Saturación vial y carriles no confinados ponen en riesgo la operación de la ruta eléctrica Reforma–Aeropuerto, advierte Daniel Quezada

Clara Brugada informó que la Ruta Quetzalcóatl de la Línea 4 del Metrobús avanza hacia un servicio totalmente eléctrico con 19 nuevas unidades



Foto: Cuartoscuro.com

La principal problemática en la operación del corredor de transporte eléctrico que conecta avenida Paseo de la Reforma con el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México es la saturación del espacio vial, la ausencia de carriles confinados y la convivencia simultánea de múltiples formas de movilidad, lo que genera retrasos en el servicio y eleva el riesgo de percances, afirmó este lunes Daniel Quezada, gerente general de Conexión Centro Aeropuerto, empresa filial de Grupo CISA.

El directivo explicó que la ruta se desarrolla en uno de los entornos urbanos más complejos de la capital, particularmente en el Centro Histórico, donde de manera permanente coinciden transporte concesionado, vehículos particulares, triciclos de carga, personas que trasladan mercancías con diablos de dos ruedas, comercio ambulante y un alto flujo peatonal.

Señaló que, además, los operadores deben conducir unidades de hasta 15 metros de longitud en vialidades con tránsito mixto y alta actividad comercial, como avenida Hidalgo, Eje Central, Belisario Domínguez y República de Venezuela, lo que complica las maniobras, limita la velocidad de circulación y obliga a extremar precauciones durante todo el recorrido.

Tres días después del banderazo de salida de las nuevas unidades eléctricas realizado el viernes 30 de enero, encabezado por la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, Daniel Quezada indicó que, aunque en algunos tramos existe carril preferente, éste no es confinado, por lo que no se cuenta con una prioridad real de paso frente al resto de los usuarios de la vía. En temporadas de mayor afluencia comercial, agregó, el avance de las unidades se reduce de manera considerable, al grado de que parte del trayecto debe realizarse a muy baja velocidad.

Ante estas condiciones de operación, la incorporación de conductores al servicio puede requerir hasta 30 días de capacitación, debido a la complejidad del corredor y a la diversidad de unidades que integran la flota.

El proceso de formación contempla una primera semana de capacitación teórica; una segunda semana de actividades teóricas y prácticas en patio de resguardo; tres días de entrenamiento en simulador con escenarios reales del corredor y, posteriormente, dos semanas de prácticas en ruta.

Los operadores deben estar habilitados para conducir distintos modelos de autobuses que prestan servicio en el corredor, entre ellos unidades de 12 y 15 metros de longitud, autobuses eléctricos de 15 metros y nuevas unidades eléctricas de 8.5 metros que realizan el servicio entre Paseo de la Reforma y el aeropuerto.

Sobre estas últimas unidades, de menor tamaño, Quezada explicó que su conducción resulta más sencilla en comparación con los autobuses de motor convencional, al contar con menos componentes y permitir una operación más ágil en vialidades con alta saturación.

Actualmente, el corredor opera con una flota de 19 unidades eléctricas con nueva imagen que prestan servicio en la Ruta Quetzalcóatl; de ese total, 16 son operadas por Conexión Centro Aeropuerto, empresa filial de Grupo CISA.

En el mismo acto del viernes 30 de enero, el director general de Grupo CISA, Jesús Padilla Centeno, señaló que la incorporación de unidades de menor dimensión permitirá ampliar las alternativas de operación del sistema y acelerar la sustitución y modernización del parque vehicular de la Ciudad de México, al ofrecer una mayor flexibilidad para distintos corredores y no únicamente para el servicio al aeropuerto.

Indicó que este corredor fue uno de los primeros en incorporar vehículos híbridos y autobuses de 15 metros, y que ahora, con unidades de menor tamaño, se abre una oportunidad para mejorar la experiencia de viaje de las personas usuarias.

Recordó que la Línea 4 del Metrobús fue la primera en operar con unidades de plataforma baja, lo que permite avanzar con mayor rapidez en el proceso de modernización de las flotas. Añadió que los concesionarios mantienen su compromiso de acompañar al gobierno de la ciudad en la transformación del transporte.

Por su parte, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, destacó que la Ruta Quetzalcóatl forma parte de la estrategia para que la Línea 4 del Metrobús sea cien por ciento eléctrica y subrayó que las 19 nuevas unidades que entraron en operación responden a la política de electromovilidad que impulsa su administración.

Señaló que se trata de un servicio moderno, eficiente, eléctrico y sustentable, con una función turística relevante, al conectar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con el Centro Histórico y Paseo de la Reforma, y afirmó que esta ruta contribuye a mejorar los flujos turísticos, laborales y comerciales de la ciudad.

Brugada Molina informó que la Línea 4 cuenta ya con 74 autobuses eléctricos y que la incorporación de estas unidades forma parte de una inversión de 112 millones de pesos realizada por los concesionarios. Añadió que las nuevas unidades garantizan cero emisiones contaminantes, reducen costos operativos y cuentan con una vida útil estimada de 15 años.

Indicó que el servicio permite una conexión logística eficiente entre zonas estratégicas como Buenavista, el Centro Histórico, Paseo de la Reforma, la terminal TAPO, el paradero Pantitlán y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y que estas acciones forman parte de los trabajos de infraestructura y movilidad rumbo a la Copa Mundial de Futbol de 2026.

Este lunes, Daniel Quezada subrayó que el principal reto del corredor no se encuentra en la tecnología de las unidades eléctricas, sino en las condiciones del entorno urbano en el que se presta el servicio, caracterizado por una alta densidad de usuarios, actividad comercial permanente y múltiples formas de movilidad que confluyen a lo largo del trayecto.

Precisó que esta combinación de saturación vial, interferencias constantes y falta de infraestructura exclusiva para el transporte público incrementa los tiempos de recorrido, afecta la regularidad del servicio y representa un factor de riesgo permanente para la operación diaria de la ruta que enlaza Paseo de la Reforma con el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.