Seade, la gran apuesta de México por la OMC

México ha apostado por Jesús Seade, un experimentado negociador comercial y multicultural con un envidiable currículum internacional, para dirigir la Organización Mundial del Comercio (OMC) en plena tensión global por el impacto de la pandemia y la fuerte recesión económica.

Seade aspira a ser el nuevo director general de la OMC para revivir un organismo atascado por la ausencia de negociaciones con resultados concretos en temas comerciales clave y por los conflictos entre Estados Unidos y China.

“La situación actual de la OMC es de crisis total justo cuando es más necesaria que nunca. Por eso se necesita alguien de experiencia, con una fuerte personalidad en negociaciones y capacidades conocidas en la resolución de conflictos y desacuerdos comerciales”, explica este martes Seade en una entrevista con Efe.

Actual subsecretario para América del Norte del Gobierno mexicano y con la responsabilidad de haber negociado con éxito el nuevo tratado comercial (T-MEC) con Estados Unidos y Canadá, Seade acumula una exitosa carrera en el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y como director general adjunto de la OMC, además de una sólida experiencia académica y como experto económico en Hong Kong y en China que le aporta un gran conocimiento de este país.

La designación del nuevo director general de la OMC en sustitución del brasileño Roberto Azevedo se espera que se produzca en los próximos dos meses.

Pregunta: ¿Qué aporta Jesús Seade a la Dirección General de la OMC en un momento tan crítico?

Respuesta: Son tiempos de una pérdida de la brújula de la OMC con un entramado muy complicado por las dificultades entre EE.UU. y China que afecta a todos los miembros. Las tensiones son enormes. Hay una gran fricción y un colapso en el sistema de decisiones. Se ha perdido mucha credibilidad en el sistema.

La actual encrucijada requiere un liderazgo basado en el conocimiento de los temas, de las políticas comerciales, de donde vienen las principales obligaciones que se han creado y que estén causando problema por distintas razones y cómo pueden corregirse.

El conocimiento de la temática es esencial y el liderazgo incluye ser un buen comunicador intercultural y facilitador de consensos y de resolución de conflictos para llevarlo todo a la mesa de negociación.

 

MÁXIMA COMPLEJIDAD

P: ¿Es la actual situación mucho más compleja que las negociaciones que permitieron la fundación de la OMC en 1995?

R: Aquellas negociaciones para sustituir al GATT por la OMC fueron muy difíciles y de enorme tensión porque hubo momentos en los que todo se venía abajo.

México jugó un papel muy importante con frecuencia en colaboración estrecha con Europa, por ejemplo presentando juntos la propuesta misma de crear la OMC (y no meramente reforzar el GATT como se tenía pensando hasta ese momento).

Negocié la creación de la OMC como uno de los embajadores en Ginebra. El consenso de los colegas negociadores me llevó después al puesto de director general adjunto.

En cuanto a los temas, aquello fue muy complejo, pero la crisis actual es quizás mayor porque se ha perdido la confianza. Y es una crisis doble: la que trae la OMC durante los últimos 10 a 20 años, sin avances y con un sistema de solución de controversias muy perjudicado, además del enredo por las medidas para combatir la COVID-19.

P: ¿Cómo se resolvió entonces el estancamiento de aquellas negociaciones?

R: Con el compromiso, la complicidad en el propósito y la voluntad de los negociadores de los países para llegar a un acuerdo. Es algo que se debe aplicar de nuevo ahora con una capacidad de interlocución y de conocimiento a fondo de los temas para facilitar los acuerdos.

P: ¿Fueron aquellas negociaciones el mayor éxito de su carrera?

R: He estado en muchas negociaciones difíciles como durante los últimos dos años para sacar adelante el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, T-MEC, que entra en vigor el 1 de julio.

Ha sido una negociación de gran complejidad, que me llevó a trabajar al más alto nivel con las fuerzas políticas de los tres países, una situación bastante inusual.

Y como alto funcionario en el FMI o en el Banco Mundial he manejado crisis financieras importantes en Turquía y muchos otros países. También negocié el entonces mayor crédito de la historia del FMI, de 29.000 millones de dólares a Brasil, y una cancelación masiva de deuda externa de 15 países pobres altamente endeudados, además de participar en acuerdos con países africanos, asiáticos, latinoamericanos y tener unas excelentes relaciones con los países de la Unión Europea.

P: Usted es el candidato de México cuando ciertas decisiones de este Gobierno no incentivan las inversiones y aumentan la inseguridad jurídica para, por ejemplo, las energías renovables. ¿No es un contrasentido que sea un mexicano el que aspire a dirigir la OMC?

