Termina Covid-19 por decreto

Tal como lo hizo desde que comenzó en México la epidemia de Covid-19 en marzo de 2020, Hugo López-Gatell Ramírez terminó ayer oficialmente con ésta, cuando todavía hay muertos y hospitalizaciones diariamente.

Aun antes que la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando en China hay al menos cuatro provincias con nuevas marcas diariamente de contagios y muertes, al subsecretario de Salud y zar anti coronavirus del gobierno de Andrés Manuel López Obrador le corren las prisas por terminar por decreto con él.

Y así, sin más argumento que el suyo, dijo que el uso de cubrebocas ya no es imprescindible ni necesario en el transporte público como el metro

– No vamos a declarar el fin de la obligatoriedad del uso del cubrebocas, porque nunca lo declaramos obligatorio, pero sí podemos decir que en este momento no es imprescindible, aunque puede ser útil en espacios cerrados. Desde luego quien lo tenga tiene menor probabilidad de transmitir, dijo.

¿Y cuándo, señor Gatell, fue imprescindible el cubrebocas?

Jamás lo recomendó.

O sí, pero por contradicción, no por convicción.

Todavía el sábado 23 de abril, el reporte Covid indicaba 57 muertes y 802 casos nuevos.

El epidemiólogo que fracasó en la atención de la Influenza en el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, anuncia el fin del semáforo -¿alguien lo respetó?-, de las medidas de prevención como toma de temperatura y gel antibacterial en los lugares públicos.

O sea, todos a la calle, a dar besos, abrazos y a darse como si el virus ya hubiese desaparecido.

¡ Ah, y en el final -cuando menos para él y para Andrés Manuel, que lo calificó, incluso, como el mejor funcionario del mundo- del virus que mató en México a 700 mil personas en dos años, anuncia que se vacunará a los menores a partir de los 12 años!

Sí, después de que él y su protector dijeron siempre que los niños no necesitaban ser vacunados, porque la mortandad en ese sector era prácticamente cero.

Bueno, no quisieron vacunar ni a los pequeños con comorbilidades, en riesgo de muerte, incluso.

No debe extrañar a nadie el cambio de discurso del ex rockstar de la epidemiología.

Ojalá que no llegue a México la ola desde China, porque se volverá a sufrir.

 

Embajadas, si se portan bien

El muchacho de Claudia Sheinbaum y de Martí Batres pretendió ser gracioso ayer.

César Arnulfo Cravioto Romero, senador por dedazo divino, dijo cínicamente a los gobernadores de los seis estados donde habrá elección en junio, que si se portan bien podrían ser premiados con una embajada.

Así como Quirino Ordaz Coppel, de Sinaloa, o Claudia Pavlovich Arellano, de Sonora, que fueron premiados por López Obrador con una embajada.

El más descarado, sin duda, Ordaz Coppel, que entregó su estado sin oponer resistencia en las elecciones de 2021.

Y no descarte que Omar Fayad, el esposo de Victoria Ruffo y mandatario de Hidalgo, también esté en 2023 en alguna representación diplomática de México, porque ha servido a Morena y a López Obrador como ninguno y habrá elección esteaño.

Cravioto Romero, en tanto, hace lo que le sale mejor: tirarse al piso.

 

Vámonos: ¡Ah, cómo se parecen los casos Paulette y Debanhi!

El padre de la estudiante de Derecho en la UANL, hallada muerta en una cisterna de un motel, dijo ayer que la mataron en otro lugar y la sembraron en ese depósito de agua del Nueva Castilla, en Escobedo, Nuevo León.

A Paulette la sembraron debajo del colchón de su cama.

¿Lo recuerda?

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