¡Regresa!

Mónica Serrano vuelve a los ruedos

De niña ‘jugaba’ a ser rejoneadora, a caballo y con vacas reales; lo hacía a escondidas de su padre

Luego de poco más de dos años lejos de los ruedos, la rejoneadora Mónica Serrano prepara su regreso una vez que lo permita la crisis sanitaria que atraviesa el país. Por lo pronto, entrena muy fuerte y no deja de montar ni de torear en su ganadería.

La preparación física a la que se somete es intensa. Incluso practica boxeo.

Llama la atención que pudiendo enfocarse a otras actividades menos riesgosas, incluso en el mundo del modelaje, la elegante amazona atesora la vocación de torera. Desde pequeña vio a su padre torear a caballo y decidió abrazar la misma profesión. Debutó de manera profesional a los 18 años de edad. ‘Crecí entre caballos y toros’, subraya.

 

DURAS PRUEBAS

El destino le ha puesto duras pruebas con las que confirma que, aunque es administradora de empresas, su vocación es la de torera. Recuerda que uno de los momentos más duros que ha enfrentado en su vida personal y profesional fue cuando su padre, el rejoneador en retiro Ramón Serrano, sufrió un accidente automovilístico. Corría el año 2015: ‘Cuando se accidentó mi papá fue muy difícil. Tenía una corrida en Tlaquepaque con el maestro Pablo Hermoso de Mendoza y mi papá, muy grave en el hospital. Yo no quería ir a la plaza porque sabía la situación. Fue un momento en que me dije “ya no quiero nada, sólo estar con él”. Pero ahí en la habitación del hospital me dijo mi padre “tienes una responsabilidad”. Y me fui a torear’.

 

ESPECIAL AFECTO

Del otro lado de la moneda, la hija del ‘Rey del Quiebro’, recuerda con especial afecto: ‘Uno de los tantos recuerdos bonitos que tengo es mi regreso a los toros en Moroleón y cuando toree en España. Tengo recuerdos maravillosos. Por ejemplo torear en Colombia y ver a mi papá en el callejón, y verlo sentirse orgulloso. Sentirme plena como mujer’.

‘Aunque se dice que el toreo es una actividad para hombres, muchas mujeres hemos demostrado que no es así’, agrega.

 

EL MIEDO

Respecto a si le da miedo torear, señala con firmeza: ‘Sería irresponsable decir que no. Cuando estás arriba del caballo esperando que salga el toro sí da miedo, pero es un miedo que al momento de colocar el primer rejón de castigo se convierte en adrenalina. Se transforma porque no es un miedo que te paralice, sino que te impulsa’.

‘Yo sé que me juego la vida y he tenido graves percances como el de Pachuca. Fue una convalecencia dolorosa, tres meses muy complicados. Pero jamás me quitó el gusto por torear. Volví en Moroleón al lado del maestro Enrique Ponce. Me fue muy bien, la afición se me entregó muy lindo’.

 

REAPARICIÓN

Asegura que junto con su equipo de trabajo tenía un plan para reaparecer este mismo año, sin embargo se atravesó la pandemia, lo que la obliga a esperar a que la contingencia sanitaria lo permita.

‘Teníamos preparado torear en plazas importantes del interior de la república. Y hacer también actuaciones en pueblos que tienen cosos extraordinarios, donde hay mucha afición. Son planes que están ahora retrasados. Este año no sé si lo permita la crisis. Veo muy difícil la situación taurina este año en México. Ojalá pase pronto para darle a la afición lo que le gusta: Fiesta brava y toreo de calidad’.

‘A mí me gusta mucho la pasión de la afición, la energía. El ponerme delante de un toro con mi cabalgadura me llena. Esa emoción es única’, acota.

‘El ser torera es un cúmulo de muchas cosas y no sólo demostrarme que lo puedo hacer. Porque las mujeres podemos realizar cualquier cosa y triunfar. Me gusta prepararme para dar lo mejor de mí, lo que sé hacer. Me gusta emocionar a la gente con un quiebro, voltear a los tendidos y ver a la afición. Darle a la afición lo que sé hacer’.

Antes de dar por concluida la entrevista, asegura que con su regreso a los ruedos habrá sorpresas. ¿Será acaso que piensa tomar la alternativa?

 

JUGABA A TOREAR

La guapa caballista Mónica Serrano comparte un secreto celosamente guardado, pero que da cuenta de su gran pasión y vocación taurina: ‘Muchas veces me iba con mis amigas de la secundaria a la ganadería para jugar a ser rejoneadora. Me iba a escondidas de mi papá mientras él estaba trabajando. Jugaba pero de verdad, es decir montaba a caballo y echaba vacas, todavía no conocía la técnica de torear a caballo, pero así lo hacía, eran mis juegos’.