R: No es un factor. El nuevo director general de la OMC no debe ser elegido por su nacionalidad. El presidente Andrés Manuel López Obrador está a favor de la apertura comercial y la apoya convencido. México está a favor y yo ciertamente estoy a favor de un marco legal abierto y no discriminatorio.

La política energética queda fuera de mi influencia. En este contexto lo que cuenta es mi experiencia, el carácter y el conocimiento de los temas comerciales en conflicto y la capacidad para encontrar soluciones y facilitar consensos.

P: ¿Cuenta con el apoyo de Estados Unidos y China?

R: No puedo hablar por ellos. Los dos países son gigantes y hay que respetar sus procesos. Nadie ha comprometido su posición. Yo pensaría que podrían apoyarme porque para ambos soy una persona conocida y respetada.

Si bien me veo como un buen interlocutor ante los dos grandes actores en la búsqueda de soluciones, también lo soy con Europa, donde he vivido más años que en mi país, y con otras regiones como África, Latinoamérica y Oriente Medio. A lo largo de mi carrera he construido sólidos interlocutores, experiencia y lazos de amistad en todo el mundo.

 

TENDENCIA A LA DESGLOBALIZACIÓN

P: ¿Se corre el riesgo en estos momentos de la desaparición de los pilares del comercio global y de la OMC?

R: Estoy convencido que con un diálogo constructivo ni China ni Estados Unidos, ni por supuesto Europa u otros miembros, querrán que la OMC se desmorone, a pesar de la retórica que se escucha.

La OMC es importante para todos los países y con buena voluntad se puede recuperar la confianza.

P: Pero la pandemia ha mostrado que hay una clara tendencia hacia la desglobalización.

R: Ahora son necesarias una serie de correcciones a la globalización, hay que mejorar la casa porque se han generado muchos rechazos.

Hubo una época de gran fascinación con las bondades del mercado. Personalmente creo en el mercado y en una economía abierta, pero el mercado y la economía han evolucionando muy rápidamente con las nuevas tecnologías y ha faltado una mayor acción complementaria para responder al exceso de dependencia.

P: ¿Cómo resolver desde la OMC la dependencia con China, por ejemplo, en el suministro de material sanitario?

R: Es necesario aumentar el énfasis en que cada país pueda producir la base de medicinas o alimentos que considere esencial y asegurar su acceso a todo habitante de este mundo, ya que muchos han sido incapaces de importar medicamentos o insumos esenciales.

La OMC debe ayudar a los países a desarrollar las seguridades necesarias, aunque al mismo tiempo hay que ser conscientes de que no se puede ser totalmente autosuficientes.

Lo más importante en esto es que hay que establecer mecanismos y respuestas colectivas a las emergencias que surjan en el futuro.

Por eso hoy más que nunca es necesaria la OMC para contrarrestar las necesidades de autosuficiencia con las reglas y beneficios de una economía global. Un mejor sistema dentro del cual trabajar. Es lo que quiero generar.

P: ¿Cuáles serían las medidas prioritarias que aplicaría como director general de la OMC?

R: Es preciso establecer un diálogo muy estrecho con cada una de las partes. Lo que se ha perdido es la confianza. Eso es lo primero.

Recuperar el alma multilateral del organismo con reglas que reflejen las necesidades y traigan beneficios a todos en los temas del siglo XXI, pero también tradicionales y sin duda reparando en lo que sea necesario el sistema de solución de controversias.

P: El actual director general, el brasileño Roberto Azevedo, deja su cargo un año antes para facilitar la preparación de la reunión ministerial de 2021 que se considera vital para fijar las prioridades de la OMC. ¿Supone un contratiempo el hecho de que lo quiera sustituir otro latinoamericano?

R: Hay gente que utiliza ese argumento, pero ya ha habido tres europeos al frente de la OMC y en el GATT todos fueron europeos. No existe nada escrito sobre la alternancia.

Estamos ante una situación inédita de crisis y necesitamos atención inmediata a los problemas urgentes para llegar a la posible reunión ministerial de la OMC en 2021 con avances sólidos y una visión compartida del camino adelante.

Mi experiencia me avala y no parece que sea el momento de pensar en cuotas ni de origen ni de género. Ante la magnitud de la crisis se necesita experiencia en el terreno en negociaciones y resolución de conflictos y una fuerte personalidad para sacarlas adelante. Esa es la clave y esa es mi propuesta. EFE