Sin ciencia no hay país desarrollado

Se ha dicho en numerosos foros, congresos, inclusive yo lo he repetido hasta el cansancio a lo largo de mis columnas periodísticas y programas de radio, y ahora lo repito una vez más: si queremos un país más próspero,necesitamos apostarle al desarrollo de la tecnología y la ciencia en México. De no hacerlo, estaremos condenados, sin lugar a dudas, a ser un país atrasado, dependiente, estancado y desigual, tal y como ahora lo somos.

Quizá de lo que más se adolece sea de la falta de un proyecto de nación que se pregunte para qué invertir, en qué y cuánto.  Con esta falta de visión, de miras, los recursos son despilfarrados en vez de invertidos. Los verdaderos proyectos de un país son aquellos que determinan su orientación. Una nación orientada hacia el conocimiento, la tecnología y la ciencia, siempre será una sociedad con más potencial para ser próspera.

No hay una visión estratégica de Estado que incluya un proyecto educativo enfocado a la ciencia.En México sí hay capital humano dispuesto a dedicarse a la ciencia y un interés genuino en la materia. En México hay potencial, lo que falta es esa visión del Estado para elaborar un proyecto educativo que encamine a nuestros estudiantes a desarrollar sus intereses científicos, enmarcado en un sistema integral que lo haga más viable.

La mentalidad es sumamente importante para la ciencia. Durante mi trayectoria, he tenido la oportunidad de conocer a numerosos emprendedores. Si algo admiro en ellos es su mentalidad y tenacidad ante los retos que ofrece la vida. Gracias a su capacidad innovadora, tienen la visión de identificar y capitalizar oportunidades.

Apostar por la ciencia y la tecnología implica innovar, haciendo uso de los conocimientos científicos, para afrontar retos económico-sociales. Por poner un ejemplo, uno de los mayores retos de la CDMX es la falta de agua en muchas colonias, sobre todo en Iztapalapa. Irónicamente, también es una de las zonas que más se suele inundar, causando fuertes e innumerables afectaciones a las viviendas y su entorno.

Alguien con mentalidad de emprendedor, inmediatamente desarrollaría un sistema de captación de lluvia eficiente. El resultado sería maravilloso: las pérdidas económicas por inundaciones serían mucho menores, los mantos acuíferos ya no se sobreexplotarían tanto, y, sobre todo, la gente ahora podría contar con el vital líquido.

Si la población fuera consciente de hasta qué punto su vida podría mejorar mediante la ciencia y tecnología, probablemente un mayor presupuesto en esta materia sería ya una demanda social prioritaria. Quienes divulgamos el quehacer científico y tecnológico fungimos como vínculo entre el investigador y la sociedad, entre el investigador y el sector privado, entre el investigador y el gobierno.

En tal sentido, el Estado debe impulsar un sistema educativo orientado a formar ciudadanos capaces de consumir contenidos científicos, continuarlos y desarrollarlos. También debe impulsar con financiamiento  y acciones inteligentes e institucionales, su continuidad y desarrollo en pro de soluciones a problemas sociales y de prevención en el tiempo.

Por otra parte, el empresariado no puede mantenerse ajeno a las actividades científicas, pues es un agente capaz de impulsar la innovación en beneficio de toda la sociedad. Las universidades deben jugar un rol primordial porque son precisamente los semilleros del conocimiento, por lo tanto invertir en los centros educativos es invertir en el futuro y bienestar de la población.

Ya no, por favor, nos formemos en la cola internacional para ver cuando nos toca la vacuna o medicinas que desarrollan científicos de otros países, para combatir el COVID-19. Aprendamos esta lección, no habrá mucho tiempo, demos un giro y apostemos apoyar a la ciencia, y dejémonos de politiquerías.

Premio Nacional de Periodismo 2008 y 2016. Premio Nacional de Locución 2017. Premio México de Periodismo 2013. ferfuentesmty@hotmail.com