Testimonios difundidos por Luz Valdez y la respuesta de Someone Somewhere abrieron un debate sobre transparencia, pagos y responsabilidad en proyectos con comunidades artesanales.

Colaboración de Adidas con Someone Somewhere por artesanas Mexicanas.
Testimonios difundidos por Luz Valdez y la respuesta de Someone Somewhere abrieron un debate sobre transparencia, pagos y responsabilidad en proyectos con comunidades artesanales.

Por: Jessica López
La polémica en torno a la colaboración entre Adidas y la empresa mexicana Someone Somewhere con artesanas de Naupan, Puebla, escaló en redes sociales luego de que la promotora cultural y activista mexicana Luz Valdez difundiera testimonios sobre presuntas condiciones laborales injustas durante la elaboración de prendas de la Selección Mexicana rumbo al Mundial de 2026.
El caso comenzó a viralizarse después de que Valdez publicara una serie de videos en sus redes sociales donde expuso denuncias realizadas de manera anónima por personas que acudieron a las convocatorias de trabajo impulsadas por Someone Somewhere, pero decidieron no integrarse al proyecto tras conocer las condiciones ofrecidas.
Varias de las artesanas que sí participaron no pueden hablar públicamente debido a acuerdos de confidencialidad firmados con la empresa.
De acuerdo con los testimonios difundidos, las artesanas habrían recibido pagos de alrededor de 180 pesos por jornadas mínimas de cinco horas, equivalentes a cerca de 36 pesos por hora, para bordar jerseys y otras prendas que posteriormente fueron comercializadas por miles de pesos.
Luz Valdez también señaló que las participantes fueron capacitadas para realizar nuevas puntadas y tipos de bordado distintos a los tradicionales de la comunidad, con el objetivo de adaptarse a las necesidades de producción del proyecto. Además, en caso de cometer errores durante el proceso, las propias artesanas debían absorber el costo del material o de las piezas afectadas.
Cuestionó el uso de la Casa de Cultura de Naupan como centro de producción temporal, esta decisión habría permitido centralizar el trabajo sin necesidad de rentar otro espacio para operar el taller.
La controversia adquirió mayor dimensión debido a que la colección fue presentada internacionalmente como una colaboración artesanal que buscaba visibilizar el trabajo textil indígena mexicano. Incluso, algunas de las prendas fueron enviadas al archivo histórico de Adidas en Alemania como parte del proyecto rumbo al Mundial 2026.
Tras la difusión de los videos y el aumento de críticas en redes sociales, la empresa Someone Somewhere decidió enviarle un correo a Luz Valdez para aclarar la información difundida. Sin embargo, el mensaje no desmintió directamente varios de los señalamientos que detonaron la controversia.
En su respuesta, la empresa explicó que el esquema de pago no se realizaba directamente a cada artesana, sino mediante un contrato de proveeduría con la organización de Mujeres Unidas Chakalxochitl, la cual se encargaba de administrar los recursos, cubrir gastos operativos y decidir posteriormente cómo distribuir utilidades entre las participantes.
Aunque Someone Somewhere aseguró que existieron pagos "siempre superiores al salario mínimo" durante procesos de capacitación y aprendizaje de nuevas técnicas, evitó transparentar montos específicos de pago por pieza o por hora.
También se reconocieron algunos elementos previamente denunciados por Luz Valdez y personas cercanas al proyecto; entre ellos confirmó que sí existieron acuerdos de confidencialidad firmados por las participantes y restricciones para tomar fotografías o compartir información relacionada con los diseños antes del lanzamiento de la colaboración con Adidas.
Asimismo, la empresa confirmó que parte de la producción fue centralizada en la Casa de Cultura de Naupan, espacio que fue propuesto por la propia organización de artesanas debido a su ubicación y facilidad operativa.
La compañía sostuvo que las restricciones de acceso y difusión se debieron a temas de confidencialidad relacionados con el proyecto.
Otro de los puntos que generó debate fue el reconocimiento de que, para la elaboración de las prendas se incorporaron "nuevas puntadas, materiales y técnicas" desarrolladas junto con las artesanas.
Aunque Someone Somewhere aseguró que esto buscaba abrir nuevas posibilidades económicas y creativas para la comunidad, críticos del proyecto consideran que dichas modificaciones acercaron el proceso a una lógica de producción tipo maquila más que a la preservación de técnicas tradicionales.
En su respuesta enviada a Luz Valdez, Someone Somewhere insistió en que la administración de recursos, distribución de pagos y toma de decisiones internas correspondían a la organización Mujeres Unidas Chakalxochitl, debido a que el acuerdo comercial se realizó directamente con dicho colectivo y no de manera individual con cada artesana.
Esta postura ha colocado parte de la discusión pública en torno al papel y nivel de responsabilidad que corresponde tanto a la empresa intermediaria como a la organización comunitaria dentro del desarrollo del proyecto.