Reprimen talibanes su primera revuelta civil

Se enfrentan a manifestantes que pedían mantener la bandera nacional

KABUL.- Los talibanes reprimieron este miércoles su primera revuelta civil desde que el domingo proclamaran su victoria en Afganistán, al enfrentarse a cientos de manifestantes que pedían mantener la bandera nacional y no sustituirla por la insurgente.

La protesta por la bandera tuvo lugar en Jalalabad, capital de la provincia oriental de Nangarhar, cuando “los manifestantes quisieron colgar la bandera tricolor nacional, en vísperas (del aniversario) de la independencia de Afganistán del Imperio Británico”, explicó a Efe un testigo, que pidió el anonimato.

Los talibanes reaccionaron “disparando al aire” y golpeando a algunos de los presentes, entre ellos a periodistas, mientras pedían que la substituyesen por la bandera blanca inscrita con la declaración de fe islámica, que representa su Emirato Islámico.

Pero tras la mediación de líderes tribales, los insurgentes aceptaron finalmente que se colgara la bandera “hasta que se establezca el nuevo Gobierno” talibán, resolviéndose así un conflicto que dejó al menos dos muertos y varios heridos, según recoge la prensa local afgana.

Tras la caída de Kabul el pasado domingo en manos de los talibanes, como parte de una rápida ofensiva que en poco más de una semana logró hacerse con el control de casi todo el país, muchos afganos se sorprendieron de que en un principio los insurgentes mantuvieran la bandera tricolor afgana ondeando.

Sin embargo, parece que no ha sido más que un espejismo, y poco a poco avanza la bandera blanca talibán en Afganistán, como se pudo ver ayer en la primera rueda de prensa en público en dos décadas de guerra del principal portavoz insurgente, Zabihulla Mujahid.

 

Impiden salida de afganos  

A los que les cuesta mucho más tomar un vuelo de evacuación es a los miles de afganos que se concentran en las inmediaciones del aeropuerto de Kabul, víctimas del caos y la falta de organización, que hacen casi imposible entrar en el recinto, incluido para aquellos que han sido convocados por las embajadas.

“Estoy pasando aquí los días y las noches más difíciles de mi vida”, reconoce a Efe entre lágrimas Bashir, de 41 años, y padre de seis hijos. Cada vez que intentan acercarse a la puerta, dice, los guardias de seguridad les empujan de vuelta.

Miles de personas, entre ellas niños y ancianos, llegados de Kabul y de otras provincias afganas, pasan los días y las noches frente a las puertas cerradas del aeropuerto, para que solo unos pocos, tras largas horas bajo el sol con empujones, caídas y un volver a levantarse, logren entrar.

Y es que cada pocos minutos, una estampida hace que decenas de personas, debilitadas por el calor y las largas horas de espera, caigan inconscientes empujadas por la multitud, mientras los niños gritan y lloran y sus familiares tratan de evitar que los pisoteen.

 (EFE)