México y Estados Unidos iniciaron la primera ronda de revisión del T-MEC para la semana del 16 de marzo, con un punto crítico el 1 de julio de 2026, cuando los tres socios deberán decidir si extienden el acuerdo por 16 años más o lo dejan sujeto a revisiones anuales. México tiene prioridades claras, aprobadas por la doctora Sheinbaum y propuestas por el secretario Ebrard: continuar con el T-MEC y eliminar aranceles, con el objetivo de evitar incertidumbre, consolidar el T-MEC como ancla de inversión, fomentar exportaciones y fortalecer su posición geopolítica.
México llega a la revisión con preparación interna sólida, respaldo empresarial y presión externa que afecta su entorno macroeconómico. La Secretaría de Economía definió una agenda prioritaria frente a las propuestas de Washington para defender el tratado, reducir vulnerabilidades y evitar una renegociación estructural. Se promueven cadenas regionales, menor dependencia de importaciones y restricciones a la triangulación asiática, especialmente china, posicionando a México como socio estratégico en la reconfiguración industrial regional. Persisten riesgos: alta dependencia del mercado estadounidense (80% de exportaciones), crecimiento moderado, limitaciones en infraestructura y presión sobre el sector energético.
En la agenda de seguridad, la cooperación en inteligencia, combate al fentanilo y control de flujos ilícitos ha fortalecido la posición de México como socio integral en la estabilidad regional, separando los temas de seguridad y economía.
Estados Unidos busca usar el T-MEC como herramienta de política industrial, reforzando reglas de origen, asegurando beneficios regionales y limitando la entrada de productos chinos vía México. A pesar de fricciones con Canadá, presiones proteccionistas y la necesidad de equilibrar competitividad y seguridad económica, la revisión apunta a un ajuste estratégico, no a una ruptura.
Canadá mantiene una postura defensiva para preservar el carácter trilateral del acuerdo, enfrentando desaceleración económica, impactos en empleo y alta sensibilidad a la incertidumbre comercial. Su margen económico limitado restringe su capacidad de negociación, priorizando la estabilidad institucional.
La revisión del T-MEC no representa una ruptura, sino una evolución hacia mayores exigencias, con énfasis en trazabilidad, cumplimiento normativo y contenido regional. Las mipymes deben priorizar profesionalización de cadenas de suministro, reducir dependencia de insumos asiáticos y fortalecer certificación. La oportunidad está en integrarse como proveedores confiables dentro de cadenas regionales, capturando valor en la nueva configuración industrial de Norteamérica. La decisión empresarial debe enfocarse en resiliencia, cumplimiento, logística y transparencia como ventaja competitiva, anticipando un entorno más exigente. Operar bajo estándares elevados de integración y seguridad productiva será clave para competir en la siguiente fase del T-MEC.



