Me saldré del guion. No acostumbro escribir sobre personas en particular ni hechos privados, pero, por la originalidad del caso, en un contexto de un México roto, lo vale.
En esta semana se hizo viral el caso del despacho Díaz Lara Contabilidad SC, bajo el mando de su titular Diego Díaz, quien al parecer lleva algunos meses buscando talento con requisitos poco ortodoxos y muy originales.
Resulta que, para concursar por una posición, los “reclutas” deben demostrar su destreza en la evolución de un ejercicio llamado burpee, que consiste en combinar una sentadilla, plancha, lagartija y salto; así 50 veces.
Lo interesante es que debe ser diario, a las 6:30 hrs y mandar constancia de su cumplimiento en un video al área de recursos humanos.
¿Quieres entrar al despacho? Debes tener esa y otras habilidades. ¿Quieres permanecer en él? Debes mantener y comprobar esa y otras aptitudes.
El tema se hizo viral cuando una joven revisó la convocatoria, hizo un video y lo subió a TikTok. Iniciaron las opiniones y posturas de personas y expertos en derecho y relaciones laborales.
Se ha dicho que la exigencia de estas prácticas representa una cultura laboral coercitiva, humillante para colaboradores; hostigamiento, trato indigno y violencia laboral.
Casi en forma inmediata, Diego Díaz salió a la luz pública en un programa de radio; sus argumentos, además de llamar la atención por originales, nos llevan a hacer una seria reflexión.
Partamos de que México presenta un grave deterioro del tejido social; que las personas han ido perdiendo esa cultura de legalidad necesaria para crear un capital social positivo y productivo; que la trampa se ha hecho habitual en lo público y privado.
En un contexto de crisis de desarrollo humano, donde el talento parece ir acompañado de pocas virtudes personales, ¿a qué grado de desesperación puede llegar un joven empresario para buscar a los mejores?
De entrada, que un ejecutivo, titular y dueño de un despacho profundice en el desarrollo humano, por cierto, muy a su estilo, no es cosa menor.
Diego Díaz argumentó que su despacho, además de buscar a los mejores, se preocupa y ocupa porque cada uno de los integrantes de su equipo fije su ruta profesional; dice tener un equipo que vigila el desarrollo integral de sus colaboradores en temas de salud física y mental, en un ambiente laboral agradable y con los tiempos suficientes para seguir su crecimiento personal, profesional y familiar.
Diego exige que la gente en el despacho salga de sus actividades a las 17:00 horas para invertir en su propio proyecto de vida.
Pero, le preguntan, ¿qué tienen que ver los burpees en todo esto? Exigencia personal, retarse uno mismo a una rutina física, disciplina que irremediablemente generará una serie de hábitos positivos que impactarán en sus personas y, por supuesto, en la productividad laboral con un retorno de inversión que se verá —y ya lo constata, dice él mismo— en la salud física y emocional de sus colaboradores; en el espíritu de cuerpo y hasta en sus ingresos.
Imaginemos un México con muchos Diegos, líderes exigentes, buscadores de la excelencia personal, habituales a la cultura del esfuerzo y al acceso de las posiciones por el mérito, no por cuotas o, peor aún, con 10% de eficiencia y 90% de lealtad o, de otra forma, 90% de mediocridad e ignorancia.
No son los burpees, es la visión de un Diego Díaz que busca lo mejor en su estructura de trabajo, un equipo lleno de talento y apasionado por la vida.
Busca tu propio modelo, si no es con activación física, puede ser con profesionalización, arte, cultura o, simplemente, retándote para ser cada día un mejor mexicano.




