en la que el mérito consistió en quedarse, insistir y cruzar la frontera del miedo sin buscar excusas.

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Cuando la verdad se antepone . Manolo Briones.

También dejó escrito el emperador filósofo que el hombre debe hacer aquello que considera justo sin dejarse gobernar por el temor. El torero, cuando se entrega de verdad, parece asumir precisamente ese mandato: afrontar el peligro sin medida ni cálculos, aceptando que la autenticidad tiene un precio.

Pepe Moral abrió plaza con "Capitán", un toro soso y deslucido que, además, encontró como aliado al persistente viento que castigó buena parte de la función. El sevillano brindó a la afición y mantuvo siempre una actitud irreprochable. }

No fue una labor brillante porque el animal nunca ofreció los mimbres necesarios, pero sí dejó constancia de una disposición constante y de una voluntad intacta.

Lo mejor llegó al natural en los compases finales de una faena larga y esforzada, coronada tras escuchar un aviso. Con el cuarto, "Cabestrero", tampoco encontró recompensa. El toro reponía, vigilaba y nunca terminó de entregarse. Poco pudo hacer ante semejante panorama.

La primera gran página de la tarde la firmó Damián Castaño. Le correspondió en suerte "Chulito I", un toro orientado, de los que aprenden demasiado pronto y no permiten un descuido. Desde el comienzo quedó claro que aquello no iba a ser una cuestión estética, sino una prueba de valor.

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Damián Castaño. Manolo Briones.

Castaño aguantó donde otros habrían abreviado. Buscó la embestida por el izquierdo, trató de someterla con firmeza y, cuando regresó al pitón derecho, lo hizo sabiendo perfectamente el terreno que pisaba.

Allí aparecieron los muletazos de verdad, los que nacen de la convicción más que de la inspiración. La plaza entendió el esfuerzo y respondió con una ovación sincera.

Gómez del Pilar había dejado ya muestras de oficio con el tercero, "Cobrador", un toro áspero y poco colaborador. El madrileño porfió sin perder la compostura, intentando ligar una embestida que nunca acabó de romper hacia adelante.

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Gomez del Pilar. Manolo Briones.

Hubo mando, disposición y una actitud encomiable ante un ejemplar que no humilló ni facilitó el lucimiento. La espada volvió a dejar la obra sin recompensa.

Pero el destino le guardaba una segunda oportunidad en el sexto, "Buenacara", seguramente el toro con más opciones del envío de Escolar. Tampoco fue una bicoca. El viento continuó condicionando la faena y el animal, aunque encastado y con transmisión, terminó orientándose conforme avanzó la lidia. Gómez del Pilar entendió pronto que la única salida era imponerse.

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Cuando la verdad se antepone .Manolo Briones.

Lo hizo primero por el izquierdo, donde encontró mayor franqueza, y después por el derecho, corriendo la mano con firmeza y autoridad. Hubo una lucha constante, sin concesiones, pero también una sensación creciente de dominio.

El torero terminó sometiendo a un toro que pedía las credenciales a cada paso. Fue una actuación importante, de oficio y entrega, la de quien nunca se dejó ganar la partida.

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